jueves, diciembre 06, 2012

DANZA Y EROTISMO, LA COREOGRAFIA OCULTA








“Fue hermoso cómo hicimos el amor
la última moche,
parecíamos dos monos chillones
en su luna de miel
murmurando sonidos extraños
en un vuelo inacabable.
Mis piernas se abrían
como un valle quieto,
caminaste en él
lleno de furia
y fuiste su mejor habitante”
Rosina Valcarcel

Walter Paz Quispe Santos

La danza como experiencia humana es representación e imaginario. Representación de la síntesis de lo vivido. Simbolización y metáfora; ética y estética imbricada de imaginarios posibles y deseables. La danza como formalización de nuestras formas de vida, es una manifestación cultural equiparable al esfuerzo para crear una obra de arte. Descifrar sus tensiones básicas es una meditación sobre el riesgoso y poético ejercicio de la existencia. Encontrar los axiomas que mueven la danza al margen de sus coreografías, es decir, en las eróticas del varón y la mujer en una fiesta definida como cristiana y por lo tanto de veneración, es el abrazo de eros, y una de las mayores motivaciones a la hora de danzar.

El erotismo se presenta bajo el signo de la diferencia. Una diferencia dramática y festiva a la vez, violenta, exagerada y misteriosa. Esta idea surge cuando observamos el gesto de danzar. En el juego del intercambio de roles mediante el cual cada uno penetra en las fantasías eróticas del otro y le cede las suyas. Existe sin duda, una peculiar inclinación erótico-dancística de cada sociedad, y la sociedad puneña de hoy aparte de hacer una invocación a la virgen hace una invocación al amor. El erotismo por la profundidad de las raíces y por su trascendencia cultural (la trascendencia de la pornografía es de orden sociológico), no puede cifrarse en un concepto adjetivo (el atuendo) incorporado a la elemental función del instinto. Hay algo más, que radica en unos valores, asentados en la intervención de la inteligencia que controla y dirige el instinto, regula y ordena el goce resultante del trance erótico.

 El erotismo como lo señala Manuel Valls más que una noción, es una vivencia interior y, para que se presente ha de pasar por el tamiz de la experiencia, enriquecida por la imaginación. Llegar a su profundo conocimiento es una aventura intelectual interesante. Al decir de Eric Fromm, “el amor no es un sentimiento fácil para nadie, sea cual fuere el grado de madurez alcanzado” y la “satisfacción” en el amor individual, no puede lograrse sin la capacidad de amar al prójimo, sin humildad, coraje, fe y disciplina. Para Francisco Alberoni la seducción femenina tiende a producir una emoción erótica indeleble, aun cuando se sabe que sólo se trata de un encuentro, de una aventura; aun cuando se sabe que el hombre es inalcanzable. La seducción femenina pone en movimiento en el hombre la excitación erótica, genera en él el deseo, lo enciende como se enciende una antorcha. Pero su última meta no es el acto sexual. Quiere provocar el enamoramiento del hombre, despertar en él un deseo que se renueve, como una congoja, una nostalgia, para siempre. La seducción es encantamiento, tiene que despertar el deseo y fijarlo en él. El encantamiento, es decir, lo erótico, es lo contrario de lo obsceno. Para hacer desear el sexo con mover bien el cuerpo a la hora de danzar, dejar entrever los senos, basta con acercarse con el hombre en la coreografía, con rozarle con los sentidos. En la interpretación masculina del erotismo lo que cuenta es, en cambio, el esplendor del encuentro sexual.

El encuentro erótico para el hombre, es un tiempo luminoso, sustraído a la vida cotidiana. El encuentro luminoso es como un espacio liberado y liberador, una experiencia regenerante de la que sale enriquecido, reforzado, feliz, realizado. Los hombres en su relación erótica con la mujer en los estados de fiesta experimentan con mayor frecuencia que la mujer es el instante de eternidad. No es un intervalo efímero. Es un estado sumamente especial, ajeno al tiempo. Cuando el instante de eternidad se desvanece, reaparece el tiempo. Pero el valor del instante de eternidad es superior al tiempo. Su recuerdo o mas propiamente “nostalgia”, hace que el tiempo sólo parezca un obstáculo, una caída, una distracción de nuestra naturaleza que es vivir en la eternidad. Cuando uno revisa los aportes de investigadores de la coreografía constata más un hechizo estructural que prioriza por ejemplo el movimiento, los bailarines, el entorno visual, los elementos del sonido tal como lo señala Janet Adehesad. También se estudia prototípicamente, las relaciones entre componentes, las relaciones en un mismo momento, las relaciones a través del tiempo, las relaciones entre el momento y el desarrollo lineal, además de las relaciones primarias, secundarias y subsidiarias. La interpretación obvia por lo tanto, el despliegue erótico entre el hombre y la mujer. Sebastián Serrano en su estudio “instinto de la seducción” llama a este olvido del instinto más creativo, el de la seducción, como la “miopía del marketing”.

Las interpretaciones de la danza de Pauline Hodgens, se preocupan más en conocer el trasfondo sociocultural, el contexto, los géneros y estilos, la temática, además del carácter y las cualidades y el sentido – significado, pero una vez más obvian la fascinación por la creatividad, y por lo tanto por los comportamientos sorprendentes de los danzarines a la hora de danzar. El mismo Serrano nos dice que sentimos una fascinación por los comportamientos sorprendentes, y encontramos una demostración palpable de esta evidencia en el gusto que todos tenemos por el gesto de bailar y danzar, hasta el punto de que su experiencia puede constituir una de las mejores manifestaciones de la existencia del placer como resultado de la coreografía de la danza.

El acto de danzar como sabemos, expresa el desencadenamiento de la experiencia placentera en la capacidad de sorprender. Crean una perspectiva en la mente, y acto seguido, como por arte de magia, disparan en nosotros los mecanismos del deleite, la química del placer, y el erotismo como con frecuencia relacionamos placer con belleza, hablamos de esa belleza reproducida en nuestro pensamiento, agregado de fantasías, emociones, etc. Para comprender con superior precisión cómo participa la danza en el misterioso el misterioso círculo del erotismo, es importante conocer el tractatus ludorum, es decir, la antropología del juego tal como advierte José Gonzales Alcantud, quien a partir de la teoría de la fiesta, llega a sostener la teoría del juego como uno de los elementos explicativos de mayor potencia a la hora de interpretar una danza; y más precisamente las reglas del juego de los humanos: los sexos, para desentrañar los mecanismos que rigen el comportamiento del varón y la mujer.

A propósito J. A. Jáuregui explica a través de este mismo mecanismo las leyes biosociales la relación del varón y la mujer en los procesos de simbolización de la danza y la vida cotidiana. La idea central de Jáuregui es que existe una biocultura o leyes y mecanismos bioculturales que rigen la diferencia y el juego de los sexos. Por ejemplo si tomamos en consideración las leyes bioculturales del vestir, en la fiesta y la danza encontramos la ley de la pollera y el pantalón. El pantalón y la pollera se convierten en dos mecanismos de diferenciación cultural y biocultural del hombre y la mujer (aunque el pantalón se ha feminizado en la vida cotidiana). Los diseñadores pensando en el espectáculo de la fiesta preparan estos trajes con la idea de mostrar las piernas en la mujer y el caso del varón muy apretados para evidenciar el cuerpo. A todo esto le agregamos la ley de las medias y los calcetines que tienen el mismo propósito: en el caso de la mujer mostrar las piernas con seducción y en el varón sin mayores intenciones semióticas. También en los estudios bioculturales se habla de la ley del sostén: los pechos de una mujer aparecen como un importante mecanismo bionatural de diferenciación y erotismo, así como lo es también el cabello. El juego sigue en pie despertando el mismo interés de siempre. Plato favorito de conversación entre varones es precisamente el comparar a las mujeres de su entorno pesando la calidad de su riqueza femenina en la balanza del diseño de los senos. Además, existen otras leyes como la ley del calzoncillo y de la braga, la ley de la combinación, de la faja y de otros artilugios, la ley del sombrero y pañuelo de cabeza, la ley del calzado y los guantes, la ley del perfume, la ley de pintarse, la ley de pendientes y adornos, y objetos dancísticos, la ley de la jerarquía sexil de la lengua, entre otros, nos muestran que hay muchas construcciones socioculturales y biológicas que condicionan la coreografía de nuestras danzas desde la perspectiva del erotismo.

Si entendemos la danza y sobre todo su coreografía como un juego, comprobaremos que existen algunos mecanismos muy interesantes y poco estudiados; por ejemplo el juego entre varones por la más bella. El juego / competencia, al que también se llama juego aristogínico donde los participantes son varones y lo que está en juego es la mujer, y gana el que conquista a una mujer más hermosa, no describen las coreografías comunes. El juego de la poligamia, es decir, el mito de don Juan, el juego entre varones: “la ley del cornudo” y por otro lado el juego entre las mujeres: la guapa y la fea, el juego de la soltera y la casada, de la estéril y la madre, la esposa y la querida, las co-mujeres del polígamo, la virgen y “la de segunda mano”, la de clases y jerarquía materna, la madre y la madrastra, etc. Son dinámicas muy presentes en las festividades pero muy poco estudiados por entendidos. Como podrá comprobar amigo lector hemos descubierto y analizado todo un complejo y maravilloso conjunto de leyes y mecanismos cuya naturaleza y funcionamiento están encaminados a diferenciar y relacionar a través del erotismo al varón y la mujer en una festividad. Además existen otras leyes y mecanismos que mueven y motivan a los danzarines a realizar una serie de actos programados con todo detalle en la computadora cerebral. La ley de la atracción heterosexual o de signos opuestos, la ley del enamoramiento, la ley del amor como energía, la ley del código espacial y temporal del amor, las leyes biosociales de la cópula, la ley de la estructura diacrónica del coito, las ley de las rutas oculares, táctiles, fónicas, y otras tienen una motivación subyacente: el erotismo. Y la danza, es el mejor texto o discurso de significados que el contexto de la festividad de la candelaria o el carnaval de Juliaca nos presenta en febrero. Los nacimientos de niños engendrados en este mes son muchos y nos hace ver que no todo es devoción cristiana. Como nos lo dice bien Octavio Paz, la verdadera religión de nuestro tiempo es el erotismo como construcción cultural, y es el que más convoca y congrega. Las nuevas religiones del siglo XXI son religiones colectivas, y existen más fe y devoción en las piernas y pechos, en la liberación del cuerpo y el consecuente árbol de las pasiones.

En suma, la danza, como estética es una vivencia radicalmente humana que obra como síntesis o culminación que resume la existencia en todas sus dimensiones y una de ellas entre otras muchas, es el erotismo; y es tal vez el mejor testimonio de nuestra historia moral sexual contemporánea.











domingo, octubre 21, 2012

Churata reeditado y reestudiado


Han pasado varios años desde que Gamaliel Churata murió en Lima en 1969. Desde esa época hasta nuestros días su nombre y obras no han hecho más que crecer. Sobre todo “El Pez de Oro”, ha merecido un interés inusitado de muchos críticos literarios e instituciones. La edición original de 1957 de la editorial boliviana ha sido reeditada por dos veces gracias a la paciente labor de José Luis Ayala. Una de las ediciones corresponde a la preocupación de la desaparecida CORPUNO el año 1987 en dos volúmenes. Luego fuimos testigos de la reciente edición crítica con apostillas a pie de página a cargo del mismo José Luis Ayala el año 2011. Esas apostillas han servido de mucho porque se tratan de estudios semánticos de entradas léxicas del aimara, quechua, y otros detalles onomásticos que aclaran su comprensión. Y hoy tenemos la agradable sorpresa de la editorial Cátedra de Madrid, España que acaba de publicar una edición cuidada por Helena Usandizaga. Esta difusión de la obra de Churata guarda relación con el reciente anuncio de la Universidad Nacional del Altiplano que también en breve publicará una edición facsimilar de la mencionada obra gracias a José Luis Velásquez Garambel.

Gamaliel Churata empieza a ser conocido en todo el mundo. Hace poco vimos a Arturo Vilches de la UNAM México, en Puno, con una edición digamos artesanal de un CD con la voz de una conferencia de Gamaliel, la misma que circulaba de mano en mano entre los estudiosos locales de Churata desde hace muchos años atrás. Ahora que se democratiza mejor esta información permite a muchos estudiosos una aproximación mayor. No es menos importante la reciente edición del estudio del profesor sanmarquino Mauro Mamani Macedo que en julio del presente año publicó “Quechumara, proyecto estético-ideológico de Gamaliel Churata” un monumental compendio monográfico muy bien documentado sobre las obras de Gamaliel Churata. Así las recientes publicaciones complementan a la obra publicada por la ANR (2010) de “Resurrección de los muertos”, para muchos la continuación de “El Pez de Oro”. La edición y estudio introductorio está a cargo de Riccardo Badini. Un estudioso italiano dedicado a los estudios literarios andinos.

Este interés por los estudios filológicos y literarios nos causa una emoción grande, Porque se trata de expresiones mayores de nuestra andinidad y andinismo (el indigenismo ya quedó corto para clasificar y ubicar a Churata). Alegra además que este camino haya sido recorrido por estudiosos como Omar Aramayo, Ricardo Gonzales Vigil, Antonio Melis, Aldo Medinaceli, Guissela Gonzales, Manuel Pantigoso, Miguel Ángel Huamán, entre muchos otros. Existe además un proyecto mayor que dirige José Luis Ayala, se trata de la edición de seis volúmenes de los estudios churatianos que seguramente nos regalarán frescura en los estudios andinos.

Gamaliel Churata es una de nuestras figuras más significativas de la literatura actual y un maestro insustituible para las generaciones que le siguieron. Iniciador de una verdadera vanguardia literaria y de propuestas estéticas muy contemporáneas cuyos significados son tan actuales que merecen más aproximaciones a sus finas y lúcidas travesías por la vivencias, las ideas y el espíritu de alguien como él para un país como el nuestro tan aletargado de proyectos y sueños estéticos.












miércoles, setiembre 05, 2012

"El Surrealismo soy Yo"

Qué es el Surrealismo



“El Estado Surreal perfecto se logra en el estado de vigilia previo al dormirse, en donde se mezclan en la mente imágenes conscientes y las inconscientes oníricas del sueño. El Surrealismo es lo que está más allá y más acá de lo real".

El arte contemporáneo puede definirse fundamentalmente como una evasión de la realidad . Para llegar a esto hay dos caminos posibles, buscar nuevas formas y colores prescindiendo del contenido, o bien atribuir a este un papel decisivo como hiciera el expresionismo.

El surrealismo, movimiento artístico del siglo XX pretende expresar por imágenes simbólicas, aspectos del mundo, en particular del psíquico, que sobresalen a las realidades lo que explica su nombre

Como tendencia, es una constante que reaparece a través de los siglos desde el arte primitivo al Manierismo o los Goyescos. Como movimiento concreto, una consecuencia del Dadaísmo que floreció desde 1922 a 1930 y algunas manifestaciones posteriores. El surrealismo nace en Francia en 1924, año que se publicó su Manifiesto Surrealista en el que André Bretón, el Pope del movimiento, lo define como “Automatismo psíquico puro”, ausencia de todo control ejercido por lo razón y de toda preocupación estética y moral El campo es la representación del mundo de los deseos, los instintos, los sueños y en general de la faceta irracional del hombre.

Se extendió el movimiento por toda Europa y llegó también a América, con el chileno Roberto Matta, el cubano Wilfredo Lam y los argentinos Xul Solar y Vito Campanella. Se puede considerar como un precursor pictórico a Hiéronymus Bosch (S. XV-XVI), más conocido como El Bosco. Sus principales exponentes han sido en pintura Max Ernst, Giorgio de Chirico y Salvador Dalí su máxima figura. En literatura Frank Kafka, en cine Luis Buñuel y en fotografía Man Ray.

El hermético grupo y la elite del surrealismo lo conformaban, Tristán Tzara, Paul Eluard, André Bretón, Hans Arp, Yves Tanguy, René Crevel, Paul Delveaux, Victor Brauner, Hans Bellmer, André Massón, René Magritte, Francis Picavia, Joan Miró, Alberto Giácometti y luego aceptado tardiamente Salvador Dalí, quién dijo "El surrealismo soy yo".

Este movimiento fue llamado superrealismo, pero antes de constituirse verdaderamente, en 1917 el poeta Apollinaire le da ya el nombre SURRÉALlSME.

En la pintura, el surrealismo significó la inclusión de todas aquellas manifestaciones en las que se pierde la racionalidad, como fueron la imitación de las manifestaciones de la infancia, eliminando así toda intencionalidad, la entrega al mero azar, mejorando el análisis del subconsciente tan de moda por las teorías de Sigmund Freud, psiquiatra (1856-1939), quien dijo que los surrealistas eran espíritus exaltados y ponderó la maestría técnica de Dalí.

El poeta rumano Tristán Tzara (1896-1963) publicó en 1918 un manifiesto en el que afirmaba el principio de la irracionalidad, la rebeldía y la negación.

El artista quedaba liberado de la dependencia de la inteligencia y se hacía posible la coordinación armónica de la acción y la contradicción. El viejo principio de Leonardo da Vinci que postulaba que “la pintura es cosa mental” quedaba así superado.

Al exaltar lo absurdo y arrinconar el sentido común, nació un arte que podría ser llamado de protesta mental y de códigos que marcó a la pintura del siglo XX como una revolución histórica siendo Dalí el paradigma de este movimiento y del arte contemporáneo.

sábado, julio 14, 2012

La Biblioteca de Alejandría e Hipatia en Cosmos


"...somos la única especie del planeta que ha inventado una memoria comunal que no está almacenada ni en nuestros genes ni en nuestros cerebros. El almacén de esta memoria se llama biblioteca", "...la salud de nuestra civilización, nuestro reconocimiento real de la base que sostiene nuestra cultura y nuestra preocupación por el futuro, se pueden poner a prueba por el apoyo que prestemos a nuestras bibliotecas"

a la Biblioteca de Alejandría en particular,

"...el lugar donde los hombres reunieron por primera vez de modo serio y sistemático el conocimiento del mundo", "...el cerebro y el corazón del mundo antiguo"

y a la figura de Hipatia,

"...un símbolo de cultura y de ciencia", "...cuyo martirio estuvo ligado a la destrucción de la biblioteca"

Las páginas citadas se corresponden con la edición de Planeta de 1982 (ISBN 84-320-3626-9).


Sobre las Bibliotecas

Cuando nuestros genes no pudieron almacenar toda la información necesaria para la supervivencia, inventamos lentamente los cerebros. Pero luego llegó el momento, hace quizás diez mil años, en el que necesitamos saber más de lo que podía contener adecuadamente un cerebro. De este modo aprendimos a acumular enormes cantidades de información fuera de nuestros cuerpos. Según creemos somos la única especie del planeta que ha inventado una memoria comunal que no está almacenada ni en nuestros genes ni en nuestros cerebros. El almacén de esta memoria se llama biblioteca.

Un libro se hace a partir de un árbol. Es un conjunto de partes planas y flexibles (llamadas todavía "hojas") impresas con signos de pigmentación oscura. Basta echarle un vistazo para oír la voz de otra persona que quizás murió hace miles de años. El autor habla a través de los milenios de modo claro y silencioso dentro de nuestra cabeza, directamente a nosotros. La escritura es quizás el mayor de los inventos humanos, un invento que une personas, ciudadanos de épocas distantes, que nunca se conocieron entre sí. Los libros rompen las ataduras del tiempo, y demuestran que el hombre puede hacer cosas mágicas.

Algunos de los primeros autores escribieron sobre barro. La escritura cuneiforme, el antepasado remoto del alfabeto occidental, se inventó en el Oriente próximo hace unos 5.000 años. Su objetivo era registrar datos: la compra de grano, la venta de terrenos, los triunfos del rey, los estatutos de los sacerdotes, las posiciones de las estrellas, las plegarias a los dioses. Durante miles de años, la escritura se grabó con cincel sobre barro y piedra, se rascó sobre cera, corteza o cuero, se pintó sobre bambú o papiro o seda; pero siempre una copia a la vez y, a excepción de las inscripciones en monumentos, siempre para un público muy reducido. Luego, en China, entre los siglos segundo y sexto se inventó el papel, la tinta y la impresión con bloques tallados de madera, lo que permitía hacer muchas copias de una obra y distribuirla. Para que la idea arraigara en una Europa remota y atrasada se necesitaron mil años. Luego, de repente, se imprimieron libros por todo el mundo. Poco antes de la invención del tipo móvil, hacia 1450 no había más de unas cuantas docenas de miles de libros en toda Europa, todos escritos a mano; tantos como en China en el año 100 a. de C., y una décima parte de los existentes en la gran Biblioteca de Alejandría. Cincuenta años después, hacia 1500, había diez millones de libros impresos. La cultura se había hecho accesible a cualquier persona que pudiese leer. La magia estaba por todas partes.

Más recientemente los libros se han impreso en ediciones masivas y económicas, sobre todo los libros en rústica. Por el precio de una cena modesta uno puede meditar sobre la decadencia y la caída del Imperio romano, sobre el origen de las especies, la interpretación de los sueños, la naturaleza de las cosas. Los libros son como semillas. Pueden estar siglos aletargados y luego florecer en el suelo menos prometedor.

Las grandes bibliotecas del mundo contienen millones de volúmenes, el equivalente a unos 1014 bits de información en palabras, y quizás a 1015 en imágenes. Esto equivale a diez mil veces más información que la de nuestros genes, y unas diez veces más que la de nuestro cerebro. Si acabo un libro por semana sólo leeré unos pocos miles de libros en toda mi vida, una décima de un uno por ciento del contenido de las mayores bibliotecas de nuestra época. El truco consiste en saber qué libros hay que leer. La información en los libros no está preprogramada en el nacimiento, sino que cambia constantemente, está enmendada por los acontecimientos, adaptada al mundo. Han pasado ya veintitrés siglos desde la fundación de la Biblioteca alejandrina. Si no hubiese libros, ni documentos escritos, pensemos qué prodigioso intervalo de tiempo serían veintitrés siglos. Con cuatro generaciones por siglo, veintitrés siglos ocupan casi un centenar de generaciones de seres humanos. Si la información se pudiese transmitir únicamente de palabra, de boca en boca, qué poco sabríamos sobre nuestro pasado, qué lento sería nuestro progreso. Todo dependería de los descubrimientos antiguos que hubiesen llegado accidentalmente a nuestros oídos, y de lo exacto que fuese el relato. Podría reverenciarse la información del pasado, pero en sucesivas transmisiones se iría haciendo cada vez más confusa y al final se perdería. Los libros nos permiten viajar a través del tiempo, explotar la sabiduría de nuestros antepasados. La biblioteca nos conecta con las intuiciones y los conocimientos extraídos penosamente de la naturaleza, de las mayores mentes que hubo jamás, con los mejores maestros, escogidos por todo el planeta y por la totalidad de nuestra historia, a fin de que nos instruyan sin cansarse, y de que nos inspiren para que hagamos nuestra propia contribución al conocimiento colectivo de la especie humana. Las bibliotecas públicas dependen de las contribuciones voluntarias. Creo que la salud de nuestra civilización, nuestro reconocimiento real de la base que sostiene nuestra cultura y nuestra preocupación por el futuro, se pueden poner a prueba por el apoyo que prestemos a nuestras bibliotecas. (pp. 279-82)

Sobre la Biblioteca de Alejandría

Fue en Alejandría, durante los seiscientos años que se iniciaron hacia el 300 a. de C., cuando los seres humanos emprendieron, en un sentido básico, la aventura intelectual que nos ha llevado a las orillas del espacio. Pero no queda nada del paisaje y de las sensaciones de aquella gloriosa ciudad de mármol. La opresión y el miedo al saber han arrasado casi todos los recuerdos de la antigua Alejandría. Su población tenía una maravillosa diversidad. Soldados macedonios y más tarde romanos, sacerdotes egipcios, aristócratas griegos, marineros fenicios, mercaderes judíos, visitantes de la India y del África subsahariana —todos ellos, excepto la vasta población de esclavos— vivían juntos en armonía y respeto mutuo durante la mayor parte del período que marca la grandeza de Alejandría.

La ciudad fue fundada por Alejandro Magno y construida por su antigua guardia personal. Alejandro estimuló el respeto por las culturas extrañas y una búsqueda sin prejuicios del conocimiento. Según la tradición —y no nos importa mucho que esto fuera o no cierto— se sumergió debajo del mar Rojo en la primera campana de inmersión del mundo. Animó a sus generales y soldados a que se casaran con mujeres persas e indias. Respetaba los dioses de las demás naciones. Coleccionó formas de vida exóticas, entre ellas un elefante destinado a su maestro Aristóteles. Su ciudad estaba construida a una escala suntuosa, porque tenía que ser el centro mundial del comercio, de la cultura y del saber. Estaba adornada con amplias avenidas de treinta metros de ancho, con una arquitectura y una estatuaria elegante, con la tumba monumental de Alejandro y con un enorme faro, el Faros, una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Pero la maravilla mayor de Alejandría era su biblioteca y su correspondiente museo (en sentido literal, una institución dedicada a las especialidades de las Nueve Musas). De esta biblioteca legendaria lo máximo que sobrevive hoy en día es un sótano húmedo y olvidado del Serapeo, el anexo de la biblioteca, primitivamente un templo que fue reconsagrado al conocimiento. Unos pocos estantes enmohecidos pueden ser sus únicos restos físicos. Sin embargo, este lugar fue en su época el cerebro y la gloria de la mayor ciudad del planeta, el primer auténtico instituto de investigación de la historia del mundo. Los eruditos de la biblioteca estudiaban el Cosmos entero. Cosmos es una palabra griega que significa el orden del universo. Es en cierto modo lo opuesto a Caos. Presupone el carácter profundamente interrelacionado de todas las cosas. Inspira admiración ante la intrincada y sutil construcción del universo. Había en la biblioteca una comunidad de eruditos que exploraban la física, la literatura, la medicina, la astronomía, la geografía, la filosofía, las matemáticas, la biología y la ingeniería. La ciencia y la erudición habían llegado a su edad adulta. El genio florecía en aquellas salas. La Biblioteca de Alejandría es el lugar donde los hombres reunieron por primera vez de modo serio y sistemático el conocimiento del mundo.

Además de Eratóstenes, hubo el astrónomo Hiparco, que ordenó el mapa de las constelaciones y estimó el brillo de las estrellas; Euclides, que sistematizó de modo brillante la geometría y que en cierta ocasión dijo a su rey, que luchaba con un difícil problema matemático: "no hay un camino real hacia la geometría"; Dionisio de Tracia, el hombre que definió las partes del discurso y que hizo en el estudio del lenguaje lo que Euclides hizo en la geometría; Herófilo, el fisiólogo que estableció, de modo seguro, que es el cerebro y no el corazón la sede de la inteligencia; Herón de Alejandría, inventor de cajas de engranajes y de aparatos de vapor, y autor de Autómata, la primera obra sobre robots; Apolonio de Pérgamo. el matemático que demostró las formas de las secciones cónicas (1) —elipse, parábola e hipérbola—, las curvas que como sabemos actualmente siguen en sus órbitas los planetas, los cometas y las estrellas; Arquímedes, el mayor genio mecánico hasta Leonardo de Vinci; y el astrónomo y geógrafo Tolomeo, que compiló gran parte de lo que es hoy la seudociencia de la astrología: su universo centrado en la Tierra estuvo en boga durante 1500 años, lo que nos recuerda que la capacidad intelectual no constituye una garantía contra los yerros descomunales. Y entre estos grandes hombres hubo una gran mujer, Hipatia, matemática y astrónoma, la última lumbrera de la biblioteca, cuyo martirio estuvo ligado a la destrucción de la biblioteca siete siglos después de su fundación, historia a la cual volveremos.

Los reyes griegos de Egipto que sucedieron a Alejandro tenían ideas muy serias sobre el saber. Apoyaron durante siglos la investigación y mantuvieron la biblioteca para que ofreciera un ambiente adecuado de trabajo a las mejores mentes de la época. La biblioteca constaba de diez grandes salas de investigación, cada una dedicada a un tema distinto, había fuentes y columnatas jardines botánicos, un zoo, salas de disección, un observatorio, y una gran sala comedor donde se llevaban a cabo con toda libertad las discusiones críticas de las ideas.

El núcleo de la biblioteca era su colección de libros. Los organizadores escudriñaron todas las culturas y lenguajes del mundo. Enviaban agentes al exterior para comprar bibliotecas. Los buques de comercio que arribaban a Alejandría eran registrados por la policía, y no en busca de contrabando, sino de libros. Los rollos eran confiscados, copiados y devueltos luego a sus propietarios. Es difícil de estimar el número preciso de libros, pero parece probable que la biblioteca contuviera medio millón de volúmenes, cada uno de ellos un rollo de papiro escrito a mano. ¿Qué destino tuvieron todos estos libros? La civilización clásica que los creó acabó desintegrándose y la biblioteca fue destruida deliberadamente. Sólo sobrevivió una pequeña fracción de sus obras junto con unos pocos y patéticos fragmentos dispersos. Y qué tentadores son estos restos y fragmentos. Sabemos por ejemplo que en los estantes de la biblioteca había una obra del astrónomo Aristarco de Samos quien sostenía que la Tierra es uno de los planetas, que orbita el Sol como ellos, y que las estrellas están a una enorme distancia de nosotros. Cada una de estas conclusiones es totalmente correcta, pero tuvimos que esperar casi dos mil años para redescubrirlas. Si multiplicamos por cien mil nuestra sensación de privación por la pérdida de esta obra de Aristarco empezaremos a apreciar la grandeza de los logros de la civilización clásica y la tragedia de su destrucción.

Hemos superado en mucho la ciencia que el mundo antiguo conocía, pero hay lagunas irreparables en nuestros conocimientos históricos. Imaginemos los misterios que podríamos resolver sobre nuestro pasado si dispusiéramos de una tarjeta de lector para la Biblioteca de Alejandría. Sabemos que había una historia del mundo en tres volúmenes, perdida actualmente, de un sacerdote babilonio llamado Beroso. El primer volumen se ocupaba del intervalo desde la Creación hasta el Diluvio un período al cual atribuyó una duración de 432.000 años, es decir cien veces más que la cronología del Antiguo Testamento. Me pregunto cuál era su contenido. (pp. 18-20)
[...]

Sólo en un punto de la historia pasada hubo la promesa de una civilización científica brillante. Era beneficiaria del Despertar jónico, y tenía su ciudadela en la Biblioteca de Alejandría, donde hace 2.000 años las mejores mentes de la antigüedad establecieron las bases del estudio sistemático de la matemática, la física, la biología, la astronomía, la literatura, la geografía y la medicina. Todavía estamos construyendo sobre estas bases. La Biblioteca fue construida y sostenida por los Tolomeos, los reyes griegos que heredaron la porción egipcia del imperio de Alejandro Magno. Desde la época de su creación en el siglo tercero a. de C. hasta su destrucción siete siglos más tarde, fue el cerebro y el corazón del mundo antiguo.

Alejandría era la capital editorial del planeta. Como es lógico no había entonces prensas de imprimir. Los libros eran caros, cada uno se copiaba a mano. La Biblioteca era depositaria de las copias más exactas del mundo. El arte de la edición crítica se inventó allí. El Antiguo Testamento ha llegado hasta nosotros principalmente a través de las traducciones griegas hechas en la Biblioteca de Alejandría. Los Tolomeos dedicaron gran parte de su enorme riqueza a la adquisición de todos los libros griegos, y de obras de África, Persia, la India, Israel y otras partes del mundo. Tolomeo III Evergetes quiso que Atenas le dejara prestados los manuscritos originales o las copias oficiales de Estado de las grandes tragedias antiguas de Sófocles, Esquilo y Eurípides. Estos libros eran para los atenienses una especie de patrimonio cultural; algo parecido a las copias manuscritas originales y a los primeros folios de Shakespeare en Inglaterra. No estaban muy dispuestos a dejar salir de sus manos ni por un momento aquellos manuscritos. Sólo aceptaron dejar en préstamo las obras cuando Tolomeo hubo garantizado su devolución con un enorme depósito de dinero. Pero Tolomeo valoraba estos rollos más que el oro o la plata. Renunció alegremente al depósito y encerró del mejor modo que pudo los originales en la Biblioteca. Los irritados atenienses tuvieron que contentarse con las copias que Tolomeo, un poco avergonzado, no mucho, les regaló. En raras ocasiones un Estado ha apoyado con tanta avidez la búsqueda del conocimiento.

Los Tolomeos no se limitaron a recoger el conocimiento conocido, sino que animaron y financiaron la investigación científica y de este modo generaron nuevos conocimientos. Los resultados fueron asombrosos: Eratóstenes calculó con precisión el tamaño de la Tierra, la cartografió, y afirmó que se podía llegar a la India navegando hacia el oeste desde España. Hiparco anticipó que las estrellas nacen, se desplazan lentamente en el transcurso de los siglos y al final perecen; fue el primero en catalogar las posiciones y magnitudes de las estrellas y en detectar estos cambios. Euclides creó un texto de geometría del cual los hombres aprendieron durante veintitrés siglos, una obra que ayudaría a despertar el interés de la ciencia en Kepler, Newton y Einstein. Galeno escribió obras básicas sobre el arte de curar y la anatomía que dominaron la medicina hasta el Renacimiento. Hubo también, como hemos dicho, muchos más.

Alejandría era la mayor ciudad que el mundo occidental había visto jamás. Gente de todas las naciones llegaban allí para vivir, comerciar, aprender. En un día cualquiera sus puertos estaban atiborrados de mercaderes, estudiosos y turistas. Era una ciudad donde griegos, egipcios, árabes, sirios, hebreos, persas, nubios, fenicios, italianos, galos e íberos intercambiaban mercancías e ideas. Fue probablemente allí donde la palabra cosmopolita consiguió tener un sentido auténtico: ciudadano, no de una sola nación, sino del Cosmos (2). Ser un ciudadano del Cosmos...

Es evidente que allí estaban las semillas del mundo moderno. ¿Qué impidió que arraigaran y florecieran? ¿A qué se debe que Occidente se adormeciera durante mil años de tinieblas hasta que Colón y Copérnico y sus contemporáneos redescubrieron la obra hecha en Alejandría? No puedo daros una respuesta sencilla. Pero lo que sí sé es que no hay noticia en toda la historia de la Biblioteca de que alguno de los ilustres científicos y estudiosos llegara nunca a desafiar seriamente los supuestos políticos, económicos y religiosos de su sociedad. Se puso en duda la permanencia de las estrellas, no la justicia de la esclavitud. La ciencia y la cultura en general estaban reservadas para unos cuantos privilegiados. La vasta población de la ciudad no tenía la menor idea de los grandes descubrimientos que tenían lugar dentro de la Biblioteca. Los nuevos descubrimientos no fueron explicados ni popularizados. La investigación les benefició poco. Los descubrimientos en mecánica y en la tecnología del vapor se aplicaron principalmente a perfeccionar las armas, a estimular la superstición, a divertir a los reyes. Los científicos nunca captaron el potencial de las máquinas para liberar a la gente (3). Los grandes logros intelectuales de la antigüedad tuvieron pocas aplicaciones prácticas inmediatas. La ciencia no fascinó nunca la imaginación de la multitud. No hubo contrapeso al estancamiento, al pesimismo, a la entrega más abyecta al misticismo. Cuando al final de todo, la chusma se presentó para quemar la Biblioteca no había nadie capaz de detenerla. (pp. 333-5)

Sobre Hipatia y la Biblioteca de Alejandría

El último científico que trabajó en la Biblioteca fue una matemática, astrónoma, física y jefe de la escuela neoplatónica de filosofía: un extraordinario conjunto de logros para cualquier individuo de cualquier época. Su nombre era Hipatia. Nació en el año 370 en Alejandría. Hipatia, en una época en la que las mujeres disponían de pocas opciones y eran tratadas como objetos en propiedad, se movió libremente y sin afectación por los dominios tradicionalmente masculinos. Todas las historias dicen que era una gran belleza. Tuvo muchos pretendientes pero rechazó todas las proposiciones matrimoniales. La Alejandría de la época de Hipatia —bajo dominio romano desde hacía ya tiempo— era una ciudad que sufría graves tensiones. La esclavitud había agotado la vitalidad de la civilización clásica. La creciente Iglesia cristiana estaba consolidando su poder e intentando extirpar la influencia y la cultura paganas. Hipatia estaba sobre el epicentro de estas poderosas fuerzas sociales. Cirilo, el arzobispo de Alejandría, la despreciaba por la estrecha amistad que ella mantenía con el gobernador romano y porque era un símbolo de cultura y de ciencia, que la primitiva Iglesia identificaba en gran parte con el paganismo. A pesar del grave riesgo personal que ello suponía, continuó enseñando y publicando, hasta que en el año 415, cuando iba a trabajar, cayó en manos de una turba fanática de feligreses de Cirilo. La arrancaron del carruaje, rompieron sus vestidos y, armados con conchas marinas, la desollaron arrancándole la carne de los huesos. Sus restos fueron quemados, sus obras destruidas, su nombre olvidado. Cirilo fue proclamado santo.



La gloria de la Biblioteca de Alejandría es un recuerdo lejano. Sus últimos restos fueron destruidos poco después de la muerte de Hipatia. Era como si toda la civilización hubiese sufrido una operación cerebral infligida por propia mano, de modo que quedaron extinguidos irrevocablemente la mayoría de sus memorias, descubrimientos, ideas y pasiones. La pérdida fue incalculable. En algunos casos sólo conocemos los atormentadores títulos de las obras que quedaron destruidas. En la mayoría de los casos no conocemos ni los títulos ni los autores. Sabemos que de las 123 obras teatrales de Sófocles existentes en la Biblioteca sólo sobrevivieron siete. Una de las siete es Edipo rey. Cifras similares son válidas para las obras de Esquilo y de Eurípides. Es un poco como si las únicas obras supervivientes de un hombre llamado William Shakespeare fueran Coriolano y Un cuento de invierno, pero supiéramos que había escrito algunas obras más, desconocidas por nosotros pero al parecer apreciadas en su época, obras tituladas Hamlet, Macbeth, Julio César, El rey Lear, Romeo y Julieta. (pp. 335-6)

Notas

1. Llamadas así porque pueden obtenerse cortando un cono en diferentes ángulos. Dieciocho siglos mas tarde Johannes Kepler utilizaría los escritos de Apolonio sobre las secciones cónicas para comprender por primera vez el movimiento de los planetas.

2. La palabra cosmopolita fue inventada por Diógenes, el filósofo racionalista y crítico de Platón.

3. Con la única excepción de Arquímedes, quien durante su estancia en la Biblioteca alejandrina inventó el tornillo de agua, que se usa todavía hoy en Egipto para regar los campos de cultivo. Pero también él considero estos aparatos mecánicos como algo muy por debajo de la dignidad de la ciencia.



viernes, junio 29, 2012

LITERATURA AIMARA / QUECHUA I


En la multiplicidad de formaciones discursivas del patrimonio oral inmaterial intangible de las culturas originarias aimaras, quechuas o amazónicas no existe un estudio sistemático sobre sus expresiones o representaciones socioculturales literarias. Existen sólo recopilaciones cuyo antecedente más claro se encuentra registrado en nuestra extensa cronística española que da cuenta parcialmente sobre ella. En los tiempos actuales, tenemos pocos trabajos dedicados a la recopilación de los géneros como las adivinanzas y los trabalenguas. Lo pocos esfuerzos de recuperación y preservación existen más en géneros como el cuento, los mitos o las leyendas. Por eso, el trabajo de Dionisio Condori Cruz que me honro en presentar llena un vacío sentido en los estudios discursivos sobre nuestra tradición oral en los géneros antes señalados.


Sólo desde la década del sesenta hubo un interés filológico por la literatura oral andina. Es allí donde se incorporó la grabadora para los trabajos de recopilación y registro de la vasta producción oral de adivinanzas, trabalenguas, cuentos y otros. Lo que se buscaba en estos registros era sin duda el estudio del pensamiento andino como un diagnóstico de la sociedad campesina cuya presencia era cada vez desbordante en las grandes ciudades y en los estudios filológicos de especialistas en lenguas andinas. Por eso, destacamos dos rasgos importantes en los intereses de los recopiladores: por un lado, aquellos que por su formación universitaria recogen su información con metodología y tecnología adecuada, lo sistematizan organizadamente y la procesan con fines de naturaleza académica; y, los otros, que habiendo intuido sobre la importancia de los géneros familiares como los cuentos, leyendas, adivinanzas y trabalenguas han procedido a acumularlos, bajo un ordenamiento mas afectivo y en condiciones poco sistemáticos con intereses de uso personal.

El trabajo de Dionisio Condori Cruz contribuye decisivamente en la recuperación, preservación y conservación de nuestro patrimonio cultural oral inmaterial intangible, lo hace porque existe un imperativo de hacer cada vez más vivos nuestras creencias, valores, costumbres, prácticas y creatividad artística de nuestras culturas. Valga la oportunidad para precisar que no se trata de temas del folklore como antes se creía bajo el pensamiento etnocéntrico de que existen culturas inferiores y superiores, sino de un trabajo patrimonial oral inmaterial.

Enrique Ballón Aguirre sobre el conocimiento de la tradición histórica de las literaturas peruanas se pregunta: ¿cuál es el objeto de conocimiento de la tradición histórica de las literaturas peruanas? Y se responde él mismo, digamos se trata de describir el sistema literario de la sociedad multinacional (multiétnica), multilingüe y pluricultural peruana y, en él su función verbal en correlación con la vida social integral, es decir, su función sinnoma opuesta diametralmente a una peregrina función autónoma (la írrita “autarquía” literaria castellana) o en otras palabras, que el estudio y conocimiento de nuestro sistema literario deberá ocuparse de mostrarnos la secuencia retrospectiva correlativa y proyectiva de los datos literarios organizados como modos de cristalización textual oral (textos grabados, transcritos y/o traducidos) y formaciones literarias en el transcurso de la tradición histórica de cada comunidad social y su convergencia en la tradición histórico literaria integral del país.

En ese marco Dionisio Condori Cruz rompe con una práctica literaria muy parecido al viejo pensamiento geocéntrico de que la tierra gira alrededor del sol que es el lugar común en los escritores subordinados a un canon, donde existen autores, libros, generaciones y periodos y nos permite mirar nuestras prácticas literarias de otro modo, es decir: en la tradición oral, por sistemas textuales migratorios de variantes y motivos; y en la tradición escrita, por sistemas textuales igualmente migratorios pero de estilos.

En suma se trata, un texto que revela e inquieta sobre géneros poco estudiados como las adivinanzas y trabalenguas y su valor pedagógico en la enseñanza y/o mediación de nuestras culturas a las nuevas generaciones que es la tarea del educador en los momentos actuales.

miércoles, mayo 16, 2012

EL ESPECTÁCULO DE ESTA BÁRBARA CIVILIZACIÓN



Un libro de lectura obligatoria, de la superproducción de los afectos como el amor con control de calidad y otras desavenencias de este tiempo. Un nuevo marco histórico donde ocurren las nuevas relaciones, esto es, el mundo del consumo en su fase hiperconsumista: en el contexto material, pero también simbólico. La preocupación por la legitimidad de las emociones y otras expresiones de nuestro Premio Nobel desde su visión particular. Se trata de un extraordinario libro de ensayos, así uno no esté de acuerdo con sus conclusiones. “La civilización del espectáculo” quiere decir en palabras de Mario Vargas Llosa, la de un mundo donde el primer lugar en la tabla de valores vigente lo ocupa el entretenimiento, y donde divertirse, escapar del aburrimiento, es la pasión universal. Este ideal de vida es perfectamente legítimo, sin duda. Sólo un puritano fanático podría reprochar a los miembros de una sociedad que quieran dar solaz, esparcimiento, humor y diversión a una vida encuadrada por lo general en rutinas deprimentes y a veces embrutecedoras. Pero convertir esa natural propensión a pasarlo bien en un valor supremo tiene consecuencias inesperadas: la banalización de la cultura, la generalización de la frivolidad y, en el campo de la información, que prolifere el periodismo irresponsable de la chismografía y el escándalo.


Es finalmente un excelente examen, a ojo clínico, a las enfermedades más contagiosas y seductoras de nuestro tiempo que ha conseguido muchos clubes de fans que imponen sus sentimientos lujosos con normativas libidinales, catálogos light y pantallas latentes a toda una sociedad banal y banalizada por sus propias miserias.

W.P.

LA MUERTE DE CARLOS FUENTES Y "LA GRAN NOVELA LATINOAMERICANA"


Tal vez estas sean las palabras finales de Carlos Fuentes antes de morir: "El lector tiene en sus manos un libro personal. Esta no es una "historia" de la narrativa iberoamericana. Faltan algunos nombres, algunas obras. He querido sujetarme a una disciplina irregular que le da, por ejemplo, un lugar de origen a tres obras y tres autor...es de nuestro siglo de fundación literaria en español y portugué, la Utopia de Tomás Moro (1516), el Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam (1511) y el Principe de Nicolás Maquiavelo (1513). De ellos derivo tres temáticas constantes en nuestra narrativa: el deseo de ser, el deber ser y de lo que no puede o debe ser. Las declinaciones del poder que es, tema de Maquiavelo, se encuentran en la larga lista de novelas de Valle-Inclán Y gallegos a Rulfo, García Márquez y Vargas Llosa. La imaginación del poder que debe ser subyace a la gran tradición utópica del continente américano, sea revolucionaria o democrática, pero lo hace con la advertencia de una sonrisa irónica en Onetti o Cortazar. El andamiaje barroco - el plus ultra cultural- lo describe Lezama Lima y minus ultra de la imaginación verbal es la obra de Jorge Luis Borges" (pág. 437).




Descansa en Paz querido Carlos.

viernes, mayo 04, 2012

LOS DEMONIOS DE RUDY FRISANCHO




Walter Paz Quispe Santos
Pocas veces he tenido la suerte de leer un libro confesional cuyo hálito emocional nos impele. Pocos poetas han conseguido una profundidad y plenitud en su poesía. Esa intensidad sentida en los caminos del infierno helado que nos presenta Rudy Frisancho, no hace, sino mostrarnos las gradaciones de un espectro humano, por eso no necesita de premios porque su designo es crecer por una vía desconocida. Esa que eligen pocos poetas y porque saben que hay que ser incendiarios en la metáfora, parricidas generacionales, poesía que quiere ponerle una bomba al mundo. A veces me doy a pensar si el impulso de escribir no nació del deseo de pagar una deuda y de rememorar capítulos de nuestra propia vida. Poemas recalentados en el horno de la evocación. Ese millón de recuerdos asesinados en el matadero de la memoria inmediata, el crematorio donde se salvan. Todo hacinado en una bodega fabricada por el tiempo. Pasados imperfectos, donde se respira un aire de encierro, pero también algo de fragancia tenue de los sentimientos desvanecidos. También esa alegría personal en esa actitud reminiscente. Unos cuantos dioses. Muchos amores. Ebriedad consuetudinaria. Se trata de las potencialidades desbocadas de la vida del individuo en el mundo que de pronto habla con la voz de los subterráneos. Rudy Frisancho no busca el veraneo del alma tranquila, sino la expresión total del hombre. No está en la línea de los modelos puros y perfectos (en la que se obnubila alguna crítica) sino justamente en el “pathos” de todas las pasiones. Rudy Frisancho ha creado su propio campo de batalla en su misma persona y en este tiempo. Ahora su voz truena como los poetas malditos para desesperación de esta bárbara civilización. “Demonio aborigen” es el subrayado enérgico de la literatura que funda su propio nodo contra los tonos solemnes que enrarecen las letras como si escribir fuera un campeonato gris en lontananza.

Rudy Frisancho, compañero de generación, traza en su biografía como el hijo del último eclipse anular del sol. Sin duda se trata de un hijo del fuego creador de la palabra, hijo de las tormentas emocionales que los girasoles nos deparan a la vida, es un despiadado roedor de sí mismo. Es decir, nos hace pensar que ninguna obra de arte conseguirá conmover a los seres humanos si no se confunde con ese pequeño músculo en el pecho por donde circula toda la sangre mientras el individuo existe.




lunes, abril 02, 2012

DARWIN BEDOYA COPE 2012/ XV BIENAL DE POESÍA




José Luis Velásquez Garambel

No es sorpresa que la obra poética de Darwin Bedoya (Nacido en Moquegua en 1974 y “reensamblado en Puno”, como le gusta bromear a él) haya merecido El COPE DE ORO de poesía del 2012: en cuya autoría se cuenta además “Aunque parezca mentira” (2007), “Leve ceniza” (2010), “Jardines del silencio” (2004) y “Yarume” que constituyen, hasta el momento, lo más saltante de su obra poética.


Bedoya Bautista es docente del área de comunicación, editor, poeta, narrador e incansable promotor cultural, además de ser una de las voces de la “generación de fin de siglo” junto a Simón Rodríguez, Edy Sayritupac, Walter Paz Quispe Santos, Luis Pacho Poma, Victor Villegas, Edwin Ticona, Gabriel Apaza, Rudy Frisancho, Edward Huaman Frisancho (+), Rafael Vallenas (+), René Challapa (+) y Hugo Lipa, todos con premios nacionales y menciones honrosas en concursos internacionales.

La obra de Bedoya con este premio, que es el más importante del Perú y uno de los de más renombre internacionalmente, ha salido de la postergación y se inscribe, producto del esfuerzo y de la autoexigencia, en el panorama de la poesía nacional.

Esa lecturas y exigencias han logrado el reconocimiento y un premio a su abnegado cultor, premio bien merecido y que una vez más le dan lustre a esta región, “Puno, tierra de poetas y artistas”, tierra que ha adoptado a Bedoya con cariño y que él devuelve con esmerado trabajo en su labor de docencia en los lugares más inaccesibles de nuestra región, ya que Bedoya es ante todo un maestro de escuela y este premio también es un logro del magisterio puneño, es un homenaje que Darwin Bedoya le tributa al magisterio nacional.

El jurado calificador, de esta XV bienal de poesía, estuvo conformado por Domingo de Ramos, Ministerio de Cultura; Marco Martos Carrera, Academia Peruana de la Lengua; Hildebrando Pérez Grande, Universidad Nacional Mayor de San Marcos; Víctor Vich Florez, Pontificia Universidad Católica del Perú; Pedro Cateriano Delgado, PETROPERÚ S.A. sin duda un jurado probo. Cabe hacer mención que ya Alejandro Peralta, Luis de Rodrigo, Emilio Vásquez, Omar Aramayo, Alfredo Herrera Flores, Boris Espezúa y ahora Darwin Bedoya nos han traído premios nacionales en este género, contando además a Walter Paz Quispe Santos, Luis Pacho Poma que también han logrado el premio nacional Horacio de poesía. Además del enorme reconocimiento que se ha logrado por tradición por el trabajo de Gamaliel Churata, Carlos Oquendo de Amat, Alberto Mostajo, Carlos Dante Nava, Efraín Miranda, Gloria Mendoza, Lolo Palza, Vladimir Herrera, Percy Zaga, José Luis Ayala, José Velarde y otros poetas de estatura internacional.

Este premio es un digno esfuerzo que llena de alegría a los puneños y por el que las autoridades deberían de virar sus esfuerzos a impulsar el desarrollo humano, porque este es nuestro capital cultural, el único con el que contamos.

sábado, marzo 17, 2012

Vallejo en el corazón


César Hildebrandt

Ayer 15 de abril se volvió a morir César Vallejo. Digamos que se ha muerto 70 veces. Y digamos también que está más vivo que algunos de sus colegas que se reeditan cada año y que se suicidaron de un sueldazo en la sien en plena hacienda pública.


Vallejo es un poeta que pocos han leído, que muy pocos han entendido y que todos ¬aplauden porque eso es lo correcto y porque, además, se le recuerda en su fase de modernista hablando de los heraldos negros que nos manda la muerte.

Pero ese no es el Vallejo que fue reivindicado póstumamente. El Vallejo que fue reconocido cuando ya era tarde es el que hizo sufrir y sufrió en los Poemas Humanos y el que ardió de cólera y lloró como un niño en los poemas dedicados a España. También es el Vallejo experimentoso y sentimental de “Trilce”, escrito para desafiar lo chocanesco –con todo lo que eso puede significar–.

Lo más genial de Vallejo es su relación con el idioma. No exagero si digo que con él las palabras conocen sentidos distintos y los sentidos se expresan con palabras nuevas. Vallejo amaba el idioma español pero, al mismo tiempo, lo galopaba sin piedad, lo extenuaba en aventuras descubridoras. Vallejo no se cansa de navegar corriente arriba y de fundar nuevas comarcas de las que huye tan pronto lo ¬aburren. Vallejo es un mujeriego del idioma. Y por eso es tan intratable para muchos traductores.

“Han matado, a la vez, a Pedro, a Rojas…” dice para confirmarnos que la crueldad de la guerra se lleva al padre y al marido pero también al luchador que es parte del nosotros. Y como para Vallejo la muerte siempre es “lacónico suceso”, añade:

“Lo han matado suavemente

entre el cabello de su mujer, la Juana Vásquez,

a la hora del fuego, al año del balazo,

y cuando andaba cerca ya de todo”.

Como saben los lectores de Vallejo, este Pedro Rojas guerrillero y antifranquista termina resucitando laicamente, como aquel otro combatiente del archiconocido poema “Masa”. Porque Vallejo resucita a quien no debe morir y, como no cree demasiado en Dios, acude al poder popular y a la voluntad del herido tumulto para lograrlo. Por eso es que Rojas, levantado entre los muertos, vuelve a escribir con el dedo en el aire “¡Viban los compañeros! Pedro Rojas”.

Nadie había hecho bodas tan notables de la rabia y la ternura. Nadie había ensayado tan radicalmente con las palabras ni con la emoción. Hay veces en que Vallejo parece tener más ojos, más oídos, más nervios y más capacidad de ser solidario que el más sensible de sus prójimos. Bueno, eso se llama, abreviadamente, genialidad.

“Ahí pasa la muerte por Irún:

sus pasos de acordeón, su palabrota,

su metro del tejido que te dije…

¡Llamadla! Hay que seguirla

hasta el pie de los tanques enemigos,

que la muerte es un ser sido a la fuerza,

cuyo principio y fin llevo grabados

a la cabeza de mis ilusiones,

por mucho que ella corra el peligro corriente

que tú sabes

y que haga como que hace que me ignora”.

La muerte no lo ignoró aquel abril de 1938, a los 46 años de su edad. Vengativa, lo visitó en la cama modesta de aquella clínica del boulevard Arago, donde vivió los últimos tramos de ese matrimonio que yo siempre he ¬imaginado como espantoso. Su viuda contaría, años después, que Vallejo se murió sin diagnóstico y así se hizo notar en el certificado de defunción. Gerardo Diego, a quien madame Vallejo odió siempre, ha descrito la hambruna que se sufría en esa casa.

El Perú oficial despreció a Vallejo. Clemente Palma, el crítico literario más importante de la Lima que Vallejo merodeó sin demasiadas ganas, se burló del poeta y vaticinó su defunción literaria. También estuvo lo del incendio en el norte, un capítulo que acaba de recordar notablemente Eduardo González Viaña. Es cierto que José Carlos Mariátegui vislumbró al genio, pero la voz del fundador del socialismo peruano no era en ese momento tan importante como lo fue cuando la historia lo puso en la cumbre que le correspondía. También es cierto que Antenor Orrego lo estimó humana y literariamente y que, a raíz de su muerte, un joven José María Arguedas escribió, con el seudónimo de Pedro Tierra, un emocionado artículo vallejiano aparecido en la revista “Hoz y martillo”. Pero el Perú oficial –es decir, la derecha que no lee y el pueblo que le sirve agachadamente– le dio la espalda.

El asunto es que Vallejo se fue a Europa con el ánimo de no volver a este país erizado de Palmas. Y la verdad es que se murió en la miseria. Y también es verdad que sin la campaña de André Coyné, el francés a quien también le debemos el descubrimiento de César Moro, Vallejo no habría sido admitido, veinte años después de su muerte, en la comunidad literaria de Lima. Claro que después de Coyné se puso de moda decir que Vallejo “era el más grande”. Y lo era, pero no porque lo dijeran en Lima. Porque a Vallejo lo ¬amaron y lo elogiaron, en Europa, Pablo Neruda, Louis ¬Aragon, André Malraux. “Tenías algo de mina, de socavón lunar, algo terrenalmente profundo” le escribió Neruda en agosto de 1938. Y el español Andrés Iduarte estampó en la revista “Hora de España” estas palabras que no cesarán de ser ciertísimas: “Le faltaba (a Vallejo) toda condición para eso que llaman ‘el éxito’. No admitió ser poeta bufón de poderosos, ni secretario de imbéciles, ni traspunte de badulaques… Vivió en la amargura y en la pobreza, pero sin rencor ni resentimiento… La muerte de Vallejo la produjo, sencillamente, el hambre a que lo condenó su nobleza…”

Que estas líneas sirvan para desenmascarar al viejo país falsamente aristocrático que maltrató a Vallejo y que, años más tarde –“muerto el combatiente”– le dedica discursos y homenajes. Y que sirvan quizás para recordarles a algunos a qué frivolidad de membretes que elevan socialmente y a qué poquedad de premios que “consagran”se ha reducido, en muchos sentidos, el quehacer de los que escriben amando la deriva de los acomodos. Quizás para -ellos Vallejo escribió esto:

“Vanse de su piel, rascándose el sarcófago en que nacen

y suben por su muerte de hora en hora

y caen, a lo largo de su alfabeto gélido,

hasta el suelo”.






MUNILIBROS


Un acierto del Municipio de Puno, la publicación de los MUNILIBROS refresca y propone nuevas formas de Gestión Cultural. La dirección general esta a cargo del Ing. Luis Butrón Castillo. El comité consultivo lo conforman Walter Rodriguez Vasquez, Boris Espezua Salmón y Ana M. Pino Jordán. El equipo ejecutivo lo conforman Lourdes Cornejo Duran, Carlos Rojas Mendoza, Elard Serruto Dancuart, Hilda Quispe Lorenzo, Silvia Rodríguez Ramos. La diagramación corrió cargo de Carlos Marca Flores y el diseño de carátula a cargo de Omar Suri.  Bien por la cultura y por la promoción y fomento de la lectura.


Todas las sangres en debate


Con frecuencia se publican estudios críticos sobre José María Arguedas, no pocos de ellos valiosos. Sin embargo, el libro reciente de Dorián Espezúa es una contribución original y multidisciplinaria muy sugerente desde la periferie, es decir, mirando desde el paratexto y otras formas de abordar el contexto y los pretextos en torno a todas las sangres. Felicitaciones.



W.P.

¡SOI INDIO¡


 

"La historia de los hombres se hace sobre esa prosa despojada de adornos que es la vida. La de los poetas, suelen ser narraciones que se crean desde la desorientadora memoria, la inexacta imaginación, el inevitable retorno de lo ...que alguna vez se supo del héroe cultural y aquello que el crítico y el historiador no puede dejar de atender: los huesos de la vida. La poesía Efraín Miranda es la del poeta y la del héroe cultural" Así inicia Gonzalo Espino el elogioso libro dedicado a nuestro poeta mayor y de contrastes interculturales. Libro editado por Gonzalo Espino, Mauro Mamani y Guissela Gonzales. Albricias.
 
W.P.

Diccionarios aimaras

Walter Paz Quispe Santos

Parece lógico que la posteridad de la lengua aimara abunde en intentos continuos de encontrar el significado de sus palabras. Así lo testimonian los trabajos de José Luis Ayala y Dionisio Condori Cruz. Ambos autores de reconocida trayectoria acaban de publicar diccionarios aimaras bilingües que enriquecen los estudios lexicográficos de una de las lenguas mayores de los andes. José Luis Ayala, nos trae un estudio onomasiológico del léxico aimara, es decir, una explicación ideológica de los significados de la palabra aimara. Dionisio Condori Cruz, lo hace pero desde la perspectiva semasiológica, es decir, nos explica el significado semántico denotativo.


Sobre el “Diccionario de la cosmopercepción andina. Religiosidad, jaqisofía y el universo” de José Luis Ayala, comenta uno de los destacados y brillantes antropólogos del país como Alejandro Ortiz Rescaniere lo siguiente: “La obra de José Luis Ayala es una muestra de la excelencia de esta tradición. Es el resultado del trabajo discreto y constante, alejado de la academia, con la mirada atenta al terruño, a lo cotidiano, en pos de las claves del saber que animan lo habitual, las claves de la sabiduría que sólo un alma inquieta puede advertir y nombrarlas y luego presentarlas al lector que no las conocía por estar lejos de aquel pago o, por lo contrario, estar demasiado cerca, sumido, absorbido por la rutina, su vértigo o tráfago, y no por eso no advierte la música que esconde la bulla el día a día. Ese ruido, que es evidente y ensordecedor, es el eco de la hermosa melodía del espíritu humano, en este caso expresada o precisada en la voz del pueblo aymara. Lo particular, su sentido y belleza son partituras de la polifonía que el alma humana canta por sí misma, para su regocijo y comunión con el cosmos y el creador”.

Para “Aymara kastilla aru pirwa, diccionario aimara castellano” de Dionisio Condori Cruz, nuestro maestro y reconocido lingüista Rodolfo Cerrón Palomino señala: “Un diccionario del aimara puneño como presenta debe ser visto no sólo como un registro valioso del registro de la lengua sino como una verdadera documentación colectiva del pueblo aimara hablante. Todo ello resulta doblemente valioso si recordamos que a diferencia de lo que ocurre en el hermano país de Bolivia, los estudios aimarísticos en el lado peruano sufrieron una ruptura total por espacio de 300 años, luego de la expulsión de los jesuitas del otrora laboratorio idiomático que fuera la reducción de Juli. De manera que, si la aparición del Diccionario de Büttner y Condori en l984, a la cual se sumarían poco después los vocabularios de Ayala Loayza y Deza Galindo, fue un esfuerzo por retomar la tradición aimarística iniciada por Bertonio en la colonia, la versión aumentada que ahora nos pone en manos Dionisio Condori Cruz constituye una prueba más del afán por mantener viva esa inquietud por estudiar y documentar la variedad lupaca del aimara puneño”

La lexicografía aimara ha transitado desde bien pronto por caminos tortuosos y con notables altibajos, sin embargo, estos trabajos recientes de José Luis Ayala y Dionisio Condori Cruz colocan las bases de una lexicografía sólida, que nos permiten afirmar que el registro de voces aimaras y su tratamiento aseguran el alimento de muchos hontanares que abanderan con plena dignidad y derecho la expresión histórica de la lengua aimara a lo largo de más de mil años de esplendor.




lunes, enero 23, 2012

Cómo se forma la “opinión pública”


¿Cuál es el proceso por el cual la opinión de una minoría se transforma en la opinión pública? Eso es lo que explica el sociólogo Pierre Bourdieu en este curso sobre el Estado dictado en 1990 en el Collège de France.



Pierre Bordieu

Un hombre oficial es un ventrílocuo que habla en nombre del Estado: toma una postura oficial –habría que describir la puesta en escena de lo oficial–, habla a favor y en nombre del grupo al que se dirige, habla por y en nombre de todos, habla en tanto representante de lo universal.

Aquí llegamos a la noción moderna de opinión pública. ¿Qué es esta opinión pública que invocan los creadores de derecho de las sociedades modernas, sociedades en las cuales el Derecho existe? Tácitamente, es la opinión de todos, de la mayoría o de aquellos que cuentan, de aquellos que son dignos de tener una opinión. Pienso que la definición patente en una sociedad que se dice democrática, es decir donde la opinión oficial es la opinión de todos, oculta una definición latente, a saber, que la opinión pública es la opinión de los que son dignos de tener una opinión. Hay una especie de definición censitaria de la opinión pública como opinión ilustrada, como opinión digna de ese nombre.

La lógica de las comisiones oficiales es crear un grupo así constituido que exhiba todos los signos exteriores, socialmente reconocidos y reconocibles, de la capacidad de expresar la opinión digna de ser expresada, y en las formas establecidas. Uno de los criterios tácitos más importantes para seleccionar a los miembros de la comisión, en especial a su presidente, es la intuición que tiene la gente encargada de componer la comisión de que la persona considerada conoce las reglas tácitas del universo burocrático y las reconoce: en otras palabras, alguien que sabe jugar el juego de la comisión de manera legítima, que va más allá de las reglas del juego, que legitima el juego; nunca se está más en el juego que cuando se va más allá del juego. En todo juego existen las reglas y el fair-play. A propósito del hombre kabil (1), o del mundo intelectual, yo había empleado la fórmula: la excelencia, en la mayoría de las sociedades, es el arte de jugar con la regla del juego, haciendo de ese juego con la regla del juego un supremo homenaje al juego. El transgresor controlado se opone completamente al herético.

El grupo dominante coopta miembros a partir de índices mínimos de comportamiento, que son el arte de respetar la regla del juego hasta en las transgresiones reguladas de la regla del juego: el decoro, la compostura. Es la célebre frase de Chamfort: “El Gran Vicario puede sonreír sobre un tema contra la Religión, el Obispo reír con ganas, el Cardenal agregar lo que tenga que decir” (2). Cuanto más se asciende en la jerarquía de las excelencias, más se puede jugar con la regla del juego, pero ex officio, a partir de una posición que no admita ninguna duda. El humor anticlerical del cardenal es supremamente clerical.

La verdad de todos

La opinión pública siempre es una especie de doble realidad. Es lo que no puede dejarse de invocar cuando se quiere legislar sobre terrenos no constituidos. Cuando se dice “Hay un vacío jurídico” (expresión extraordinaria) a propósito de la eutanasia o de los bebés de probeta, se convoca a gente que trabajará aplicando toda su autoridad. Dominique Memmi (3) describe un comité de ética [sobre la procreación artificial], compuesto por personas disímiles –psicólogos, sociólogos, mujeres, feministas, arzobispos, rabinos, eruditos, etc.– cuyo objetivo es transformar una suma de idiolectos (4) éticos en un discurso universal que llene un vacío jurídico, es decir que aporte una solución oficial a un problema difícil que trastorna a la sociedad –legalizar el alquiler de vientres, por ejemplo–. Si se trabaja en ese tipo de situación, debe invocarse una opinión pública. En ese contexto, resulta muy clara la función impartida a las encuestas. Decir “las encuestas están de nuestra parte”, equivale a decir “Dios está de nuestra parte”, en otro contexto.

Pero el tema de las encuestas es engorroso, porque a veces la opinión ilustrada está contra la pena de muerte, mientras que los sondeos están más bien a favor. ¿Qué hacer? Se forma una comisión. La comisión constituye una opinión pública esclarecida que instituirá la opinión ilustrada como opinión legítima en nombre de la opinión pública –que, por otra parte, dice lo contrario o no piensa nada (lo que suele ocurrir a propósito de muchos temas)–. Una de las propiedades de las encuestas consiste en plantearle a la gente problemas que ella no se plantea, en sugerir respuestas a problemas que ella no se ha planteado; por lo tanto, a imponer respuestas. No es cuestión de sesgos en la construcción de las muestras, es el hecho de imponer a todo el mundo preguntas que se le formulan a la opinión ilustrada y, por este hecho, producir respuestas de todos sobre problemas que se plantean sólo algunos; por lo tanto dar respuestas ilustradas, puesto que han sido producidas por la pregunta: se han creado para la gente preguntas que no existían para ella, cuando lo que realmente le importaba, era la cuestión en sí.

Voy a traducirles sobre la marcha un texto de Alexander Mackinnon de 1828 extraído de un libro de Peel sobre Herbert Spencer (5). Mackinnon define la opinión pública; da la definición que sería oficial si no fuera inconfesable en una sociedad democrática. Cuando se habla de opinión pública, siempre se juega un doble juego entre la definición confesable (la opinión de todos) y la opinión autorizada y eficiente que se obtiene como subconjunto restringido de la opinión pública democráticamente definida:

“Es ese sentimiento sobre cualquier tema que es cultivado, producido por las personas más informadas, más inteligentes y más morales de la comunidad. Esta opinión se extiende gradualmente y es adoptada por todas las personas con alguna educación y sentimiento que conviene a un Estado civilizado”. La verdad de los dominantes deviene la de todos.


Cómo legitimar un discurso

En los años 1880, en la Asamblea Nacional se decía abiertamente lo que la sociología tuvo que redescubrir, es decir, que el sistema escolar debía eliminar a los niños de las clases más desfavorecidas. Al principio se planteaba la cuestión, pero luego fue totalmente reprimida ya que, sin que se lo pidiera, el sistema escolar se puso a hacer lo que se esperaba de él. Entonces, no hubo necesidad de hablar sobre el tema. El interés del retorno sobre la génesis es muy importante, porque en los comienzos hay debates donde se dicen con todas las letras cosas que, después, aparecen como provocadoras revelaciones de los sociólogos.

El reproductor de lo oficial sabe producir –en el sentido etimológico del término: producere significa “hacer avanzar”–, teatralizándolo, algo que no existe (en el sentido de lo sensible, visible), y en nombre de lo cual habla. Debe producir eso en nombre de lo que tiene el derecho de producir. No puede no teatralizar, ni dar forma, ni hacer milagros. Para un creador verbal, el milagro más común es el milagro verbal, el éxito retórico; debe producir la puesta en escena de lo que autoriza su decir, dicho de otra manera, de la autoridad en nombre de la cual está autorizado a hablar.

Encuentro la definición de la prosopopeya que estaba buscando: “Figura retórica por la cual se hace hablar y actuar a una persona que es evocada, a un ausente, a un muerto, un animal, una cosa personificada”. Y en el diccionario, que siempre es un formidable instrumento, se encuentra esta frase de Baudelaire hablando de la poesía: “Manejar sabiamente una lengua es practicar una especie de hechicería evocatoria”. Los letrados, los que manipulan una lengua erudita –como los juristas y los poetas–, tienen que poner en escena el referente imaginario en nombre del cual hablan y que ellos producen hablando en las formas; tienen que hacer existir eso que expresan y aquello en nombre de lo cual se expresan. Deben simultáneamente producir un discurso y producir la creencia en la universalidad de su discurso mediante la producción sensible (en el sentido de evocar los espíritus, los fantasmas –el Estado es un fantasma…–) de esa cosa que garantizará lo que ellos hacen: “la nación”, “los trabajadores”, “el pueblo”, “el secreto de Estado”, “la seguridad nacional”, “la demanda social”, etc.

Percy Schramm mostró cómo las ceremonias de coronación eran la transferencia, en el orden político, de ceremonias religiosas (6). Si el ceremonial religioso puede transferirse tan fácilmente a las ceremonias políticas mediante la ceremonia de la coronación, es porque en ambos casos se trata de hacer creer que hay un fundamento del discurso que sólo aparece como auto-fundador, legítimo, universal porque hay teatralización –en el sentido de evocación mágica, de brujería– del grupo unido y que consiente el discurso que lo une. De allí el ceremonial jurídico. El historiador inglés E. P. Thompson insistió en el rol de la teatralización jurídica en el siglo XVIII inglés –las pelucas, etc.–, que no puede comprenderse en su totalidad si no se considera que no es un simple artefacto, en el sentido de Pascal, que vendría a agregarse: es constitutiva del acto jurídico (7). Impartir justicia en un traje convencional es arriesgado: se corre el riesgo de perder la pompa del discurso. Siempre se habla de reformar el lenguaje jurídico sin nunca hacerlo, porque es la última de las vestiduras: los reyes desnudos ya no son carismáticos.

Puro teatro

Una de las dimensiones más importantes de la teatralización es la teatralización del interés por el interés general; es la teatralización de la convicción del interés por lo universal, del desinterés del hombre político –teatralización de la creencia del sacerdote, de la convicción del hombre político, de su fe en lo que hace–. Si la teatralización de la convicción forma parte de las condiciones tácitas del ejercicio de la profesión del clérigo –si un profesor de filosofía tiene que aparentar creer en la filosofía–, es porque ello constituye el homenaje esencial del oficial-hombre a lo oficial; es lo que hay que agregarle a lo oficial para ser un oficial: hay que agregar el desinterés, la fe en lo oficial, para ser un verdadero oficial. El desinterés no es una virtud secundaria: es la virtud política de todos los mandatarios. Las locuras de los curas, los escándalos políticos, son el desmoronamiento de esta especie de creencia política en la cual todo el mundo actúa de mala fe, ya que la creencia es una suerte de mala fe colectiva, en el sentido sartreano: un juego en el cual todo el mundo se miente y miente a los otros sabiendo que se mienten. Esto es lo oficial…



1. Alusión a un estudio etnológico que Bourdieu realizó sobre los beréberes kabiles.

2. Nicolas de Chamfort, Maximes et pensées, París, 1795.

3. Dominique Memmi, “Savants et maîtres à penser. La fabrication d’une morale de la procréation artificielle”, Actes de la recherche en sciences sociales, Nº 76-77, 1989, p. 82-103.

4. Del griego idios, “particular”: discurso particular.

5. John David Yeadon Peel, Herbert Spencer. The Evolution of a Sociologist, Londres, Heinemann, 1971. William Alexander Mackinnon (1789-1870) tuvo una larga carrera como miembro del Parlamento británico.

6. Percy Ernst Schramm, Der König von Frankreich. Das Wesen der Monarchie von 9 zum 16. Jahrhundert. Ein Kapital aus Geschichter des abendlischen Staates (dos volúmenes), H. Böhlaus Nachf, Weimar, 1939.

7. Edward Palmer Thompson, “Patrician society, plebeian culture”, Journal of Social History, vol. 7, Nº 4, Berkeley, 1976, p. 382-405.



* Sociólogo (1930-2002). Este texto se extrajo de Sur l’Etat. Cours au collège de France 1989-1992, Raisons d’Agir – Le Seuil, París, que aparecerá el 5 de enero.


Las farsas de la historia del Perú


Hace poco en Chile, el gobierno de Sebastián Piñera quiso quitarle al régimen de Pinochet el bien ganado título de dictadura. Pero si revisamos los textos que leen nuestros escolares comprobaremos que aquí la mentira cunde, el encubrimiento campea y la distorsión histórica parece una norma.

Claudia  Blanco

Más que pintar un retrato del pasado, la Historia, así con mayúsculas, suele “contar el cuento”. Que la historia chilena oficial haya intentado llamar a una dictadura sanguinaria como la Pinochet simplemente “régimen militar” es el episodio más reciente pero no el único ni el último. Tapar las miserias propias es una tentación a la que no se han resistido ni los más poderos Estados ni los más pequeños países. El Perú no ha sido la excepción y los textos escolares son el fiel reflejo de una realidad contada a medias.

Ya desde la remota etapa de la emancipación, las versiones que incluyen los libros suelen omitir convenientemente las deshonras. La referencia a las intensas divisiones internas entre los nacionales que defendían la corona española es escueta e inexistente. Tal como expresa Basadre en sus textos, más que una guerra por la emancipación era vista como una guerra civil en la que uno podía tomar partido por cualquiera de los bandos. No queda claro en los textos escolares que no fue, entonces, el triunfo de la unión nacional lo que gestó la libertad. “Un tema profundamente incómodo es el hecho de que la independencia no fue hecha por peruanos. La historia oficial lo que ha tratado es de levantar a próceres y precursores que, por lo general, solo fueron conspiradores pero nunca llegaron a generar un movimiento libertario concreto. Hubo participación peruana apoyando a San Martín o Bolívar, pero siempre en posición subordinada”, dice el historiador Nelson Manrique. “Pocos quieren reconocer que la independencia fue, al final, una lucha fratricida”, dice Hernán Alvarado, educador y editor de Lima. Por incómodo y vergonzoso se silencia también que uno de los primeros presidentes del Perú, José de la Riva Agüero fuera descubierto por Bolívar haciendo negociaciones clandestinas con los realistas para una salida que incluyera un gobierno monárquico constitucional.

Este no sería el único episodio olvidado. En general, los textos optaron por quedarse con el lado menos oscuro de sus personajes. Como en el caso de Ramón Castilla, calificado en algunos textos escolares como un patriota con gran visión de futuro. Poco o nada se menciona sobre su pasado realista y su posterior conversión al ideario patriótico. Y de sus dos gobiernos se destacan las numerosas obras y la bonanza estatal a causa del auge del guano, pero poco se analiza la incontenible corrupción y los despilfarros que dejó el pago de la deuda interna. “Muchos papeles firmados para el pago a los que aportaron al proceso independentista se empezaron a fabricar. Si la deuda real era de 7 millones se pagó 24 millones”, dice Manrique.

Pero el capítulo que más se ha tratado de reescribir es el de la guerra con Chile. Aunque la cobardía y deserción del presidente Mariano Ignacio Prado es un hecho indiscutible, en los textos aún se usa el resumen encubridor o la tibieza para tratar un tema tan infeliz. “A finales de 1879, el presidente Prado salió del país con el fin de dirigir la compra de armamento en Europa. Esto fue considerado por Nicolás de Piérola como una traición. En esas circunstancias, este caudillo depuso al presidente La Puerta y decretó la dictadura”, dice escuetamente el texto escolar “Ciencias Sociales”, de Santillana, que usan los jóvenes de cuarto de secundaria de los colegios públicos. La historia real o la versión completa es que ese diciembre de 1879, Prado utilizó una resolución emitida por el Congreso para fines concretos y escapó a París como un felón que tenía estrechas relaciones con los chilenos y que su nombre aparece en los registros de pagos de una planilla de generales chilenos.

Sobre esta etapa de la historia se oculta la división interna que existía en el país. Así lo describe la historiadora Carmen Mc Evoy en una entrevista concedida en Chile a propósito de la presentación de su nuevo libro “Guerreros civilizadores”, que narra los años de conflicto desde la perspectiva chilena. “No cabe duda de que la guerra desnudó las profundas factura de la sociedad peruana a medio siglo de vida independiente. Como es obvio, el problema de construir una “peruanidad” cohesionada no ha sido sencillo posteriormente”, dice Mc Evoy en esa entrevista. La actuación de la clase alta peruana y, sobre todo, de la clase dirigente fue determinante en la derrota que marcaría al Perú para siempre. “En plena ocupación tenemos profunda divisiones y pugnas por el poder. Se sucedieron cuatro presidentes en menos de cuatro años. Es una de las razones que explican meridianamente la derrota”, dice Manrique.

Precisamente Nicolás de Piérola, que luego gobernaría entre 1895 y 1899, es uno de los personajes históricos mejor tratados por la historia a pesar de que su actuación lindó con el desastre. Su nefasta participación durante la guerra con Chile podría colocarlo entre los personajes que más daño ha causado al Perú: antes del estallido de la aguerra del Pacífico, Nicolás de Piérola regresó de Chile desde donde había hecho, con éxito, todos los intento para desestabilizar la política peruana. Vanidoso hasta la enfermedad y celoso de los méritos ajenos, Piérola cortó el apoyo y abastecimiento al ejército del sur preocupado porque la figura de Lizardo Montero, hombre con el que había combatía y lo había derrotado en enfrentamientos pasados, pudiera opacar su permanencia en el poder. Sin embargo, en los textos, nada se dice a esta flagrante traición a los intereses del país.

Tras los años de la República aristocrática y del dominio de los terratenientes, la llegada de Leguía al poder parecía significar un cambio positivo. Así lo reseñan los libros, que de su periodo recuerdan las obras y no tanto su teatral personalismo y su vena dictatorial. Aunque no se mencione detalladamente, el de Leguía fue un gobierno caracterizado por la contradicción entre su discurso y los hechos: aunque se proclamó indigenista, es en su gobierno en el que se produce la mayor represión contra los indígenas y en el que, a partir de 1924 se da una de las leyes más crueles contra los derechos de éstos: La Ley de Conscripción Vial por la cual los indios estaban obligados a trabajar gratuitamente para el Estado en la construcción de carreteras.

Otro de los casos en los que la historia ha sido benigna es el de Manuel A. Odría. Aunque su gobierno fue autoritario, corrupto y asesino, lo que resaltan los textos es la lista de obras que dejó para el pueblo. “Mató apristas, deportó, torturó, pero salió bien parado. Odría hizo un trabajo populista a nivel de las barriadas y realizó obra porque hubo estabilidad y bonanza en esa época. Es la misma razón por la que Castilla es recordado como un buen presidente”, comenta Manrique. “Lamentablemente, en los textos escolares el estudio de los diferentes gobiernos se limita a un inventario de obras, sin ahondar en una aproximación crítica”, dice Alvarado.

Pocos gobiernos han sido tan plagados de mitos y mentiras discutibles como el de Juan Velasco Alvarado. A sus reformas se les calificó como las grandes causantes de los males del Perú. Lo cierto es que la verdadera amenaza que vieron venir no era precisamente la económica. “Si Velasco se convirtió en la bestia negra de la derecha peruana, es porque trató la cuestión étnico racial. Hay mentiras gruesas como la que afirma que la reforma agraria es culpable de la crisis del agro nacional. Lo cierto es que para cuando Velasco dio el golpe las exportaciones agrarias eran solo el 16%, ya habían caído del 55% en poco más de una década. La crisis era un hecho y la reforma lo que hizo fue continuar con un proceso ya en curso”, dice el historiador Nelson Manrique.

Sobre el gobierno de Fujimori hay también referencias polémicas. Un informe del Instituto de Pedagogía Popular, de diciembre del 2007, da cuenta del tratamiento que se le da al gobierno de los noventa en los textos escolares.

Del libro “Historia del Perú” de Guido Águila Grados que se usaba entre los estudiantes de colegios particulares, se menciona que no solo hace una descripción minuciosa del primer y segundo gobierno de Fujimori, sino que evita, delicadamente, calificativos críticos. Además, menciona que se incoluyen expresiones como que “se logró reinserción económica del país en el mundo financiero por las buenas relaciones del Perú con el Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Fondo Monetario internacional y Club de París”, e incluso que fue “medida histórica” el “disolver temporalmente el congreso de la república”.

Según Manrique, lograr que la historia escrita refleje la realidad es un reto con amplias dificultades. “El poder siempre va a tratar de reescribir la historia en función en de sus propios intereses. Al final, la investigación histórica es un espacio de lucha por preservar la memoria. Parte de lo que se debe afrontar es ese vacío de memoria histórica que debe proyectarnos al futuro. Porque un pueblo que no sabe de dónde viene, no sabe a dónde va”. Vale la pena empezar, por lo menos, a intentar.


Tomado de “Hildebrandt en sus trece” Nº 90, pág. 19.