miércoles, diciembre 03, 2008

Subversión, perversión y transgresión en la narrativa de Feliciano Padilla.



Walter Paz Quispe Santos

Hay dos relatos prototípicos en la narrativa de Feliciano Padilla que nos permite explicar algunas de sus tensiones básicas. Se trata de “Sonata de los caminos opuestos” que se encuentra en su libro de cuentos “Amarillito Amarilleando y otros cuentos” (2002) y “La bella Marcolina” del libro “Pescador de Luceros” (2003). El primero narra la historia de Manuel, un humilde campesino de Khero, abatido por las balas represivas que busca salvar su vida incesantemente en medio de cadáveres regados en la pampa, y que al final comprueba con tristeza que su propio hijo Pedro era el traidor en el momento en que era enterrado vivo en una fosa común. El otro relato trata de la historia de un grupo de señoritas acosadas por su profesor Pedro Ascaroso al que le llamaban “calibre 48”. La narración hace referencia al hecho de un acoso sexual colectivo a cambio de unas notas de asignatura, al que efectivamente se atreven a cumplir con las exigencias del susodicho con un final inesperado. Marcolina la mujer más codiciada y bella por todos y por el profesor, resulta siendo un varón que hace de las suyas con el acosador y despachando al depravado al hospital con una incontenible hemorragia.

Se trata de dos relatos que nos sugieren dos aspectos fundamentales en la reflexión psicoanalítica. La subversión y perversión como actos de transgresión de modos convencionales legitimados de poder y de vida social. En el primer relato, diremos que la subversión está asociada con la noción de sistema. Cuando el sistema parece intolerable, el medio más apropiado para destruirlo es la subversión; y a su vez la subversión tiene relación con un sistema. La subversión sustituye al otro que gira en torno a la palabra revolución, y la narración de Feliciano Padilla toca buscar en sus relatos ese cambio. Quien se llame revolucionario no puede aceptar que la subversión signifique renunciar a la revolución: para él, la subversión es el vehículo de que se vale la revolución. Lo que expresan o connotan muchos de los cuentos y relatos de Padilla es la radicalidad de los cambios o de una conmoción que no introduce necesariamente un nuevo orden, negación de la negación. Al parecer lo que hace la subversión es deformar más que transformar. Mientras que la revolución, al menos en el empleo de la palabra que nos ha acostumbrado la estética marxista, significa más tomar el poder que destrucción del poder: paso de aparato del Estado a otras manos, más que abolición del Estado. La revolución sólo deforma para reformar, por lo tanto no es sino reformista. En ese sentido es más nihilista: invita más a poner el acento sobre la revuelta que sobre la revolución. Lo que narra Feliciano Padilla, en “Sonata de los caminos opuestos” es este primer movimiento. Esta primera aproximación a comprender la narrativa se sostiene mejor desde una opción historicista, porque la misma se preocupa de la relación tanto explícita como implícita, entre la literatura y los sucesos temáticos sociales de nuestro país y sobre todo por la forma como el escritor opta por describir una manera en la obra literaria, “una perspectiva del mundo”. El relato en mención nos muestra la escisión de nuestro país en tiempos de violencia, y es el mejor testimonio de una época y una de las meditaciones sobre el poder. Sus personajes como Manuel o Pedro sólo expresan esas rebeliones del sentimiento y de las formas actuales de la tragedia como expresión real de un determinado contexto como la violencia social y política que padeció nuestro país.

En cambio, “La bella Marcolina” expresa otra categoría de sentidos y connotaciones diferentes. Se trata un ejemplo de lo muchos llaman la perversión. Los diccionarios psicoanalíticos e ideológicos coinciden en señalar que se trata de un cambio de “bien” a “mal”. Por lo tanto, se concibe como una anomalía, una desnaturalización que es singularmente una depravación. El antónimo de perversión es corrección. En suma la perversión es concebida como la desviación de las tendencias normales, una anomalía. Es anormal en los dos sentidos, es una desviación con respecto a una media y también una desviación con respecto a la norma. No es usual ni común hacer orgías colectivas en una sociedad donde la moral predominante es la cristiana y que los seres se permitan esas prácticas sexuales como media y norma. El hecho que las dos desviaciones se confundan significa que la media es la norma, o a la inversa, que la norma es la media, o sea que la virtud está en el justo medio. Desde esta perspectiva el hombre ideal es el hombre medio con respecto al cual los demás son anormales, especialmente los perversos. En la narrativa de Feliciano Padilla, “Pedro Ascaroso” o Dr. Calibre 48 es la expresión del perverso, el individuo en quien algo está pervertido y que manifiesta su perversidad por medio de actos perversos como invitar a las señoritas a realizar una orgía colectiva a cambio de unas notas de asignatura. Así pues, la perversión designa en un primer momento la desviación en contra de la naturaleza. En esta misma lógica que subyace nuestro análisis, Marcolina también es la representación de la perversión masculina en femenina; es decir para unos modelos de crítica literaria, pero para otros como el feminismo radical, los estudios contemporáneos del género, las teorías queer y de perspectiva homosexual son legítimamente válidas, y no son actos pervertidos, sino construcciones socioculturales en la mirada por ejemplo de Judith Butler. Lo que especifica en una mirada psicoanalítica la perversidad no es competencia de la patología sino de un modelo de moral. En suma, la narrativa de padilla implícitamente muestra una apreciación moral de la inmoralidad, o sea en “La bella Marcolina” nos presenta “una opción inmoral” sobre la cual irónicamente hace “una apreciación moral”.

El itinerario que hemos mostrado hasta aquí, era a partir de estos dos relatos presentar representaciones de la subversión y la perversión. Pero lo que nos interesa a partir de este cotejo es presentar una nueva reflexión analítica: la transgresión. La misma que nos permite señalar que tanto la subversión y la perversión definen a la transgresión. Se trata de confrontaciones con lo establecido y convencional, con lo legitimado desde el poder y con lo aprobado y normado como correcto por la sociedad en las prácticas cotidianas. Si es una ley divina, entonces la transgresión es pecado; si se trata de una ley moral, la transgresión es una falta; si de lo que se narra es de la ley civil, la transgresión es un crimen o un delito; si de ley política, en ese caso la transgresión constituye un acto subversivo. Entonces lo que se pervierte son las normas, especialmente las normas sociales. La perversión que se transgrede es una liberación. Así mismo, la subversión puede movilizar a la perversión, a condición de que se definiera la perversión de una manera reducida, únicamente por la transgresión, y a la vez de una manera amplia, por la transgresión de toda norma.

Finalmente Feliciano Padilla, nos muestra en su literatura una perversión subversiva, sobre todo cuando se inscribe en la subversión. La perversión se vuelve subversiva cuando niega toda realidad en tanto que normativizada, y la norma misma en tanto que expresión del sistema. Así pues, cuando la desviación es, por una parte, consciente, es impugnación y provocadora sobre todo cuando nos invita a tomar conciencia del sistema y de lo que es a la vez intolerable y vulnerable. Y todo eso es sencillamente transgresión.

Fuente: TOTORIA Nº 03 del diario "Los Andes"
Posted by Picasa

1 comentario:

FRANCIS dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.