lunes, enero 23, 2012

Las farsas de la historia del Perú


Hace poco en Chile, el gobierno de Sebastián Piñera quiso quitarle al régimen de Pinochet el bien ganado título de dictadura. Pero si revisamos los textos que leen nuestros escolares comprobaremos que aquí la mentira cunde, el encubrimiento campea y la distorsión histórica parece una norma.

Claudia  Blanco

Más que pintar un retrato del pasado, la Historia, así con mayúsculas, suele “contar el cuento”. Que la historia chilena oficial haya intentado llamar a una dictadura sanguinaria como la Pinochet simplemente “régimen militar” es el episodio más reciente pero no el único ni el último. Tapar las miserias propias es una tentación a la que no se han resistido ni los más poderos Estados ni los más pequeños países. El Perú no ha sido la excepción y los textos escolares son el fiel reflejo de una realidad contada a medias.

Ya desde la remota etapa de la emancipación, las versiones que incluyen los libros suelen omitir convenientemente las deshonras. La referencia a las intensas divisiones internas entre los nacionales que defendían la corona española es escueta e inexistente. Tal como expresa Basadre en sus textos, más que una guerra por la emancipación era vista como una guerra civil en la que uno podía tomar partido por cualquiera de los bandos. No queda claro en los textos escolares que no fue, entonces, el triunfo de la unión nacional lo que gestó la libertad. “Un tema profundamente incómodo es el hecho de que la independencia no fue hecha por peruanos. La historia oficial lo que ha tratado es de levantar a próceres y precursores que, por lo general, solo fueron conspiradores pero nunca llegaron a generar un movimiento libertario concreto. Hubo participación peruana apoyando a San Martín o Bolívar, pero siempre en posición subordinada”, dice el historiador Nelson Manrique. “Pocos quieren reconocer que la independencia fue, al final, una lucha fratricida”, dice Hernán Alvarado, educador y editor de Lima. Por incómodo y vergonzoso se silencia también que uno de los primeros presidentes del Perú, José de la Riva Agüero fuera descubierto por Bolívar haciendo negociaciones clandestinas con los realistas para una salida que incluyera un gobierno monárquico constitucional.

Este no sería el único episodio olvidado. En general, los textos optaron por quedarse con el lado menos oscuro de sus personajes. Como en el caso de Ramón Castilla, calificado en algunos textos escolares como un patriota con gran visión de futuro. Poco o nada se menciona sobre su pasado realista y su posterior conversión al ideario patriótico. Y de sus dos gobiernos se destacan las numerosas obras y la bonanza estatal a causa del auge del guano, pero poco se analiza la incontenible corrupción y los despilfarros que dejó el pago de la deuda interna. “Muchos papeles firmados para el pago a los que aportaron al proceso independentista se empezaron a fabricar. Si la deuda real era de 7 millones se pagó 24 millones”, dice Manrique.

Pero el capítulo que más se ha tratado de reescribir es el de la guerra con Chile. Aunque la cobardía y deserción del presidente Mariano Ignacio Prado es un hecho indiscutible, en los textos aún se usa el resumen encubridor o la tibieza para tratar un tema tan infeliz. “A finales de 1879, el presidente Prado salió del país con el fin de dirigir la compra de armamento en Europa. Esto fue considerado por Nicolás de Piérola como una traición. En esas circunstancias, este caudillo depuso al presidente La Puerta y decretó la dictadura”, dice escuetamente el texto escolar “Ciencias Sociales”, de Santillana, que usan los jóvenes de cuarto de secundaria de los colegios públicos. La historia real o la versión completa es que ese diciembre de 1879, Prado utilizó una resolución emitida por el Congreso para fines concretos y escapó a París como un felón que tenía estrechas relaciones con los chilenos y que su nombre aparece en los registros de pagos de una planilla de generales chilenos.

Sobre esta etapa de la historia se oculta la división interna que existía en el país. Así lo describe la historiadora Carmen Mc Evoy en una entrevista concedida en Chile a propósito de la presentación de su nuevo libro “Guerreros civilizadores”, que narra los años de conflicto desde la perspectiva chilena. “No cabe duda de que la guerra desnudó las profundas factura de la sociedad peruana a medio siglo de vida independiente. Como es obvio, el problema de construir una “peruanidad” cohesionada no ha sido sencillo posteriormente”, dice Mc Evoy en esa entrevista. La actuación de la clase alta peruana y, sobre todo, de la clase dirigente fue determinante en la derrota que marcaría al Perú para siempre. “En plena ocupación tenemos profunda divisiones y pugnas por el poder. Se sucedieron cuatro presidentes en menos de cuatro años. Es una de las razones que explican meridianamente la derrota”, dice Manrique.

Precisamente Nicolás de Piérola, que luego gobernaría entre 1895 y 1899, es uno de los personajes históricos mejor tratados por la historia a pesar de que su actuación lindó con el desastre. Su nefasta participación durante la guerra con Chile podría colocarlo entre los personajes que más daño ha causado al Perú: antes del estallido de la aguerra del Pacífico, Nicolás de Piérola regresó de Chile desde donde había hecho, con éxito, todos los intento para desestabilizar la política peruana. Vanidoso hasta la enfermedad y celoso de los méritos ajenos, Piérola cortó el apoyo y abastecimiento al ejército del sur preocupado porque la figura de Lizardo Montero, hombre con el que había combatía y lo había derrotado en enfrentamientos pasados, pudiera opacar su permanencia en el poder. Sin embargo, en los textos, nada se dice a esta flagrante traición a los intereses del país.

Tras los años de la República aristocrática y del dominio de los terratenientes, la llegada de Leguía al poder parecía significar un cambio positivo. Así lo reseñan los libros, que de su periodo recuerdan las obras y no tanto su teatral personalismo y su vena dictatorial. Aunque no se mencione detalladamente, el de Leguía fue un gobierno caracterizado por la contradicción entre su discurso y los hechos: aunque se proclamó indigenista, es en su gobierno en el que se produce la mayor represión contra los indígenas y en el que, a partir de 1924 se da una de las leyes más crueles contra los derechos de éstos: La Ley de Conscripción Vial por la cual los indios estaban obligados a trabajar gratuitamente para el Estado en la construcción de carreteras.

Otro de los casos en los que la historia ha sido benigna es el de Manuel A. Odría. Aunque su gobierno fue autoritario, corrupto y asesino, lo que resaltan los textos es la lista de obras que dejó para el pueblo. “Mató apristas, deportó, torturó, pero salió bien parado. Odría hizo un trabajo populista a nivel de las barriadas y realizó obra porque hubo estabilidad y bonanza en esa época. Es la misma razón por la que Castilla es recordado como un buen presidente”, comenta Manrique. “Lamentablemente, en los textos escolares el estudio de los diferentes gobiernos se limita a un inventario de obras, sin ahondar en una aproximación crítica”, dice Alvarado.

Pocos gobiernos han sido tan plagados de mitos y mentiras discutibles como el de Juan Velasco Alvarado. A sus reformas se les calificó como las grandes causantes de los males del Perú. Lo cierto es que la verdadera amenaza que vieron venir no era precisamente la económica. “Si Velasco se convirtió en la bestia negra de la derecha peruana, es porque trató la cuestión étnico racial. Hay mentiras gruesas como la que afirma que la reforma agraria es culpable de la crisis del agro nacional. Lo cierto es que para cuando Velasco dio el golpe las exportaciones agrarias eran solo el 16%, ya habían caído del 55% en poco más de una década. La crisis era un hecho y la reforma lo que hizo fue continuar con un proceso ya en curso”, dice el historiador Nelson Manrique.

Sobre el gobierno de Fujimori hay también referencias polémicas. Un informe del Instituto de Pedagogía Popular, de diciembre del 2007, da cuenta del tratamiento que se le da al gobierno de los noventa en los textos escolares.

Del libro “Historia del Perú” de Guido Águila Grados que se usaba entre los estudiantes de colegios particulares, se menciona que no solo hace una descripción minuciosa del primer y segundo gobierno de Fujimori, sino que evita, delicadamente, calificativos críticos. Además, menciona que se incoluyen expresiones como que “se logró reinserción económica del país en el mundo financiero por las buenas relaciones del Perú con el Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo, Fondo Monetario internacional y Club de París”, e incluso que fue “medida histórica” el “disolver temporalmente el congreso de la república”.

Según Manrique, lograr que la historia escrita refleje la realidad es un reto con amplias dificultades. “El poder siempre va a tratar de reescribir la historia en función en de sus propios intereses. Al final, la investigación histórica es un espacio de lucha por preservar la memoria. Parte de lo que se debe afrontar es ese vacío de memoria histórica que debe proyectarnos al futuro. Porque un pueblo que no sabe de dónde viene, no sabe a dónde va”. Vale la pena empezar, por lo menos, a intentar.


Tomado de “Hildebrandt en sus trece” Nº 90, pág. 19.



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