sábado, setiembre 02, 2006

Fútbol, poder y pasión redonda.



<Walter Paz Quispe Santos

Fue creado e ideado por los ingleses, se propagó como la mala hierba por todo el mundo, se hicieron de él todos los continentes sin excepción. Cierto, el fútbol, es la única religión sin ateos, y se encuentra mas globalizado que la papa, porque lo practican ricos y pobres, blancos, negros, amarillos, rojos, etc., que más da, hasta se ha hecho de Dios futbolista o sino recordemos la mano de Maradona que se dice es la de Dios

Hoy que existen condiciones muy oportunas para hablar de ella – vivimos la pasión de un campeonato del mundo- hablemos del poder político, económico y tribal que acarrea. Sin duda, este deporte gracias a la televisión convierte al mundo en un solo estadio y nos sienta a todos a verlo. Allí comprobamos que el fútbol ya entró en la era capitalista y el modelo económico con el que funciona.

Al igual que la ONU, el fútbol concentra su imperio en la FIFA. Casi 247 millones de personas juegan al fútbol y esto supone un cuatro por ciento de la población del planeta. La FIFA representa a 207 federaciones nacionales, 16 más que el número de estados miembros de la ONU. Y como si fuera poco, la FIFA ha conseguido el éxito de hacer participar a China y Taiwán en una misma instancia internacional. Así mismo seis confederaciones de la FIFA gestionan la práctica de este deporte en Asia (AFC), África (CAF), Europa (UEFA), Oceanía (OFC), y dos por América (CONMEBOL, CONCACAF). Si la FIFA fuera un país sería la quinta nación del mundo en cuanto a población.

El fútbol siempre ha sido atractivo para la televisión en términos de audiencia por lo que aporta importantes cantidades de dinero. Más de 110 millones de viviendas poseen televisores para recibir partidos de pago por visión. En el año 2002, las cadenas europeas dedicaron 3.900 millones de euros al pago de derechos de transmisión del fútbol de un total de 5.500 millones en conceptos de trasmisiones deportivas. Hoy en día los medios de comunicación constituyen la mayor fuente de financiación y proporcionan casi la mitad de los ingresos de los principales equipos de fútbol europeos.

Los beneficios de los clubes más ricos del mundo superaron en el 2005 los 3.000 millones de euros. El Real Madrid, con 257,7 millones encabeza el ranking. Le sigue el Manchester United con 264,4 millones, luego vienen el A.C. Milán con 234 millones, la Juventus con 229,4, el Chelsea con 220,8, el F.C. Barcelona con 207,9, seguido del Bayern Munich con 189,5, Liverpool, el Inter, Arsenal, Roma, Newcastle, etc. Como vera amigo/a lector/a, el gran negocio del fútbol sólo de ingresos por derechos de retransmisión y venta de entradas y productos se concentra sólo en catorce ciudades de cinco países de Europa: Madrid, Valencia, Barcelona, Lyon, Turín, Roma, Milán, Munich, Gelsenkirchen, Londres, Liverpool, Manchester, Newcastle, Glasgow. En este negocio, nuestros mejores equipos latinoamericanos no cuentan, ni mencionar los peruanos que subsisten con una inversión de sobrevivencia, y mucho peor de los nuestros como el Unión Carolina que vive de las cuotas de los padres de familia del colegio Unidad San Carlos, o el Santiago Miraflores de Acora que ahí va gracias al entusiasmo de un dirigente. A todo esto la FIFA en el ejercicio de 2004 tuvo unos beneficios de 127 millones de dólares. ¡Un verdadero negocio¡.

Sólo el fútbol puede escapar a la dominación estadounidense, si los norteamericanos son todopoderosos en las tecnologías Silicon Valley, la Bolsa del Wall Street, el poder de la casa blanca, el cine de Hollywood, la información de la CNN, y casi en todo. No lo son en el fútbol porque aun siguen sin saber exactamente cuando acaba un partido, por que hay muchos empates, los desbarajustes en el campo y eso de las aficiones violentas. En este caso la superpotencia es Brasil, donde el fútbol se bebe desde el pecho de la madre. Solo que los nuevos crakcs brasileños y sudamericanos se debaten entre la patria y el patrón, y los juveniles se encuentran en manos de contratistas que se lo llevan a Europa a precios inalcanzables.

Si hay algo igualador en este deporte, es que es el único lugar en el que brasileños o argentinos y millones de latinoamericanos más que se identifican con ellos, miran con ciertos aires de suficiencia a la Europa Central. Es que ante tanta desigualdad y crisis políticas el fútbol es nuestro mejor catalizador, y generadora de cohesión social, así como mediadora de la construcción de nuestras identidades nacionales y continentales. Sin duda, el estadio se convierte en el teatro donde se escenifica la nación, simbolizada por la bandera, los colores de la camiseta y el himno nacional.

Finalmente, el fútbol es el único deporte auténticamente global que a diferencia de otros se ha ido extendiendo por todo el planeta pacíficamente y sin imposiciones coercitivas. Su imperio no conoce fronteras ni límites y el único profundamente popular por el que los pueblos entusiastas aspiran efectivamente a ser conquistados y se esfuerzan denodadamente por convertirse en sus mejores exponentes. El mejor ejemplo es Irán donde las protestas contra la prohibición de que las mujeres puedan asistir a los estadios de fútbol se han convertido en centro de reivindicaciones femeninas.

Existe una película titulada “la copa” donde se observa la desesperación de dos jóvenes tibetanos en un monasterio de la india por ver la final del mundial 1998 entre Brasil y Francia. Después de muchos esfuerzos logran salir del monasterio para conseguir un televisor y al hacerlo convierten el monasterio que es un lugar para el recogimiento en un verdadero espacio de alegrías y explosión de emociones. Todos se olvidan del lugar exento de las tentaciones y pasiones “mundanas” y viven con frenesí la final. Se constata entonces que en los monasterios tibetanos el fútbol también es su religión. Ellos y los miles de espectadores en todos los rincones de nuestras patrias chicas de algún modo también han ganado su copa del mundo.

La universidad negocio.



Walter Paz Quispe Santos.

Algunas universidades peruanas han encontrado el momento actual como oportuno para valerse del mercado. Por eso, ponen sucursales en todas partes que parapetadas bajo el adjetivo de académico, buscan concentrar la mayor cantidad de estudiantes de todos los lados.

Allí confluyen por ejemplo los fracasados y desempleados, de carreras diferentes al de Educación para realizar la complementación “académica” por dos años, que se reducen a sábados y domingos. Y también los que no pudieron ingresar a las universidades del país, en las sucursales han encontrado la mejor forma de ingresar sin inconvenientes, sólo con pagar puntualmente el costo económico aseguran una aprobación de asignaturas que igualmente son una estafa intelectual.

Sin bibliotecas sólidas, ni profesores calificados; la universidad negocio se alza como una modalidad mediocre e irresponsable, y reparte “títulos y grados” como casinos o naipes, al mejor postor. Así nuestra región se ha inundado de licenciados, magísteres y doctores para todos los gustos, en los que no se observan cambios cualitativos en lo profesional. A estas “universidades” no les preocupa la formación del futuro profesional, la investigación, ni los perfiles que se exige para desempeñar una carrera profesional. Basta con revisar el silabo del currículo que ofertan para demostrar que la miseria intelectual preside sus actividades.

Lo preocupante del asunto es comprobar que se pone mucho interés en la ganancia económica de los dueños, a los que eufemísticamente se les llama “promotores”. Mala denominación para ellos, porque no promueven nada. Al menos eso se ha comprobado de sucursales de universidades muy cuestionadas procedentes de Chimbote, Moquegua, y algunas poco serias de Lima y que no se encuentran ubicadas ni en el último lugar de los rankings de calidad.

En nombre de la mal empleada “autonomía universitaria” y concesiones de leyes mal planteadas para la iniciativa privada, las universidades negocio, solo contribuyen a aumentar la crisis de nuestro país y de nuestra región. Su aporte al desarrollo regional y el surandino es nada en lo económico y académico. No hay investigaciones serias y bien orientadas que hayan cooperado a nuestro desarrollo ni buenos profesionales egresados de esos artificios poco institucionales que valga la pena citar.

Es momento de pensar y repensar nuevamente la misión de la Universidad en el desarrollo nacional y regional, y preguntarnos: cuál es su razón de ser, su justificación, sentido y destino. Y plantear las formas de participación de las instituciones universitarias en la dilucidación y elucidación de nuestros imaginarios locales, regionales y nacionales. No podemos seguir concibiendo una universidad separada de nuestros proyectos de desarrollo, ni fomentar más islas que sólo contribuyen a empequeñecer más a la región y sus ciudadanos.

Entrar en la lógica del mercado no es malo. Las universidades en el mundo lo hacen: buscan dominar los mercados, poner sucursales y absorber y controlar instituciones que refuercen su prestigio y poder. Una biblioteca, un laboratorio, un canal de televisión, investigaciones locales y regionales presentadas en las revistas de divulgación científica, se conectan a bases de datos de información de calidad y cantidad, cualquier fondo presupuestal importante o proyectos de relumbrón. En sus interiores la pasión por el saber toma la forma de la pasión territorial, se asume las leyes del mercado y se dividen por carteles, se instituyen nuevas especialidades que merecen nombre, oficinas, laboratorios, personal y presupuesto propios.

En nuestro caso, la burocracia itinerante llamado universidad, todo se reduce a un trueque sencillo: dinero a cambio de un título o diploma. Los servicios no cuentan. La culminación de esta operación simple, es la universidad negocio que vende credenciales y hace decir a muchos puneños “eso que importa, lo que sirve al final es el título profesional”.

Es hora que los puneños exhibamos diplomas acreditados que nos den identidad, legitimidad profesionales bien ganados y no títulos obtenidos en instituciones de octava categoría.

La hegemonía del inglés y agonía del aimara y quechua.


Walter Paz Quispe Santos

El neoliberalismo como práctica económica, política, social y cultural impone el ingles como lengua predominante en el mundo en general y en Puno en particular, y condena al aimara y al quechua a padecer una lenta agonía en espera de su completa desaparición para después de muerta convertirla en un dato histórico.

La actitud y lealtad lingüística a una u otra lengua es distinta, al inglés se venera al hablarla, se exige aprenderla en la escuela, la universidad, y se pide como requisito para un puesto de trabajo, y en el habla castellana se masculla a través de los anglicismos hasta llegar al espanglish. Al aimara y el quechua se odia, se escupe con rabia en la escuela y muchos profesores y padres lo prohíben, no es requisito para el trabajo y los pocos monolingües aimaras y quechuas se convierten en bilingües a través del tiempo y el bilingüismo es signo y síntoma crónico de una muerte anunciada.

La posición hegemónica e imperialista del inglés está llevando a discriminar lingüística y culturalmente a grandes sectores de la población, reduciendo los espacios de uso y participación de otras lenguas diferentes y ancestrales como el aimara y quechua en distintos espacios como el comercio mundial, las organizaciones internacionales, la producción científica y la propia educación.

No sólo hay racismo cultural sino lingüístico. La discriminación hacia la persona que habla el aimara o quechua es normalmente patente, y los prejuicios relacionados con estas dos lenguas son un rasgo consecuente del habla día a día. Así somos los puneños de hoy desleales lingüísticamente, desmemoriados con nuestro pasado, y víctimas de una alienación cultural que coloniza y destruye lo propio e impone lo ajeno y extraño.

¿Y que hacen los nuestros por promocionar una política lingüística igualitaria como verdadera expresión democrática? Veamos: ¿El Ministerio de Educación?, con la educación bilingüe que promueve sólo contribuye a la desaparición de la lengua aimara y quechua, ya que el bilingüismo es un paso previo a la extinción de una lengua. ¿El gobierno regional? Es el más ignorante en políticas lingüísticas. ¿El municipio de Puno? Prefiere el cemento y fierro a la lengua identitaria ¿Las universidades? Ambas cuentan con un programa en el postgrado sobre Lingüística Andina, sin embargo, no hacen nada por normalizarlo y hacer que el dictado de las cátedras sea en estas lenguas, como lo practican otras universidades en el mundo con las condiciones similares. ¿Los medios de comunicación? Sólo se limitan a emitir programas matutinos y en las tardes. ¿Las empresas? Nada. ¿El comercio? Menos. ¿Y las demás instituciones? Absolutamente nada.
Las lenguas aimara y quechua son las que menos derechos tienen. Hasta las plantas han adquirido más derechos, por eso hoy se habla de conciencia ambiental, de no atentar contra la naturaleza. Es increíble observar que en una realidad plurilingüe como la nuestra la ausencia de políticas lingüísticas sea total. Así en una realidad neoliberal triunfante, todos actúan como neoliberales y se someten a un imperio mayor de la lengua corporativa estrictamente impuesta que funciona no sólo para reflejar el predominante orden de mercado y sus ideologías, sino también para producir un discurso positivista que acaba con las preocupaciones públicas sobre lo social y lo político.

Todos prefieren aprender el inglés porque lo asocian con el éxito y olvidar el aimara y quechua porque es parte del fracaso. – esa es la lógica de la enseñanza de la misma en la secundaria- Y esa percepción es engañosa. Sino veamos, el caso de los 30 millones de afroamericanos que hablan el ingles como lengua materna ya que les enseñaron bajo el sueño del éxito, y no salen de su condición infrahumana, lo mismo diríamos de los pakistaníes que aprendieron el inglés como segunda lengua y no logran salir del subdesarrollo.

Finalmente la falta de sentido crítico en la enseñanza del inglés es común, se ignora generalmente que al imponerse una lengua dominante al hablante subordinado se promueve una sensación de subordinación, porque se ignora que se sacrifica para ello al aimara, al quechua, su historia, las experiencias construidas con ella. Por lo tanto no se puede continuar enseñando el inglés sin planificación lingüística y convirtiendo así por excelencia en una herramienta de invasión cultural, con su monopolio de Internet, el comercio internacional, la diseminación de la cultura del celuloide, y su papel en la “Disneyficación” de las culturas aimara y quechua.

¿Quién se atreve a darle vida, darle oxigeno, a reanimar al aimara y quechua que agoniza, languidece y muere lentamente asfixiado sus últimos años en este siglo? ¿El gobierno peruano? ¿El gobierno regional? ¿Los rectores de nuestras dos universidades? ¿El director regional de educación? ¿Quién?

Hubo hace poco un sacerdote que se atrevió a levantarlo de la postración y convalecencia, escribió, habló, pensó, soñó, en aimara. Ese padre fue Domingo Llanque Chana fue el único que se atrevió a cruzar el fuego, los demás nos quedamos con miedo atrás colonizados por el poder y el saber imperialista para remedarlo, y mal.

La mentira populista y buen gobierno.





Walter Paz Quispe Santos.

Son muchos los “cuentos chinos”, es decir, las mentiras populistas que hemos venido escuchando de nuestros gobernantes y los aspirantes a serlo, sustentados en los viejos clichés, rótulos o estereotipos del populismo, que como lo señala el conocido Andrés Oppenheimer, siempre están presentes, siempre son derrotados y redivivos a pesar de esos fracasos.

No fueron menos mentirosos Ollanta Humala ni Alan García, en la última contienda electoral que al parecer estuvieron lejos de promover y prometer la capacidad de desarrollo de un país que en el presente siglo se sustenta en la certidumbre jurídica y la seguridad. La misma que puede expresarse de otro modo: no hay gobiernos de derecha, centro o izquierda, sino países que atraen capitales y países que los ahuyentan.

Tampoco lo es menos, Alejandro Toledo, quien hizo de la mentira un género, una demagogia socavada en la corrupción y que concluye para alegría de muchos peruanos y tristeza de los pocos toledistas que quedaron del sancochado político que usufructuó de los cargos públicos para traficar y enriquecerse.

Nada desmoraliza tanto a los electores como comprobar que aquellos a quienes han elegido en comicios libres estén dedicados a otros menesteres que el bien público y el buen gobierno. Ahora que existe un nuevo gobernante elegido, se le exige a la clase política, decencia política, y el partido de gobierno demuestre la dimensión pedagógica de la política donde exista coherencia entre el decir y el actuar. Porque en este país el decir o prometer algo, no se conoce ni reconoce con el actuar o cumplir lo prometido. Alan García conoce las consecuencias del mentir, y sobre todo los efectos de la demagogia populista. También Toledo y Humala probaron su amargo sabor. Además, el debate político del Perú ya no necesita más de Torres Callas, Pachecos ni Yanaricos que administraron Puno como una tienda de abarrotes antes que una región próspera y con desarrollo sostenible porque no entendieron las tensiones básicas de estos tiempos nuevos. Y todo, debido a la ausencia de una auténtica formación política y valores públicos sólidos.

Llegar a conclusiones claras sobre por qué algunos países de América Latina se están desarrollando y otros no y también las regiones de nuestro país, es constatar las propuestas serias y responsables de políticos capaces y el cumplimiento de las mismas. Por ejemplo, se conoce muy bien de los países y regiones que están reduciendo la pobreza y otros que continúan contando “cuentos chinos”.

Mientras tanto, el escenario mundial del siglo XXI según los economistas, tendrá tres bloques comerciales: el asiático, basado en China, que el 2007 entrará a un acuerdo de libre comercio con los países del Asia; el de la Unión Europea, con sus mas de veinticinco países; y el de América del Norte: Canadá, Estados Unidos y México, asociado con Centroamérica, y Chile. Son países que ya no están para los cuentos chinos y que entienden que sólo la inversión, productividad y competitividad ayudan a reducir la pobreza.

Acceder a esos mercados es clave, no lo haremos cerrando los Mc Donald´s a lo Chávez, o nacionalizando Hidrocarburos a lo Evo Morales. Al menos así lo entendieron los chinos que aun siendo un sistema comunista abren las puertas a más Mc Donald´s, asumiendo el pragmatismo y proyectándose así como una de las potencias emergentes. No se quedaron atrás los irlandeses que por muchos años fueron considerados los latinoamericanos de Europa, hoy ellos comprenden que no bastaba producir la materia prima como la madera, sino transformarlo, hicieron muebles de diseño, luego pasaron a producir diseños industriales, y enseguida vino los diseños de celulares, y ahora tienen la economía más sólida del mundo.

Aquí en Europa si te sirves una taza de café te cobran tres euros, tres centavos van al productor de café. El 99% de esa taza va al productor de la ingeniería genética de la semilla, al distribuidor, al que hace el mercadeo, el empaque, el envío, la publicidad, es decir, todo lo que se conoce como economía del conocimiento. Y nosotros los peruanos aun no hemos pasado de las materias primas, tenemos colegios agroindustriales sin infraestructura, institutos tecnológicos obsoletos y universidades “técnicas” sin tecnología que no generan empresas de servicios y alta tecnología.

La clase política actual –compuesta por nacionalistas, apristas, fujimoristas, y social demócratas cristianos – debe comprender que no se puede pretender resolver los problemas actuales de nuestro país con ideas del siglo XIX. Ya nuestros economistas y sociólogos nos han dicho que como país somos inviables. ¿Lo seguiremos siendo?

viernes, setiembre 01, 2006

Como el cangrejo: reculadas institucionales de la educación regional.





Walter Paz Quispe Santos


Como el cangrejo.

El Gobierno Regional es una vaca sagrada en cuanto a decisiones de políticas públicas para el sector educación, a pesar de que es un monumento a la ineficiencia, una receta para el atraso, el estancamiento educativo y ejemplo escandaloso de falta de rendición de cuentas. ¿Es acaso el cangrejo el animal totémico que podría muy bien representarlo? El cangrejo tiene los movimientos retrógrados y se dice de él que impide el progreso de sus congéneres. Si juzgamos el rol que cumplen en la sociedad puneña a partir de una evaluación de sus acciones comprobaremos que son más los retrocesos que los avances orientados a resolver los problemas sociales y educativos, a satisfacer las demandas y expectativas de la población. La gente está harta de un gobierno regional que gasta más y presta menos servicios, frustrada por una burocracia sobre la que no tiene ningún control, y cansada de las políticas sectoriales improvisadas y la corrupción de algunos de sus funcionarios.

MARQA y el Proyecto Educativo Regional.

Entre trilladas consignas como “autonomía de quechuas y aimaras”, felices de prodigar una retórica untuosa, vacía, rácana la actual clase política regional cual aprendices de brujo que receta brebajes milagrosos y medicinas caducas emprende de manera irresponsable la construcción de un proyecto educativo regional; es decir, el destino de la educación puneña. Y aunque parezca increíble lo hace de la peor forma: ordenan que la Dirección Regional de Educación lo “haga” y asumen como es habitual en ellos una actitud fiscalizadora sin que les tiemble el pulso y cuestionan el proyecto educativo en mención. Ponen en ridículo a la otra institución que depende de ellos, a la que debieron orientar, patrocinar, dirigir, capacitar, monitorear, etc. Pero no. Recurrieron a lo más fácil como es “lavarse las manos”. Conocemos de muy buena fuente que el proyecto educativo lo elaboraron dos profesores en la DREP mediante destaque de personal y claro con las limitaciones de comprensión de la complejidad de la realidad educativa puneña, hicieron lo que pudieron: “un dossier monográfico” de la educación de Puno.

La Región tiene una basta experiencia educativa y con buenos resultados que el mal llamado proyecto educativo ignora y desestima. Para quienes elaboraron el mencionado proyecto no sirven de nada las ideas de Telesforo Catacora, María Asunción Galindo, José Antonio Encinas, José Portugal Catacora, Emilio Vasquez, hasta el mismo Gamaliel Churata; la actualidad del pensamiento de estos puneños ilustres está más que demostrada.

Un gobierno Regional que se ufana de reinvindicar la “autonomía” quechua y aimara, carece de políticas culturales; y por tanto, la educación regional no responde a reflexiones antropológicas, sociales y políticas de la multiculturalidad. Las culturas altiplanicas y de ceja de selva no son el soporte ni andamiaje de la escolaridad, ni la pedagogía, ni el bilingüismo, ni nada. Las políticas y el proyecto educativo regional por lo tanto, son verdaderos cuentos chinos elaborados con elocuentes paráfrasis y eufemismos y extrapolaciones abusivas de algunas modas educativas actuales y calco de otros proyectos regionales del país. Mencionaré algunos aspectos centrales que requieren decisiones inmediatas: el analfabetismo desde hace mas de dos décadas que no se reduce, la desnutrición infantil sigue condicionando el desarrollo humano de la región, las lenguas quechua y aimara han entrado en un proceso severo de extinción, la vinculación de los centros educativos y los sistemas productivos, y la monografía llamado proyecto obvia esas necesidades. Sólo un abordaje multidisciplinario hará coherente cualquier esfuerzo de construcción de un proyecto educativo legítimo y consensuado, esto en términos prácticos significa que Agricultura, Salud, y Educación se sienten juntas en una mesa y discutan como se articularán en torno a la idea del puneño que se busca para el futuro.

¿Y la corrupción de los militantes?

Un tema que se aborda sutilmente o no se quiere abordar con la energía suficiente es la corrupción del militante del movimiento o partido de gobierno. Cualquier ciudadano siente inmediatamente una profunda irritación cuando escucha la palabra “corrupción” y asocia a ella todo abuso de poder. Un acto de corrupción implica la violación de un deber posicional. Quienes se corrompen transgreden, por activa o por pasiva, o provocan la transgresión de algunas de las reglas que rigen el cargo que ostentan o la función que cumplen. Las denuncias constantes del actuar de algunos directores de UGELs tal es el caso de Lampa, o el caso de Azangaro, por citar algunos ejemplos demuestran que el gobierno regional no tiene voluntad política para combatirlo; y claro, porque están ocupados por militantes de MARQA. Es lamentable decirlo, para el gobierno regional sólo el clientelaje político es prioridad.

La corrupción en la administración pública provoca impotencia y frustración sobre todo entre los funcionarios honestos porque los hay muchos – y no todos por supuesto-, y ya sea porque la corrupción es un elemento contagioso o sea debido a que resulta muy difícil combatirla muchos de ellos deciden sumarse a esas prácticas o abandonar la administración. Se pierde así a los mejores integrantes del sector público. Además, muchas acciones corruptas no permiten la ejecución eficaz de muchas políticas públicas.

El gobierno regional: descrédito que cala hondo y la necesidad de reinventarlo.

El gobierno regional es el mecanismo que empleamos para adoptar decisiones que afectan a la comunidad, sobre todo en temas educacionales: ¿qué tipo de educación impartir a nuestros hijos? Es la manera en que proporcionamos servicios en beneficio de nuestro pueblo, por ejemplo la aspiración de una educación de calidad; también la manera como resolvemos problemas colectivos con que nos enfrentamos como por ejemplo el analfabetismo y ¿Cómo resolveremos estos problemas? Mediante la acción colectiva y a través de un gobierno.

El gobierno regional con sus extensas burocracias centralizadas y estandarizadas y sus servicios “de la misma magnitud para todas las cosas” no está a la altura de los desafíos que exige la sociedad actual. La confianza en el gobierno regional ha caído a niveles desconocidos, basta con verificar las distintas encuestas de opinión de los medios de información para comprobar que la falta de credibilidad y el desprestigio son lugares comunes en la institucionalidad regional y sectorial.

Un aspecto central a redefinir es su papel tradicional, y la mejor forma de hacerlo es convertirse en catalizador. Necesita redescubrirse más en la definición de problemas educativos y de reunir luego recursos para que otros los utilicen en la solución de estos problemas. Por eso era necesario su liderazgo en la elaboración del Proyecto Educativo Regional y no desentenderse del mismo. Como dicen algunos, la tarea del gobierno consiste en llevar el timón de la nave no en remar. Prestar servicios es remar, y el gobierno regional no es bueno remando. Que lo realicen otros, para eso puede dar concesiones, asistencia técnica, convenios, asociaciones público privadas, corporaciones, etc. Así como manejar la idea de un gobierno regional como propiedad de la comunidad puneña ayuda a entender que es mejor facultar que servir directamente, es decir, sacar la propiedad de la burocracia y llevarla a la comunidad, luego se necesita inyectar competitividad en la prestación de servicios: la ventaja más evidente de la competencia es una mayor eficiencia, mejor aprovechamiento del presupuesto público.

Sin duda un gobierno regional inspirado en objetivos y dirigido a los resultados es más eficiente que los gobiernos organizados en torno a reglas. Lo que se observa es que los programas burocráticos, es que, a pesar de todas sus reglas y de todo papeleo, tienen muy poco contacto con lo que verdaderamente le sucede a la gente a la que sirve. Así un proyecto educativo sólo sirve para justificar su existencia en el gabinete o en una base de datos. Es mejor financiar los resultados que los datos.

Por otro lado necesitamos un gobierno regional inspirado en el educando puneño, para satisfacer sus necesidades y no las de la burocracia. Eso supone el conocimiento de las necesidades e intereses de la población puneña, así como su naturaleza ecológica, histórica, socio cultural, por eso partir de la elaboración de un diagnostico de necesidades es vital para empezar toda tarea de planificación y previsión del devenir educativo.

Necesidad de una cultura de la evaluación.

Las políticas educativas y un proyecto educativo regional necesitan evaluarse. Eso supone practicar una cultura de la evaluación, porque permite conocer qué esta ocurriendo dentro de ella, si en sus programas se están logrando o no, las metas deseadas y cuál es la adecuación e impacto de su acción para su mercado. La finalidad de una evaluación es ayudar a quienes tienen la responsabilidad de planificar y tomar decisiones, a favor de mejorar y potenciar el gobierno regional y los programas o las políticas educativas. También se fundan en la necesidad de la propia continuidad de las políticas públicas para la formulación y el desarrollo de nuevas políticas.

Por ejemplo si asumimos un gobierno regional inspirado en objetivos es importante practicar la evaluación de los objetivos previstos, y también los imprevistos. Evaluar los efectos causados en la población objeto de las políticas y programas nos ayudará una evaluación de resultados y también es importante medir el impacto del mismo. La evaluación de la efectividad es decir, la consecución de los efectos que se buscaban y la evaluación de la eficiencia, es decir el logro de los objetivos en relación a la asignación óptima de recursos nos brindará la idea de la funcionalidad del proyecto educativo.

También no debemos olvidar sobre todas la cosas, la evaluación económica: la de coste – beneficio que ayuda a evaluar monetariamente el objeto, o la del coste – efectividad que nos permiten evaluar los costes del objeto y la efectividad y también la evaluación coste – utilidad que nos permiten verificar los resultados en relación a unas categorías de utilidad. Hay muchas evaluaciones más: de seguimiento, de cobertura, de necesidades, de indicadores, de calidad, de personal y una metaevaluación.

Finalmente, no escribo para zaherir funcionarios públicos, sino para dar cuenta de cómo se encuentra el gobierno regional en temas educativos, y cómo los trata. Y la figura del cangrejo es la que mejor expresa su actitud frente a ellos. La educación regional por así decirlo, sigue siendo la cenicienta que espera su oportunidad. A veces se piensa que la batalla es contra los burócratas, no son en verdad ellos nuestro objetivo sino las burocracias. Conozco a muchos funcionarios con los que compartí verdaderas experiencias educacionales, y eran personas responsables, talentosas, dedicadas, pero atrapadas en sistemas arcaicos que frustraban su creatividad y absorbían su energía. Creemos que esta situación puede cambiar y sobre todo cuando se expresa una voluntad política y se tiene amor por los niños y adolescentes. Y sobre todo cuando los políticos regionales se sacudan de sus viejas imposturas y dejen de actuar con alevosía y ventajismo y desde los intereses de un movimiento político.

La poesía construye también la ciudad.






Walter Paz Quispe Santos


Los poetas no tenemos temas sino estados de ánimo. La poesía es una manera de fijar y de ordenar emocionalmente esos ritmos o pulsaciones de nuestras vidas. Y el poema es siempre una carta de amor a la tierra que nos vio nacer. La grandeza de la poesía consiste precisamente en que a través de ella podemos imaginarlo grande y en permanente crecimiento espiritual. La poesía también es un verdadero programa político de fe, un acto de cambio social y un modo de imaginar la felicidad. Sino recordemos el mayo francés del 68 donde se recurrió a la poesía para combatir las iniquidades sociales, la frustración y el estancamiento cultural, o la reivindicación del indio por parte del grupo orkopata en la década del 20 del siglo pasado.

La poesía funciona siempre para la sociedad y para el poeta como la construcción de un mundo alternativo, como la expresión de cierto deseo de lo nuevo, de una voluntad por subvertir el estado de las cosas, y de promover un universo diferente. Es que los poetas tienen cien veces más sentido común que los políticos, imaginando la realidad encuentran más verdades posibles que las que plantean los políticos empeñados en la demagogia y la informalidad.

¿Pertenece la poesía, al poder entendido como un acto de voluntad y civilización, a la cultura también entendida como poder? Verdaderamente la poesía no puede estar encasillada en un programa político corriente, o servir a ella, como ocurrió con los marxismos o los cristianismos. La poesía parametrada siempre ha envejecido de intrascendencia o ha muerto pecadora de mucho servilismo. Pero así como existe la poesía prestidigitada y servil, también existe una poesía política que ha construido verdaderos imaginarios sociales, culturales, políticos en relación participativa con los “espacios públicos” como son la nación, el país, el Estado, el pueblo, la cultura, la rebelión, la subversión, etc. Sino revisemos el gran proyecto que tuvo Gamaliel Churata con “El Pez de Oro” de construir un nuevo hombre amerindio que se comunique a través de una lengua híbrida producto de la mezcla del quechua, aimara y el castellano. Una mirada atenta a la poesía -y también la música puneña- desde la colonia hasta nuestros días nos harán mirar que buena parte de la imaginación poética se debatió en categorías cartográficas. Mapas y metamapas que se disputan metafóricamente la geometrización de la ciudad. Es decir, palabras y categorías abrumadoramente espaciales: líneas, redes, segmentos, flujos, reflujos, errancias, capilaridades, transversalidades sobre aldeas y pueblos, ríos y lagos, cerros y pampas, alturas y llanuras, etc.

Ciertamente Platón dudaba de la función de la poesía en la República posible, pero Gamaliel Churata y Carlos Oquendo de Amat no. Esta muy claro que el proyecto más urgente para estos poetas consistió en aprender a pensar razones o topoi y no Razón. Pensar desde los topoi ha de resultar, sin duda, un gratificante ejercicio de futurismo sobre todo para una ciudad imaginada o real. Para comprender mejor nuestras disquisiciones una aclaración es necesaria: hacer poesía no es hacer política, ni hacer política es hacer poesía. Son dos actividades diferentes con finalidades diferentes. Sin embargo, eso no significa que la poesía tenga su dimensión política, así como la política tenga su dimensión poética. Hay poemas que son verdaderos manifiestos políticos revolucionarios y discursos políticos que son verdaderos ensayos poéticos.

La palabra Puno, cuya referencia inmediata es la ciudad o la región, no sólo se entiende mejor desde una perspectiva geográfica, como estamos acostumbrados a hacerlo “somos puneños” o “poesía puneña” tampoco desde una visión lingüística: “somos aimaras”, “poesía aimara” “poesía quechua” sino es mejor entenderlo desde una dimensión mayor que es la histórico cultural. En ese sentido, nuestros poetas siguen entendiendo la poesía como un acto supremo, una metáfora encarnada en la Historia dotando a la realidad de un poder imaginario superior que redundaría a favor de esa dimensión andina. De ahí los momentos destacados en que la poesía se hace visible: “el indigenismo poético” por ejemplo, o la cotidianeidad y lo coloquial de la poesía del la generación denominada “Oquendo de Amat” hasta las últimas producciones poéticas del 90 donde la poesía estuvo signada por la defensa de la vida frente al caos, la desolación de la violencia que vivió el país.

La poesía como necesidad estructurante de la puneñidad y el puneñismo, o la andinidad y el andinismo, así como un factor movilizador de una nueva cartografía de lo imaginario tiene legitimidad en la sociedad actual, y es así como se ha institucionalizado la literatura puneña. Un breve canon de nuestra poesía puneña ciertamente recurriría a esos prototipos temáticos como criterio selectivo. Al menos las pocas antologías existentes responden a esa cohorte cronológica y temática.

Ahora que vivimos el tiempo electoral y la preocupación por la ciudad es la condición sine qua non en el debate político y persuasivo, el discurso sobre el espacio irrumpe poderosamente en los diseños de la vida cotidiana de los pobres puneños y su clase media empobrecida, el paisajismo andino, los sueños cosmopolitanos de una arquitectura moralizante, el ordenamiento como en las grandes ciudades europeas o norteamericanas, los proyectos de lugares fabriles, familiares, escolares, mercantiles, carcelarios, psiquiátricos, y demás devaneos; nos damos cuenta que el espacio se convierte en polis que se pone al servicio de la ciudad; entonces recuerdo la poética del espacio de Bacherlard y sus intentos de elaborar los principios de una imaginación material en la que la ensoñación poética, estado intermedio entre el sueño y la vigilia, trabaja a partir de la sustancia que transfieren los cuatro elementos: fuego, agua, tierra, aire, que según él son las hormonas de la imaginación. Y pienso una vez más en la poesía como un sueño de las imágenes de la materia y a la belleza formal como un ropaje que adorna la más profunda y oculta sustancia material.

En tanto, dentro de los modos de ver Puno, existen dos que me parecen significativos. Una es cuando nos subimos a un avión y podemos observar la región desde todos los ángulos: y comprobaremos que los pueblos se han levantado alrededor de un río o el lago titicaca, así surge en nosotros la noción de cuenca, que es muy útil a la hora de imaginar alguna forma de desarrollo; y la otra, es cuando subimos al cerro Azoguini y al mirar la ciudad comprobamos que Puno parece una ciudad en construcción, vemos por todos sus rededores ladrillo y cemento mas fierro, y luego imaginamos una ciudad que se levanta después de haber sido sacudido por un terremoto, pero no es así, sino que Puno se ha convertido en caricatura de las grandes ciudades sin personalidad colectiva. Lo que necesita cambiarse si se quiere ser un potencial turístico y cultural.

Y claro, como lo podrá advertir el lector, motivan estas líneas la candidatura de Boris Espezúa Salmón, poeta del 80 al Municipio de Puno, y nos ponemos a imaginar la posibilidad de la cultura y la cultura posible. Algo que los políticos con saco y corbata olvidan siempre. No es la primera vez que en nuestro país la poesía quiera tomar el poder o derribarla. Y si en nuestra bárbara civilización hemos hecho de los poetas en símil de dandy hasta de bohemio, ahora podemos hacer un símil de burgomaestre en contra de los artefactos platónicos o las zancadillas aristotélicas. Ánimo Boris mi voto será siempre por la poesía y los poetas.

Hipertexto y ausencias puneñas.




Walter Paz Quispe Santos.

Internet es el medio de comunicación esencial en la era de la información y por primera vez en la historia permite la comunicación instantánea de muchos a muchos. En nuestra ciudad en los pocos años de haberse extendido ha penetrado profundamente nuestra forma de trabajar, de informarnos, de relacionarnos, de aprender, de vivir; hasta de amar. Así podemos decir que los puneños ya estamos instalados en la “galaxia Internet”.

Uno de los géneros discursivos electrónicos que nos trae Internet es el Hipertexto. Las definiciones más comunes que existen suelen recurrir a la misma metáfora. Ya sea en el ámbito de la informática o en las actuales discusiones sobre la teoría literaria. Del Hipertexto se dice que es una red de nodos o bloques de texto relacionados entre sí mediante enlaces electrónicos. La bondad de esta red radica en la posibilidad ilimitada de multiplicar los itinerarios de lectura: cada enlace, o link, conecta textos de diversa procedencia y naturaleza, tanto así que incluso hay nodos que contienen video y audio en una cadena de referencias potencialmente infinita. Se trata en definitiva, de un tipo de entramado virtual cuyos contenidos aparecen de forma multilineal a medida que el lector o hiperlector selecciona los diferentes enlaces a su disposición.

La no existencia en los hipertextos de un inicio o de un final fijo, y el modo en que sus fronteras se pierden en una amalgama de textos que remiten unos a otros de forma interactiva, nos muestran un gran libro abierto que es en realidad muchos libros. Es decir, la idea de una escritura no secuencial, articulada de forma que permite recorridos transversales. En suma se trata de nuevas textualidades electrónicas y nuevas formas de literacidad y literariedad promovida.

El hipertexto plantea un nuevo lector que ahora deberíamos llamar hiperlector y su función ya no es la linealidad sino usando la metáfora, una aventura de la navegación por toda la imaginería relacionada con mapas, paisajes textuales, geografías, topografías, cartografías, de lo fragmentario y lo globalizado de las ciencias, las humanidades y todos los demás saberes.

En el ámbito de la cultura existen grandes presencias antes desconocidas en la era de la escritura al que Mc Luhan le llamó “Galaxia Gutemberg” a los que accedemos sin inconvenientes y también hay ausencias importantes como es el caso de Puno. Si uno se dedica a buscar información sobre los aspectos históricos, sociales, literarios, culturales, políticos del altiplano, no encontrará casi nada. Las pocas páginas web existentes son en su mayoría institucionales y con muchas limitaciones de concepción, diseño y contenido.

En Internet se encuentran bibliotecas muy completas de e-textos hasta modestas páginas personales de recursos literarios o portales especializados con muchísima información y enlaces, pero la Región Puno es la gran excluida. ¿A que se debe este olvido? ¿Existe al menos un observatorio tecnológico regional que controla la calidad y cantidad de información de temas puneños en la red? Es lamentable decirlo, no hay ninguno.
Si uno de los tantos cibernautas indaga en la red por ejemplo sobre autores como Gamaliel Churata, o José Antonio Encinas, quedará frustrado porque no encontrará ninguna página dedicada a estos ilustres puneños. Los motores de búsqueda muy conocidos y usados como google y otros, pueden arrojar pocas paginas si se trata del Lago Titicaca, las Danzas de Puno, las lenguas andinas, etc. Y si uno trata de buscar algunas páginas científicas del altiplano en buscadores especializados gratuitos como google.sholar o scirus la ausencia es completa. Y la pesquisa es más frustrante si uno indaga sobre Puno en buscadores muy famosos a nivel académico en Ciencias Sociales como el ISIS y el vacío es total.

Tal constatación nos produce preocupación por la indiferencia e ignorancia sobre estos temas de nuestras autoridades regionales, quienes parecen dirigir el desarrollo de la región mirando atrás, promoviendo actividades pero con proyección al pasado. En cambio observamos con sorpresa como otras ciudades promueven observatorios del desarrollo de Internet y convocan a sus especialistas para reescribir o digitalizar su patrimonio cultural escrito y difundirlos por este medio sobre todo en medios escolares. En Puno las autoridades piensan y razonan con modelos de la edad de piedra, son pedros y pablos picapiedra para quienes el futuro es el pasado.

Mis maestros.




Walter Paz Quispe Santos

Pasar por las aulas del jardín de infancia, escuela, colegio, instituto y universidad tiene sus ritos. Se trata de aprendizajes, comuniones, transformaciones, confluencias y divergencias. Es decir, diversas maneras de comulgar con la figura del Maestro. Al Maestro se le ha llamado de formas diferentes: profesor, educador, docente, catedrático, mediador, facilitador, y el nombre propio; y qué denominaciones más no se inventarán para engrandecer o empequeñecer la imagen de este ser que tiene la misión de enseñar, iluminar, abrir los ojos al alumno (sin luz). Pero el que tiene mayor frecuencia de uso y significado es el de Maestro. Todos tuvimos maestros; de un día en una conferencia, de dos o mas días como en un taller, o de un mes en un curso intensivo, o de un bimestre o trimestre en áreas o asignaturas universitarias, o de cinco años como en la escuela, o de toda la vida como Jesucristo.

De todos ellos llevamos un recuerdo singular, resistencias en un primer momento, desequilibrios y conflictos luego, y finalmente nuevas síntesis del saber. Al recordar nuestro peregrinaje por las instituciones educativas y nuestras transformaciones intelectuales nos damos cuenta que hemos venido acumulando una experiencia sociohistórica y cultural desde lo simple hacia lo complejo. A algunos les debemos la lectoescritura, a otros el razonamiento crítico, una lectura predilecta, una pequeña formula innovadora, o un consejo iluminador, hasta la personalidad. La psicología de hoy nos dice que más de la mitad de lo que somos se los debemos a ellos.

Entre ellos él o la que ocupa un lugar destacado es siempre la maestra o maestro de primaria. Porque tal vez desde el llanto del primer día de clases hasta los cinco años en que concluimos este nivel nuestros aprendizajes son únicos. Aquí el rito de paso del jardín de infancia mágico hacia la primaria de los primeros descubrimientos siempre está cargado de muchas emociones y afectos a esa imagen. No sólo recuerdo por ejemplo a mi maestra Lucinda Vizcarra por la férrea disciplina que me enseñó sino por haberme regalado el gusto por lectura. En las libretas de calificaciones siempre ponía al final “le gusta la lectura” y sólo al leer la frase, me esforzaba y asumía con más dedicación esa aventura con el texto. Gracias a ella soy un lector voraz.

El colegio, el siguiente rito de paso, nos trae la experiencia no con uno sino con varios maestros o maestras. Es en esta época donde uno aprende a diferenciar al bueno del malo, si ellos nos “jalan” en las evaluaciones, nosotros los estudiantes también sabíamos qué maestros necesitaban ser desaprobados y quienes no. No mencionaré a los jalados por que pertenecen al lugar común sino a los aprobados y con veinte. Recuerdo a Héctor Quispe Quea quien supo convertir el curso de Religión en el más importante del colegio Torres Luna de Acora. Todos estudiábamos ese curso con más ímpetu no sólo por las lecciones bíblicas sino por las reflexiones críticas que hacía, -ejemplo que muchos maestros de Religión deben aprender- y recuerdo además que era sencillo y probable perderse un curso de Matemática, Lenguaje o Educación Física; pero Religión de ninguna manera. Hace pocos años lo encontré y miré emocionado en el colegio San Juan Bosco de Puno, y él también fue uno de los pocos que se emocionó al ver a su alumno en un plan supervisor. Vienen a mi memoria Hugo Flores Rodríguez que me involucró en el periodismo escolar solo por tener buena voz, y gracias a él este oficio se ha convertido en una pasión cotidiana. No olvido a Miguel Mendoza, -en el mismo Torres Luna- por inclinarme en los avatares de la Psicología y la Pedagogía, hoy en esta retrospectiva que realizo me doy cuenta que sin los conocimientos de él, no hubiera podido comprender a uno grande de la psicología como es Gustavo Gottret quien fue discípulo de Jean Piaget y para suerte de unos cuantos fue nuestro maestro en la Escuela de Post Grado de la UNA. Y por supuesto, al viejo y memorioso Robles le debo el poner la historia del Perú al revés para entender su verdadera complejidad, esto en la Unidad San Carlos de Puno.

Los institutos también aportan lo suyo en la formación de uno. En el José Antonio Encinas, -quién diría- también teníamos buenos maestros. Uno de ellos fue Benjamín Galdos, de él aprendí que el Aimara y el Quechua eran lenguas y con gramática. Antes de escucharlo siempre pensé que sólo eran dialectos y sin gramática. Y claro, Wily Cano quien seguro no se acuerda, me enseño mucho de la tecnología de los cultivos, y Ever Tueros que nos hacía memorizar toda la anatomía de los animales de Sisson, era la época cuando fervorosamente creía que sólo una revolución agropecuaria podía salvar al país. En el Pedagógico de Puno, Chano Padilla, me inclinó hacia la literatura, -tal vez hubiera preferido que sea narrador- y más propiamente a la poesía. Así me hice poeta. Chano, a quien cariñosamente llamó así ahora, fue un lujo de Maestro. No sólo nos hacía leer obras literarias de autores actuales sino que nos involucró en la crítica literaria. Gracias a él no sólo pasaron por nuestras manos Borges, Chejov, Baudelaire, Ezra Pound, Elliot, Paul de Man, Churata, Oquendo, y el mismo; sino Jakobson, Propp, Lukacs, Bajtín, Barthes, Greimas, Todorov, Genette, Lacan, Derrida, Blomm. Lo mismo hizo Dulio Trigos con la gramática tradicional, estructural, generativa, y textual; tópicos que hasta hoy mismo me sirven en Barcelona para profundizarlos más.

La universidad me trajo el regalo de tener a Rodolfo Cerrón Palomino por Maestro. Cerrón, como lo dirían muchos de sus discípulos, nos enseño la oferencia por la cultura andina, el quechua y el aimara en especial. No entiendo hasta ahora porque la UNA Puno no le brinda un “honoris causa”. Su magisterio sencillamente es incomparable, así como su aporte en la dilucidación del panorama lingüístico del altiplano. Con él nos traíamos abajo muchas mentiras históricas y falsedades que la pereza intelectual nos tiene acostumbrados cuando de nuestro pasado se trata. La Escuela de Lingüística Andina tuvo el privilegio de contar con Maestros como Juan Carlos Godenzzi, Aida Mendoza, Minie Losada, Martha Villavicencio, César Itier, Teresa Valiente, Luis Enrique López, Gerard Taylor, Ines Pozzi, Enrique Ballón Aguirre, Rodrigo Montoya, etc. y ojalá hoy sus alumnos puedan emularlos como un homenaje a sus valiosas enseñanzas y no sólo ser su sombra. Por otra parte debo a San Marcos, haber recibido una formación crítica y académicamente sólida, quien no recuerda a Luis Piscoya o José Flores Barboza con su predilección por la investigación; o al siempre crítico José Mendo Romero, y también a Lucio Valer Lopera, por la generosidad de hacerme creer importante para dar conferencias en San Marcos, y a Sigfredo Chiroque por mandarme al trampolín y lanzarme a la piscina sin saber nadar, ante un público universitario limeño de mil personas –todos catedráticos de las universidades del país- y hacerme hablar nada menos que de Jean Piaget.

Ahora tengo una suerte mayor, he ganado una lotería de maestros, no olvidaré lo que vengo aprendiendo de Teun van Dijk, lo había leído mucho en mis años estudiantiles gracias a Chano Padilla, hoy el destino hace que lo conozca personalmente y sea su alumno. Y claro de Jean Michel Adam, Patrick Charadeau, Dominique Manguineau, Daniel Cassany, Teresa cabré que me brindan el honor de ser su discípulo. A todos ellos rindo mi homenaje en este día del maestro. Porque no se puede colocar flores a la nada, a lo impersonal o lo tácito, recordar y celebrar este día al vacío, siempre se rememora al nombre del que trazó nuestro camino. Por eso invito a los lectores a celebrar el día del Maestro, evocando el nombre y la imagen del ser quien fue y lo que hizo por nosotros.

Memoria de mi relación feliz con lesbianas.




Walter Paz Quispe Santos

Había arribado al viejo continente europeo embobado con mis temores de siempre. Los mismos que los viajeros sienten cuando pisan suelo nuevo. En el aeropuerto mientras iba en busca de mis maletas fui asaltado por muchas preocupaciones ¿Dónde llegar? ¿En que hotel alojarme, al menos la primera noche? Pero felizmente un amigo aguardaba mi llegada en la puerta del terminal desesperado por mi demora. Yo había arribado con mucho retraso y cuando lo vi desde lejos levantó la mano mostrándome el reloj asintiendo la madrugada. El verano se despedía y un invierno crudo anunciaba su llegada con unos aires fríos en el mediterráneo barcelonés. Luego tomamos un taxi en busca de un lugar donde pasar la parte de la noche que quedaba. Al llegar a las Ramblas conseguimos una habitación en pleno centro de la ciudad donde fui recibido por dos mujeres que ensayaron toda una dulce cortesía catalana en el trato con este puneño desorientado y hastiado por un viaje pesado. Mi amigo se fue contento con saber que estaba muy bien atendido.

Rendido por la flaqueza de mis carnes dormí largo hasta pasado el meridiano. Al despertar las chicas me esperaban con un vaso de agua. Me hicieron muchas preguntas con un interés casi policial pero se sorprendieron mucho cuando los enteré que llegaba no como emigrante en busca de trabajo sino como estudiante de la Pompeu Fabra. Así empezó mi relación feliz con estas dos muchachas que no duró unos días como parecía sino meses.

Los días siguientes fueron de animadas conversaciones. Ambas eran psicólogas y sentían una predilección incomparable por Lacan y Foucault. Me invitaron a leer toda la colección de libros de estos dos autores que guardaban en su biblioteca privada. Empecé por “Tecnologías del Yo” de Foucault cuya lectura me suscito un vivo interés por las técnicas del disciplinamiento. Luego llegaron como una necesidad adicta “Historia de la sexualidad”, “El nacimiento de la clínica”, “Historia la locura”, “Microfísica del poder”, “Las palabras y las cosas”, y todo cuanto libro de este autor caía en mis manos. Luego fui inducido a leer los famosos Seminarios de Lacan, sin duda de lectura muy difícil, y como adivinando mi silenciosa protesta consiguieron un “Lacan para principiantes” y con esas ayudas conseguí entender las formulas lacanianas referidas al sujeto, al otro y al significante, tales como: el inconsciente es el discurso del otro; un sujeto es lo que un significante representa para otro significante; pienso donde no soy, soy donde no pienso.

Sin darme cuenta habían pasado unos tres meses abrumado de lecturas, sin saber para qué ni por qué. Una tarde les mostré mi agradecimiento por sus valiosas ayudas, cuando una de ellas escogió otra cantidad de libros de Judith Butler, Julia Kristeva, Lucy Irigaray, y otros, invitándome a continuar leyendo. Cuando intenté soltar una fría indiferencia una de ellas cortó mi maliciosa actitud y me dijo: -con nosotras vas a aprender otro doctorado mucho más importante de lo que estudias en la universidad- Así continúe con una tutoría extraña y feliz por tópicos feministas y nuevas retóricas fundadas en disquisiciones lacanianas y foulcanianas.

Y Claro, no advertí ese momento nada de extraordinario que dos catalanas hayan puesto su interés en contribuir en mi cultura personal, hasta había valorado como legítima su preocupación de que un puneño regrese a su país leyendo más libros de los necesarios con una erudición por contenidos postestructuralistas. Además -me decía- el postestructuralismo y el feminismo tienen un lugar importante en la crítica literaria y que una persona que aspira a ser culta no puede ignorarlos. Era la única justificación que me permitía recorrer las páginas imprescindibles de esos textos. Pero sólo cuando ocurrió algo inesperado advertí que todo lo leído hasta ese momento adquirió nuevos significados y sentidos diferentes a mis intereses literarios.

Una de esas tardes después de haber almorzado una paella marinera me recosté en mi cama como quien practica una siesta. La misma que fue un largo sueño que sobrepasó la hora de ir a la universidad. Mis amigas como era natural creyeron que me había marchado como siempre. Seguras de mi ausencia dieron rienda suelta a su apasionado amor. Pero al levantarme y salir de mi habitación sólo basto una mirada para romper el secreto celosamente guardado por ellas. Estaban besándose felices seduciéndose con sus cuerpos mutuamente en posturas gozosas llenas de ensoñación erótica y trenzadas en un placer sin límites. Me sentí ruborizado y un sentimiento de temor me invadió ese momento. Mis prejuicios latinoamericanos se deshicieron por completo. Así comprobé que eran lesbianas y de la opción que les preocupaba contarme directamente sino sólo a través de las lecturas del feminismo radical. En aquel momento comprendí mejor que la perversión puede ser subversiva, cuando se inscribe en la subversión. La perversión se vuelve subversiva cuando niega toda realidad en tanto que normativizada, y la norma misma en tanto que expresión del sistema. Así pues, cuando esas perfomatividades son por una parte consciente – cuando la transgresión no es solamente capricho, sino impugnación- , y por otra parte provocadora- cuando invita a los demás a tomar conciencia del sistema y de lo que es a la vez intolerable y vulnerable.

Se pusieron nerviosas al verse descubiertas. Yo sólo atiné a abandonar el departamento sin decir palabra alguna. En la noche a mi vuelta ellas no dijeron nada y yo tampoco dije algo. Todo transcurrió como si nada hubiera pasado. Mi “otro doctorado” se completaba así con elementales sesiones de demostración lésbica para desesperación de mis convicciones cristianas. Me sentí interpelado en mis creencias y recordé del sentido de sus despiadadas burlas por el matrimonio religioso, y de lo conservadores y atrasados que éramos según ellas los latinos. -Qué jodido ando- pensé para mis adentros. Comprendí además que el deseo no cumple horarios precisos y rutinarios, ni sabe de situaciones propicias. Luego después de un tiempo una profesora lesbiana en la universidad se encargaría de profundizarme más en esos tópicos y con las mismas lecturas y recuerdo muy bien la felicidad que sentía ella al ver a un latino sabedor de las ideas feministas.

Si hay una lección que aprendí de mi encuentro feliz con mis amigas lesbianas, es que no hay prohibición que no pueda ser transgredida. No sólo se admite la transgresión, se la percibe. Michael Foucault en un texto publicado en la revista Critiqué “Prefacio a la transgresión” decía que esta será considerada un día como una experiencia decisiva, tan enraizada en nuestra cultura, como lo fue antes, en el pensamiento, la experiencia de la contradicción. Pero para pensar en la transgresión habría que liberarla de sus equívocos parentescos con la ética, la subversión, el escándalo, todas las potencias de lo negativo: “La transgresión no se opone a nada, no busca sacudir la solidez de los fundamentos. La transgresión se abre a un mundo brillante y siempre afirmado, un mundo sin sombra, sin crepúsculo (…) Es lo inverso solar de la negación satánica: está de acuerdo con lo divino, o mejor, abre a partir de este límite que indica lo sagrado, el espacio en el que se juega lo divino” Y creo que Foucault tenía razón.

Ellos como Maquiavelo, nosotros como Quijote





Walter Paz Quispe Santos.


Todos los que hemos leído alguna vez el libro de Cervantes, sabemos que Quijote se volvió loco al leer las novelas de caballería hasta llegar al delirio. Y hoy que vivimos la sociedad del espectáculo a través de la televisión y la galaxia internet, este personaje se ha convertido en la figura y paradigma que explica nuestra condición de espectadores cuando nos encontramos frente a las imágenes que consumimos de estos medios de información.

Los habitantes de una ciudad como Puno, Lima, Arequipa podemos llegar a consumir unas 800 imágenes diarias, en los paneles, carteles, los medios impresos, sobre todo en la televisión y el Internet. Por ejemplo todos sabemos que ocurre una guerra injusta en el Líbano no porque hayamos estado ahí sino por las imágenes de la TV y el Internet. Por lo tanto, hay una ausencia de frontera entre realidad y representación, y así comprobamos el poder de las imágenes sobre nuestro concepto de verdad y consideramos cierto lo que a través de ellas se representa. El efecto realidad, como lo llama el viejo Roland Barthes en la “Camara Lúcida” hace que entendamos cualquier representación visual como un documento y por tanto, no pongamos duda en su contenido.

Es decir todos actuamos como Don Quijote seducidos, turbados, encantados, atrapados, enamorados, locos por las telenovelas, los chats, los correos electrónicos, la moda, el cine pirata –me refiero a los DVDs piratas- los desnudos hasta el ciberporno. Para eso hemos sido cuidadosamente investigados hasta la intimidad y nuestros deseos sondeados periódicamente. Y claro, los reproducimos diariamente, asumimos sus patrones y construimos nuestros imaginarios en base a esas regulaciones mediáticas y también nuestros miedos o terrores visuales.

Por ejemplo, la televisión y el Internet nos venden el terror a ser viejo o vieja, y diariamente gastamos, cremas, tintes, programas gimnásticos y en extremo procedimientos quirúrgicos para parecer jóvenes. El terror a ser gordo o gorda, de ahí que muchos estemos presionados por la talla, la moda y la industria de las dietas y productos para adelgazar. Hay más terrores: el terror de no tener dientes perfectos, el terror a la caída del cabello, el terror a tener los genitales pequeños sobre todo en la sacralización del pecho femenino, terror a no usar ropa de marca, terror a no tener una casa y un carro como en las revistas; y hay unos terrores culturales peores, terror a ser negro o moreno y el deseo de ser blanco, terror a ser homosexual, terror a ser catalogado como aimara, quechua, provinciano o campesino. También existen terrores políticos: terror a no ser occidental, terror a ser musulman. Puedo seguir con más del terrorismo maquiavélico que contradictoriamente gusta y se aspira hasta el éxtasis.

Preguntémonos ahora: ¿quiénes hacen estas imágenes y para qué las hacen? Por qué todas ellas emiten mensajes que adquirimos de forma inconsciente de tal manera que, al deglutir la información que recibimos, no tengamos las riendas sobre lo que pensamos, sino la que tienen otros. Estos persuasores ocultos son los maquiavelos modernos que nos venden el detergente, no el valor de lo blanco, o lo suave; pero nosotros creemos adquirir lo blanco y lo suave. Maquiavelo sigue dando lecciones sobre la competencia de conquistar el poder o para mantenerse en él, en un universo donde casi todo pasa por la construcción de las apariencias, de imágenes, esto es por los medios de comunicación social.

Maquiavelo, encuentra que los recursos de la simulación, que la retórica y las apariencias, la imagen y lo verosímil, el pragmatismo y los métodos de engaño son inestimables recursos para la gobernación. Y vuelve a actuar en el siglo XXI, desde el inmenso arsenal de los recursos que la moderna tecnología de las comunicaciones globalizadas pone a su alcance.

Ciertamente usamos a Maquiavelo y a Quijote para explicar la fuerza de los mitos y su repetición consciente de sus gestos paradigmáticos en el devenir de la sociedad contemporánea. Cuando escribe Maquiavelo en 1512 la imprenta era un invento reciente y cuando Cervantes escribe el Quijote en 1605 y 1615 la imprenta había tenido tiempo para hacer estragos en la sociedad de su tiempo. Nosotros que vivimos instalados en la transpolítica, secuestrados por los signos, nuestra situación no es distinta a la del hidalgo manchego. La globalización de las comunicaciones ha convertido el mundo en un gran libro electrónico de caballería abierto, una inmensa pantalla de televisión o la red, y los caballeros actuales sonríen, prometen, ofrecen un producto, administran nuestros deseos y nuestras expectativas, y también están las Dulcineas que tanto nos encantan. Maquiavelo es el señor del entorno urbano, y se cuela de rondón en el espacio privado de la vivienda, desde el mueble parlante, factoría de imágenes, que constituye el centro de nuestra sala de estar.

La sociedad de consumo, con sus quijotadas, quijotismos y maquiavelismos como podrá mirar amigo lector, como lo dijo el gran Baudrillad ahora se explica por la relación signo – consumo y así, como bien lo anota el conocido Jurgen Habermas, sólo se ha “refeudalizado”.

Ética ciudadana y virtudes públicas




Walter Paz Quispe Santos


La ciudadanía puneña vive la agonía de las virtudes públicas, no se ha visto jamás tanto desorden moral y crisis de valores. Aunque hay muchos que hablan de valores pero no lo hacen con valores, es como esa gente que busca el respeto sin ser respetable. En los últimos cincuenta años nuestra sociedad regional no se guía por una moral responsable, al contrario los niveles de corrupción institucional, en todos los sectores públicos empezando desde el gobierno regional hasta las organizaciones sociales y sindicales crecen en el entramado “ilegal” de sus redes sociales. Tanto así que algunos piensan realizar una sociología de la inmoralidad o la corrupción, buen tema para un doctoral o magíster en las universidades de Puno o Juliaca.

Ya lo había señalado Erich Fromm en uno de sus libros: “En el arte de vivir, el hombre es al mismo tiempo el artista y el objeto de su arte”. Dicho de otro modo, desde su libertad el hombre se hace así mismo: es constructor y construcción a un tiempo. Por ello es responsable de sí mismo y de lo que hace y por tanto, también es un ser moral. Sin embargo, en Puno, la inmoralidad es el lugar común en todos los niveles y modalidades: en los cargos públicos de confianza y también en la ciudadanía si de deberes u obligaciones se trata. Queremos recibir todo y mucho pero no damos nada.

Existe una especie de adicción o dependencia inmoral o antiética que son términos concurrentes que expresan la pérdida de libertad interior ante un deseo, reflejada, como decía Kant, no en la incapacidad de eliminar el deseo que se agiganta y se vuelve incontrolable e incontenible para la voluntad y la libre elección. Estas adicciones que son como las adicciones a la droga se encuentran ubicadas en las adicciones no tóxicas, como a la comida, el sexo, la televisión, la compra, el juego, las actividades ilegales, el robo, incendio y el estupro.

El corrupto o inmoral no llega fácilmente a la conciencia de ser tal, porque sufre una “enfermedad de la negación”.Cuando existen denuncias y acusaciones siempre son negadas y son motivo de amedrentamientos y sólo se reconoce cuando existen demasiadas evidencias. Algunos le llaman “enfermedades invisibles” por la propensión de buscar pasar por inadvertidas.

Para ilustrarnos mejor sobre el tema, en cada pueblo, al igual que en cada individuo existen multitud de costumbres a los que se le llaman mores que regulan la vida cotidiana. Por ejemplo el deber de respetar a los mayores, la prohibición de apropiarse de lo que pertenece a los demás o la obligación de cumplir las promesas. El conjunto de estas “mores”, costumbres, constituye la moral de un pueblo o de una persona ciudadana y como es sabido apelan a los valores que trascienden y le dan sentido. En las sociedades modernas se traduce en un código de normas que regulan la acción individual y colectiva que se consideran correctas y mas concretamente la práctica de valores o virtudes en el ámbito público o privado. Ciertamente existen dos tipos de moral: la moral como contenido que se refiere al contenido concreto de una moral; es decir, las normas y los principios que según la comunidad o persona regulan el comportamiento correcto. Así entendido el corpus general de nuestra moral es: cumplir con las obligaciones y promesas, proteger a los hijos, ser honrados y honestos con los demás, no robar el presupuesto publico, no al engañar a la población con falsas promesas, y muchas que se conocen en demasía pero que no se practican. Por otro lado existe la moral como estructura que es un rasgo constitutivo de la naturaleza humana, el carácter abierto nos implica a definirnos constantemente en la elección y los actos que realizamos. Por ejemplo ante una determinada situación de inmoralidad, donde un Alcalde o un Director de una UGEL comete actos de nepotismo, un ciudadano puneño elige entre denunciar la situación o no hacerlo, pero debe decidir, no esta en su mano abstenerse, pues eso mismo constituiría ya una decisión. La libertad nos permite elegir entre esto y lo otro, pero no nos permite no elegir, es decir, no se puede elegir no ser libre o no ser moral. Concebido de esta manera el ciudadano puneño como ser humano puede ser moral o inmoral pero no amoral, pues posee una serie de normas concretas de acción a lo que hemos llamado moral como contenido pero también se encuentra obligado por su libertad de acatarlas o no a lo que hemos denominado moral como estructura. Ahora bien la moral procede de un término latino que significa “costumbre”, el término ética deriva de ethos, que en griego significa “carácter”. Por tanto es evidente la relación entre estos dos conceptos. Como sabemos los hábitos y costumbres que tenemos determinan nuestro carácter o personalidad, y que este, a su vez, acaba por condicionar nuestras acciones concretas. Por ejemplo quien tiene por costumbre o hábito actuar de una forma responsable termina por tener un carácter o personalidad juiciosa, al revés si uno tiene por costumbre la irresponsabilidad como hábito tiene un carácter informal y desordenado si dirige una institución pública. Así pues entre la costumbre y el carácter existe una estrecha relación: la costumbre (moral) determina nuestro carácter (ética) y éste condiciona nuestras acciones personales y públicas. Ahora estimado lector podría explicar muy bien que pasa con el parroquiano que orina en las calles sin rubor, o porque se arroja la basura a cualquier lugar, o explicar que enseña el profesor de Ciencias Sociales sobre el tema de la familia cuando sus relaciones conyugales están rotas, o la autoridad que promete y no cumple o roba.

La moral, ética y las virtudes o valores públicos son temas exigidos en este momento de crisis de valores en nuestra sociedad nacional, regional y local. Es que constatar permanentemente casos de inmoralidad y corrupción en nuestros políticos y en la ciudadanía real y también imaginada, usando las palabras de Sinesio López, es preocupante. ¿Somos ciudadanos de primera o segunda categoría? Claro está que la moral que practicamos nos ayudará a determinar que tipo de ciudadanía construimos. ¿Cuáles son esos valores que nos ayudarían a contribuir al mejoramiento de la ciudadanía regional puneña? Reflexionar en torno a la solidaridad, la responsabilidad, la tolerancia, la buena educación, son cualidades capaces de combatir la indiferencia y apatía políticas, así como la privacidad y autocomplacencia que tienden a generar tanto las libertades individuales como el bienestar tal como nos los dice Victoria Camps. Los materiales para una ciudadanía ética en nuestra región es decir si buscamos una especie de “la bolsa de valores regionales” tendríamos presente en el ámbito público por ejemplo: la tolerancia (entre aimaras o quechuas, ciudadanos del medio rural y los del medio urbano, autoridades y ciudadanía) la igualdad,(en el acceso a la educación ya que muchos aun no acceden) la solidaridad, ( por ejemplo con los mas pobres) la libertad, (para opinar y elegir) la honestidad (en los cargos públicos), el respeto por la naturaleza (acordémonos del Lago Titicaca o nuestras ciudades contaminadas) la paz y muchos otros más. Cotizar estos valores supone ponerlos en práctica, porque al decir de Fernando Savater, a diferencia de otros seres vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por los que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Y como podemos inventar y elegir, podemos equivocarnos, que es algo que a los castores, las abejas y las termitas no suele pasarles. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita acertar. A ese saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética.

Municipalización de la Educación: ¿más Mercado y menos Estado, ó más Estado y menos Mercado?




Walter Paz Quispe Santos

El anuncio de municipalizar la educación ha despertado temores y dudas en el magisterio y sobre todo en los padres de familia. La idea escuchada de boca de los especialistas y teóricos de la educación suena interesante. Ayudaría a descentralizar mejor la educación, habría mayor pertinencia cultural en el currículo regional y local, relevancia social desde la participación ciudadana y significatividad para los educandos de acuerdo a sus intereses y necesidades. Sin embargo, la misma idea también fue planteada por muchos radicales liberales que encontraban en la propuesta la mejor forma de que el Estado se deshaga de la educación y pase a manos de la oferta y demanda, es decir, que la educación sea un negocio más y sea autorregulada por las leyes del mercado.

Así el magisterio y los padres de familia hoy se encuentran en un verdadero dilema: ¿cuáles serán las verdaderas intenciones del anuncio presidencial? ¿Más mercado y menos Estado o más Estado y menos mercado? Y claro, como es evidente hoy en día la voluntad política se inclina por la menor participación del gobierno en las tareas educacionales como preconiza el fundamentalismo liberal. Hay temores y dudas legítimas y otros que no lo son tanto, veamos:

Uno de los temores propagados sobre todo por el SUTEP es la inminente privatización de la escuela pública. A este respecto debemos decir que desde hace buen tiempo la educación ha venido siendo privatizada sin que los “defensores de la escuela pública” lo adviertan. Por ejemplo tomemos el caso de la UGEL Juliaca: ahí podrán comprobar que hay igual o más centros educativos de gestión no estatal que los centros educativos públicos, sobre todo en educación secundaria. Este mismo fenómeno de privatización horizontal se promovió en la educación superior desde el Ministerio de Educación. Hoy en día hay más institutos superiores tecnológicos y pedagógicos privados que los públicos en todo el país y la educación primaria y secundaria sigue el mismo camino. Y frente a esta forma de privatización los dirigentes sindicales no dicen nada y como ejemplo irónico de lo desorientado que se puede estar, un dirigente sindical incluso llegó a dirigir un instituto privado.

Algo más: se escucha mucho en Puno de que los centros educativos de gestión no estatal son mejores que los centros estatales. (Mito copiado de la experiencia de las grandes ciudades) Y esa percepción es falsa. En Puno no hay ninguna distinción cualitativa entre la escuela pública y privada. La escuela privada en la región sólo ha servido para diferenciar el color, el apellido, y “el habitus” de la muy castigada clase media obsesionada por la movilidad social. La razón es que la clase alta no existe. En ciudades como Lima donde la clase alta es significativa para la clase media es difícil acceder a un centro privado. Visto desde lo inmediato y la sed de eficiencia la escuela privada puneña ofrece algunas ofertas aparentemente significativas, pero analizadas desde la perspectiva de la educación como un proyecto de largo plazo tales “servicios y valores agregados” se desmoronan ante la realidad. Esto es sencillo constatar analizando la procedencia de los alumnos que estudian en las universidades. Por otro lado, en nuestra ciudad si sólo nos diéramos el trabajo de constatar dónde matriculan a sus hijos la mayoría de los profesores, comprobaríamos que muchos prefieren un centro privado. Y claro porque también han escuchado la fantasía de que una escuela privada es mejor. Otra incoherencia más de los profesores que dicen defender la escuela pública.

Una preocupación fundada es ¿qué harían los alcaldes distritales y provinciales con la educación en sus manos? Seguramente lo administrarían como una tienda. Las municipalidades en su gran mayoría no pueden resolver ni los problemas de baja policía, ni el de los servicios básicos, y encima sobrecargarles la responsabilidad de la educación verdaderamente es conducir nuestras instituciones escolares al suicidio. Por qué no se piensa en educativizar –valga el neologismo- los municipios. Es decir, educar a los alcaldes y regidores, -muchos de ellos profesores- brindarles lecciones de política y buen gobierno antes que pretender cumplir a pie de juntillas las exigencias del Banco Mundial y el BID que financian este tipo de iniciativas bajo el eufemismo de “sociedad educadora”, y como sabemos estas modas como “currículo por competencias” y muchas frases hechas más, fueron y son repetidos acríticamente por una sucesión de “facilitadores” que muy bien deberían llamarse “complicadores” porque sólo han servido para abonar el terreno para que las fabricas de la “excelencia liberal” es decir la “ley del más fuerte” y del “sálvese quien pueda” funcionen y nos hagan más incompetentes.

¿Se unirán a las luchas por la defensa de la escuela pública las Direcciones Regionales de Educación y las UGELs? Porque de acuerdo con el proyecto neoliberal estas instituciones constituyen un estorbo para una educación basada en competencias y la regulación del mercado. Son por lo pronto instituciones transitorias que gradualmente deben ser desactivadas para dar paso a la autonomía y gestión de los Directores de centros educativos, quienes al final gestionarían y gerenciarían la educación de acuerdo con las reglas del mercado y con los dos instrumentos que vienen aprendiendo a elaborar: el Proyecto Educativo Institucional y el Proyecto Curricular de Centro. Pero cómodamente los especialistas y funcionarios no advierten lo que se les viene encima y viven felices autorizando el funcionamiento de más centros educativos privados de baja calidad con nombres raros sin sospechar que se autoeliminan ignominiosamente.

Dos más por el quechua de la península.




Walter Paz Quispe Santos .

Un profesor de la universidad muy preocupado por las oleadas de inmigrantes me preguntó si había traído consigo algunos libros de mi país acerca de la lingüística quechua. Su interés por conocer parte de las lenguas andinas era porque Cataluña estos años presentaba un nuevo panorama lingüístico debido a la llegada de ecuatorianos y bolivianos que no sólo traían “mano de obra barata” sino que también venían cargados de su cultura y lengua. El quechua hoy poco a poco empieza a ubicarse como la tercera lengua más importante en el mediterráneo (fenómeno similar ocurre también en Madrid y otras ciudades españolas) y la preocupación de mi profesor era sin duda científica. Había que estudiar el quechua, porque a pesar de que las políticas lingüísticas de la generalitat y el nuevo estatut catalán exigían la comunicación preferente en catalán en el mundo laboral, era imposible controlar que inmigrantes procedentes de las comunidades campesinas de los andes bolivianos y ecuatorianos se comuniquen secretamente y a hurtadillas en su lengua materna. Cuando lo hacían en castellano o catalán, el quechua siempre se habría a codazos y se presentaba inmarcesible en la sintaxis o la pragmática de las lenguas románicas. Por lo tanto, existía una preocupación académica por conocer el quechua, y tener mejores certezas sobre su contacto con el defendido y difundido catalán.

Me sorprendió la iniciativa de estudiarlo y comprenderlo, no sólo sentí orgullo sino mucha emoción por las pretensiones de mi profesor de familiarizarse con el quechua y comparaba en mi memoria esa actitud con la de otros políticos, periodistas, profesores y demás ciudadanos de mi país que renegaban de la interculturalidad y querían verlo hispanizado con el quechua asesinado a tiros de deslealtad e ignorancia. En esos momentos no sólo pensé con tristeza en la vergüenza que sentía Paulina Arpasi por comunicarse en aimara sino también en los hechos ejemplares protagonizados por dos congresistas quechuas como Maria Sumire e Hilaria Supa que exigían como signo de respeto a las culturas andinas ser escuchadas y comprendidas en la lengua quechua, una de las mayores desde tiempos precolombinos. Y claro, la desfachatez y tozudez con que respondieron muchos congresistas mostró una vez más que el congreso no es el país. El congreso sólo es la voz de unos cuantos estigmatizados blancos y racistas desubicados que viven a espaldas de los intereses y necesidades de una mayoría de peruanos.

A los inmigrantes en general es raro encontrarlos todos los días en las plazas, parques o calles de la ciudad, porque trabajan de lunes a viernes desde tempranas horas de la mañana hasta altas horas de la noche. Sólo se les puede ver los sábados y domingos; y por supuesto, aprovechando al máximo el valioso tiempo de descanso. Platicar con ellos siempre es estimulante y cada vez que uno los aborda se entera de lo difícil que ha sido llegar a España y lo mucho que cuesta superar la angustia y los terribles recuerdos de la tierra natal. Muchos optan por buscar espacios de reencuentro donde expresar su cultura y conversar fluidamente en una lengua andina. Descubrir para mí esos espacios me fue un tanto difícil porque solo logré encontrarlos después de un año. Y fue de manera casual como voy a contarlo. Uno de esos tantos domingos que busqué nuevas rutas a mi solitaria caminata de siempre, salí temprano con un trote suave por lugares que antes parecían vedados a mis pasos: las orillas del río “besos del mar”, a cuyas riberas los catalanes le han llamado “ronda litoral”. Con un reproductor MP3 en los oídos escuchando las canciones de la Estudiantina Acora había recorrido como unos tres kilómetros pensando tal vez en las musarañas, cuando de pronto desde la lejanía avisté unos puntos que se agitaban en el horizonte, y al aproximarme gradualmente se iban convirtiendo en una multitud de gentes. Pero al detenerme a unos doscientos metros y al apagar el reproductor que traía consigo escuché un huayño boliviano disparado por unos altavoces. Muy contrariado por lo inusual del acontecimiento dudé del lugar donde me encontraba, si en realidad estaba en Barcelona o en Bolivia. Una alegría poco común apagó mi nostalgia. Al acercarme espaciosamente pude comprobar que todos tenían mis rasgos, eran “de color” –como llaman los españoles a los de piel tostada- como yo y disfrutaban del día al puro estilo andino. Unos bebían cerveza y charlaban en quechua, otros lo hacían en aimara, otros lo hacían en un castellano andino. Otros bailaban huayños bolivianos y peruanos hasta el cansancio, la fiesta organizada no se por que inmigrante transgresor de las normas y costumbres españolas era un verdadero regalo para mí que estaba cansado de las solemnes clases universitarias, el silencio de las bibliotecas y las solitarias caminatas dominicales.

Muchos eran indocumentados “sin papeles” y estaban felices. Ese día conversé como nunca en aimara sobre todo con los paceños, otro tanto con mi castellano andino. Me sustraje del español de la península lleno de “vales” “coños” “ostias” ostras” “joder tío” y me introduje en el mío y el de los bolivianos con su voceo de siempre y el muy empleado “che” con los cochabambinos y potosinos, y bailé encantado las cuecas y huayños andinos. Y comí bastante comenzando por el fricasé, el chicharrón, el asado, y habían muchos platos andinos pero faltaba estomago para tanto potaje. Era una verdadera feria y fiesta de bolivianos matizada por algunos peruanos de Chimbote, Piura, Huancayo a quienes les reclamé paisanaje y claro me respondieron con la misma costumbre quechua de siempre “un par” y luego les correspondí como es usual con la mía que es aimara “otro par”. Eran los andes extrapolados y representados en Europa.

Luego pude comprobar que ese no era el único espacio de reencuentro donde se revitalizaba la cultura y la lengua andina, sino que había muchos en toda Cataluña. Después de varios domingos de asistir como a misa por dicho lugar abierto llena de aire fresco y alegría popular me encontré con muchos españoles que curioseaban por esos lugares sino es con envidia con cierto contagio por semejante desborde andino, me comentaron que nunca habían visto un espectáculo en toda España ni en las costumbres andaluzas, catalanas, gallegas, vascuences, ni en el sur ni en el norte.

No todos los ríos conducen a una fiesta. Pero el río “Besos de Mar” desde el mediterráneo de Badalona hasta Santa Coloma, te conduce directamente a una fiesta donde puedes bailar huayños y pedir dos más en un quechua de la península

Marxistas, marxistoides y marxistomanos.




Walter Paz Quispe Santos


Corrían los años del siglo XIX. 1841 para ser exacto. Moses Hess, uno de los filosofos revolucionarios alemanes de la época, escribía emocionado a Berthold Auerbach. “Te alegraría conocer a uno de nuestros amigos, si bien ahora se encuentra en Bonn, en cuya universidad va a dar clases muy pronto… A pesar de la proximidad de nuestras actividades, me han producido una gran impresión; prepárate, pues a conocer muy pronto al más grande y probablemente el único auténtico filosofo actual. Dentro de poco, cuando sea conocido por el público (a través de sus obras y de sus clases en la Universidad), concentrará sobre sí las miradas de toda Alemania… El doctor Marx, éste es el nombre de mi ídolo, es todavía muy jóven (apenas tiene veinticuatro años). El será quién dé el golpe de gracia a la religión y a la filosofía medievales; en él se compaginan el espíritu más mordaz con la profunda seriedad filosófica: imaginate a Rousseau, Voltaire, Holbach, Lessing, Heine y Hegel unidos en una persona, fíjate que digo unidos y no arrojados en el mismo saco… éste es el doctor Marx”.

Con esta presentación y buenos augurios Marx empezaba a recorrer como un fantasma Europa y se convertiría en el más grande agitador de siglos por todos los continentes. Desde esa época hasta ahora han pasado varios años de “servicio revolucionario obligatorio” y mucha agua bajo el puente. Porque muchos leyeron y se inspiraron en él para emprender verdaderas aventuras revolucionarias, y hoy aún existen fervientes lectores que creen que es el Dios de las luchas revolucionarias, el materialismo y el ateismo. Por eso no me sorprendió ver a algunos marxistas en España, prendiendo velas alrededor de su imagen. Raras devociones y actos de fe.

La extensión universal del marxismo y la presencia de marxistas en todos los países son hoy en día hechos innegables. El marxismo se ha convertido en un componente de la cultura contemporánea, en un importante elemento de las políticas interiores y de la política mundial. Y hoy ya casi se puede hablar de marxismos en plural, –antes no-. Entre los marxistas más notables encontramos pensadores y hombres de acción victoriosos como Lenin y Mao; o víctimas como Rosa Luxemburgo, Gramsci, Trotsky; pensadores próximos a la acción como Lukács, Bauer, Pannekoek; e investigadores intelectuales como Reich, Lefebvre, Althusser. Unos pueden situarse a la izquierda dentro de un radicalismo revolucionario: Trotsky, Rosa Luxemburgo, Pannekoek. Bauer podría colocarse a la derecha, mientras que Lenin, Gramsci y Mao son tipificados como representantes de la ortodoxia, Reich figuraría como marginado y Althusser como vigoroso renovador, mientras Lukács y Lefebvre se mueven en el interior de la zona de libertad crítica. Claro que hay más celebridades en el jardín marxista que la brevedad del espacio no me permite mencionarlos.

En Latinoamérica también el marxismo tuvo grandes representantes y en nuestro país tuvo en José Carlos Mariátegui a su conspicuo defensor. Pero así como existen marxistas memorables y citables, también el adjetivo empezó a tener sus arrugas. Me refiero a una sucesión de marxistoides y marxistomanos que se han dedicado a repetir como cajas de resonancia, toda esta variedad de postulados y querer extrapolarlos en realidades como la nuestra, sin ninguna reinterpretación ni reflexión alguna y al puro estilo del despotismo estalinista.

Hoy los marxistoides que fosilizan el marxismo y marxistomanos que sólo pueden explicar la realidad con manuales de marxismo son una fauna “posmoderna” muy peculiar. Son raras avis en extinción por su falta de renovación, profundidad e imaginación en sus planteamientos. Están, si los quieren mirar, en las universidades, institutos superiores, organizaciones y sindicatos; recitando sus retóricas dicotómicas muy conocidas: base/superestructura, ser social/conciencia social, materialismo histórico/ materialismo dialéctico, etc.

Tal vez sea oportuno recordar a Alberto Flores Galindo quién había advertido hace muchos años atrás este padecimiento izquierdista e intelectual y sostenía “hemos sido una intelectualidad muy numerosa, pero a la vez poco creativa. Incapaces de dar a nuestro propio país la posibilidad de un marxismo nuevo” Asi mismo señalaba que “el socialismo no debería ser confundido con una sola vía. Tampoco es un camino trazado. Después de los fracasos del estalinismo es un desafío de la creatividad. Estabamos demasiado acostumbrados a leer y repetir. Saber citar. Pero si se quiere tener futuro, ahora más que antes, es necesario desprenderse del temor a la creatividad. Reencontremos la dimensión utópica. El socialismo en el Perú es un dificil encuentro entre el pasado y el futuro. Este es un país antiguo. Redescubrir las tradiciones más lejanas, pero para encontrarlas hay que pensar desde el futuro. Renovar el estilo de pensar y actuar. Lo que resulta quizá imposible sin una ruptura con esos izquierdistas excesivamente ansiosos de poder, apenas interesados en lo que realmente sucede”. (“Los rostros de la plebe” 2001: 198)

Han pasado quince años desde que Flores Galindo les había advertido a los dedicados al marxismo y las ciencias sociales que si no cambiaban iban a fosilizarse. Y en efecto, ahi los tenemos hoy petrificados con ideas envejecidas como marxistoides y sin imaginación repitiendo los dichos y máximas de los marxistas del siglo XIX, y cuando los vemos moverse en los medios de comunicación o en los discursos orales y escritos producidos por ellos, observamos la poca profundidad y un lenguaje calcado de los manuales universitarios, convirtiéndose así en marxistomanos sin marx ni marxismo.

El género en disputa


Walter Paz Quispe Santos.


La historia de la humanidad no sólo ha sido cambiada por los cañones y los fusiles, sino también por la pluma. Alguien dijo que la escritura es más poderosa que las antorchas de guerra. Y en efecto, así parece confirmarlo todos los escritos producidos en el devenir histórico. Si nos fijamos en textos o escritos que cambiaron la historia, daremos cuenta de muchos como por ejemplo la “Torah”, “El evangelio de San Mateo”, “El Corán” que nos abrió el camino a la dimensión trascendental, o “La Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano”, “El Manifiesto Comunista” que nos impulsaron a tomar conciencia de nuestra identidad social, o “El Discurso del Método”, “La Enciclopedia”, “El origen de las especies” que intentaron explicarnos el mundo que nos rodea; ahora existe uno referido al género; y que está produciendo una verdadera revolución en la sociedad, y se trata de la declaración de la “IV Conferencia Mundial de las Naciones Unidas sobre la Mujer” realizada en 1995 en Pekín.

Antes de la publicación del texto, la inmensa mayoría de gentes como las instituciones de la sociedad sobre todo europea y norteamericana sólo aceptaban un modelo de género dual del varón y la mujer, y los estudios de género de muchas universidades propugnaban la equidad de la misma como el mejor eslabón hallado en sus pesquisas sociales. Pero cuando se conoció el texto, su repercusión fue tan poderosa que, a partir de entonces, muchos ya no vuelven a creer, ni actuar, ni a soñar, ni a pensar como antes. Sobre todo los miembros de la iglesia católica quienes ven peligrar su poder en el seno de la sociedad actual. El texto en mención parte de los planteamientos de la conocida feminista Judith Butler que sostiene que “El género es una construcción cultural; por consiguiente no es ni resultado causal del sexo ni tan aparentemente fijo como el sexo... Al teorizar que el género es una construcción radicalmente independiente del sexo, el género mismo viene a ser un artificio libre de ataduras; en consecuencia hombre y masculino podrían significar tanto un cuerpo femenino como uno masculino; mujer y femenino, tanto un cuerpo masculino como uno femenino”.
De acuerdo con ideas anteriores, el género ya no sería sólo dos sino cinco, y por tanto no se debería hablar de hombre y mujer, sino de "mujeres heterosexuales, mujeres homosexuales, hombres heterosexuales, hombres homosexuales y bisexuales". De este modo se exige el reconocimiento de los derechos humanos de las minorías de lesbianas, gays, y otros. Con todo esto, hoy en algunos países los matrimonios homosexuales son una realidad y por lo tanto dejan la clandestinidad de sus relaciones para afirmarse como una opción más a ser tomada en cuenta por los demás miembros de la sociedad.
En nuestro país, dominado en muchos aspectos por la ideología cristiana ortodoxa de la iglesia, aún la tolerancia y reconocimiento de los derechos de los homosexuales se encuentra aun postergado en todas sus formas. También se sostiene un discurso del ausente y de exclusión: “en el Perú no hay homosexuales” “en Puno no se les ve”, mejor ejemplo para comprender que son una minoría sin voz, y que se encuentran reprimidos por el “que dirán” institucionalizado de la sociedad. No es casual que la primera reacción a la conferencia de Pekín haya surgido del Mons. Oscar Alzadora en su sugestivo texto “ideología de género, sus peligros y alcances” CEP (1998) (disponible también en internet, ir a google y buscar por el título del texto) y en instituciones como la Universidad Católica los estudios de género hayan sido puestos en cuestión, y todos escuchamos los signos lamentables de intolerancia de uno de los miembros de la familia de Humala en las última campaña electoral quien sostuvo “que a los homosexuales había que fusilarlos”. En la Región Puno, aun no hemos pasado de las reflexiones sobre la “equidad de género”, las expresiones barajadas y muchos prejuicios incisivos.

Por ejemplo muchos puneños en el lenguaje de todos los días emplean el estereotipo o el cliché para llamarlos “marica”, “maricón”, “amariconado” etc. Ciertamente la línea divisoria entre estos términos y nociones no es clara, pero la impresión general que produce es negativa. El rasgo del estereotipo es grosero, brutal, rígido y se basa en un esencialismo simplista en el que la generalización apunta a la vez; a la extensión con atribución de los mismos rasgos a todos los seres u objetos designables por una misma palabra. También el empleo común de muchas frases hechas a partir del uso del léxico ramplón es corriente, por lo que el proceso de estereotipación por definición es nocivo a la construcción de una sociedad más justa y con pleno respeto a la libertad de elección y los derechos individuales de las personas.

Así mismo, en las actuales reflexiones sobre la multiculturalidad, también se consideran a los homosexuales como un grupo cultural que busca la alteridad y el discenso, esto debido a que a partir de sus formas de vida y costumbres, expresan su derecho a la diferencia. De modo, que las luchas por la interculturalidad no sólo se limitan al respeto de las diferencias étnicas, sino también a los socioculturales de estos grupos.

No nos podemos quedar en el oscurantismo y la homofobia frente a los problemas que inquietan a la sociedad contemporánea, por lo que colocar estos temas en la agenda política nacional y regional es más que un imperativo, no sólo por justicia sino por una transformación de la sociedad moderna y libre de las ataduras de poderes tradicionales como la iglesia que sigue encadenando la libertad del ser humano sobre todo en países subdesarrollados como el nuestro.

¿Indios e Indígenas?




Walter Paz Quispe Santos


Cuando visitamos una comunidad campesina de los andes y al preguntar a los comuneros ¿quiénes son ustedes? Ellos no reparan en contestarnos y nos dicen: somos aimaras, o quechuas, pero nadie dice que somos indígenas. Es decir, no se reconocen como tales, entonces nos preguntamos de donde nace esta categorización o denominación con que se los designa.

Si revisamos los documentos coloniales, la designación peyorativa de “indios” es frecuente, y ahora que vivimos en plena república, la categorización de “indígenas” es permanente en todos los textos sobre todo de ciencias sociales, cuando se aborda acerca de las poblaciones aimaras, quechuas y amazónicas. Cada intelectual tiene su paquete de “indígenas” interpretados, clasificados y organizados en una taxonomía que nadie entiende. Y lo peor existen algunos Organismos No Gubernamentales (ONGs) que trafican con esta designación en congresos y encuentros nacionales e internacionales, para guardar armonía con las financieras de la cooperación internacional que también no han reparado en reflexionar sobre esta denominación y lo usan para referirse a los pueblos propios de los andes. Algo similar ocurre con la palabra “andino” que también es otra creación intelectual, sin que la comunidad lingüística a la que se hace alusión pueda identificarlo.

En un sentido estricto, nunca ha habido “indios” ni “indígenas” en nuestro continente. Lo que ha habido son pueblos con sus propios nombres: collas, aimaras, quechuas, chirihuanos, urus, puquinas, callahuayas, como es para el caso del altiplano puneño. La palabra indio se emplea a partir del año 1600 y se integra a otros significados como aborigen, salvaje, tonto, inhumano, antropófago, etc., en el diccionario español de Nebrija. Además si revisamos el diccionario de autoridades de la RAE existe la colocación “acaso somos indios” para referirse a la gente de América.

Así como el término indio es una equivocación de la invención de América. La palabra indígena viene ha ser un formante culto que proviene de la estructura arcaica del latín con la que los antiguos escritores romanos como Plinio, Virgilio y Tivio Livio designaban a los originarios de Lazio que eran los verdaderos latinos para oponerse a los advenedizos. Este vocablo empezó a circular en la locución Los indígenas de América en la edición del diccionario de lengua francesa a partir de 1798.

Los europeos de hoy creen que la palabra indígena es una denominación utilizada para designar a los pueblos de América Latina, no aceptan que indígenas también son ellos, porque son originarios de Italia, Alemania, Francia, Inglaterra o España. Es decir, no se admite la expresión como “los indígenas germanos, o anglosajones” con lo que demostramos el carácter racista del empleo de la categorización de indígena.

Con todo esto, podemos señalar que la colonización del lenguaje y la memoria aun existen, que es importante darle una dimensión histórica y social a las formaciones discursivas y a las palabras, y sobre todo a la manera como la intelectualidad occidental construyó la idea de las culturas no occidentales.
Al analizar la colonización del lenguaje y de la memoria, también encontraremos una retórica o una filosofía del lenguaje que permite justificar las acciones que se realiza, así como en la colonia se justifico las acciones de misioneros y letrados. Por lo tanto decir “indígena” hoy es como actualizar la denominación “indio” para seguir colonizando a través del racismo lingüístico a nuestros pueblos.