viernes, noviembre 07, 2008

Los Urus: Chipayas, Iru Witus, Muratos... Chullunis... y ¿dónde están los Chimus?



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Las islas flotantes de los Urus con sus mil rostros



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un encuentro interestelar...cosmico e intracultural



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"Somos libres como las aves, las nubes y el agua que no tiene límites"



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"El Peru y Bolivia como paises son recientes, nosotros antes que peruanos y bolivianos somos Urus...milenarios en el कॉस्मोस



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"Sobrevivimos al influjo de los Aimaras, Quechuas, Puquinas, Hispanos... y aqui estamos para que no se nos tomen como un dato histórico"



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"No hay ninguna antropología que nos entienda"



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"La luna es nuestra madre diosa y el agua nuestra razon de ser"



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"Tenemos la sangre negra y somo una raza rara pero viviente, para sorpresa de esta bárbara civilización"



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No son invisibles como alguna historia y gente los trata, sino toda una realidad viva



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El encuentro de los Uros del Perú y Bolivia




Un encuentro memorable de todos los Uros del Perú y Bolivia... Los hombres del agua y el Lago mirándose los rostros y reconociéndose como la nación Uro.
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Los Uros o qhwaz-zh-zhoñi o qut-zh-zhoñi

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TOTORIA Nº 2


Se publicó el número dos de TOTORIA, suplemento cultural del Diario Los Andes. La edición trae artículos de Sebastián Salazar Bondy a propósito de "Muerte Cercana", primer poemario de Efraín Miranda; el recordado artículo de Marco Martos; una entrevista de Hernán Cornejo Rosello Dianderas que el hiciera a Efraín Miranda, y otra de Camilo Sanchez Serruto; además de l0s artículos de Boris Espezúa Salmón, Feliciano Padilla Chalco, Gonzalo Espino Relucé. Todo un homenaje al vate puneño autor de "Choza", "Padre Sol", "Vida" y "Muerte Cercana".
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Poesia de Efraín Miranda



E Q

Soi una indiecita escolar. Me reconoces;
mi retrato está en folios de grandes libros;
retratada con polleras y con " uniforme".

Me pongo de cabeza y el cielo está abajo
y la tierra queda arriba; así no es mi mundo;
me pongo de pies
el cielo regresa arriba
y la tierra para abajo. El mundo comienza en mis pies,
este es mi mundo.
El mundo comienza en mis huesos,
en los truenos que respiro, en las cordilleras que empuño
y hago una madeja para tener mi imago mundi.

Mis trenzas hacen camino a la casa, en los folios
te informaste que se destechan sacándole un palo;
mi abuelito me dice pariguana
porque aprendo a dormir sin cerrar los ojos;
mi tío no sabe ni firmar
y mi tío materno tiene primaria
me riñe que acaso por eso come más.

Los vidrios de la escuela
desvían el Sol hasta mi patio distante;
la Escuela es la casa más grande de todo;
le he dicho a mi padre que compre una carpeta para
nosotros.
Frente a la pizarra se me adelanta una niña blanca,
a ella es quien educa el Maestro.
Lloro porque soi india y tengo una niña blanca
que el Maestro ha creado dentro de mí;
esta niña no me puede;
el Maestro le da fuerzas y sustento
el Maestro tiene grandes métodos para esa niña.
El maestro se olvida de mí, de todos los alumnos
y dice que para los indios no se ha inventado nada.

A ratos me confunde: me convierte en ella
o ella en mí;
cuando me habla el profesor, desaparece;
en cada diciembre muere y cada abril resucita.
Al concluir mis estudios se extinguirá
en la parcialidad.





EE

¡No me grites de calle a plaza: cholo;
grítame de selva cordillera,
de mar a sierra,
de Tahuantinsuyo a República: INDIO!

¡Lo soi!

¡A puntapiés, insultos y balas: lo soi!

¡Explotado, robado, asesinado: lo soi!

¡Con mi esqueleto, mi ecología y mi Historia: lo soi!

En iglesias, coliseos, municipalidades
me gritan: ¡indio!
Los descendientes de galeotes, criminales, indultados
aventureros hispanos me gritan: ¡indio!
Todos los descendientes de Adán y Eva me gritan: ¡indio!

¡Soi indio!

Tengo el color mismo de mi Madretierra,
raíces en mi misma Madretierra,
nací en mi y de mi Madretierra,
nací de y en sus elementos energéticos,
de su cinética activa y germinal;
soi indio: una de las variadas formas de su creación

¡Soi indio!

Y, para los genealogistas, regalo en mi choza
lustrosos pergaminos de animales pur sang,
con el árbol verde virgen, a partir de un tronco nobiliario,
o si lo desean, desde un origen cavernario
o, si lo estiman, desde una cuna extraterrestre
o, si lo creen, desde una concepción antinatural.





El día con su puerta de luz…


El día con su puerta de luz
irrumpe en mi cuarto.
Algo mío también encuentro en el día.

Calle infinita, donde las otras calles concluyen,
yo también tengo mi aceras eternamente paralelas,
y estas puertas que veo son doblemente mías, puertas
por las que entro y salgo según a quien represente.
Hoy no las abro ni las cierro
ni las tapeteo llamándome a mí mismo. ¡Las recojo!,
las pongo a todos sobre mi hombro
y con mi carga comienzo a caminar…

Puertas que comprendo, ansias que las cruzan;
puertas que tropiezan, se atropellan y… caen,
puertas que acusan y señalan,
puertas que se cierran pesarosas como párpados cansados,
puertas que agonizan y gimen en la noche,
puertas de hojas flexibles como el amor,
puertas que dicen claramente: HAMBRE.

Entre la vida y la muerte media una puerta oscilante…
entre el dolor y la alegría una puerta entreabierta
(la hoja abierta es la del dolor y la hoja siempre cerrada es la de la felicidad),
entre el mundo del pensamiento y el mundo de la realidad
vacila una puerta giratoria,
entre el mundo de la razón y el mundo de los instintos
oscila una puerta tendida,
entre el día y la noche una puerta invisible,
entre Dios y los hombres una puerta infranqueable.

Los niños tienen una puerta pequeña
y los adultos una puerta grande,
las mujeres una puerta de flores blancas
y los ancianos una puerta de troncos cansados.

Hay quien tiene una puerta ornada y abierta a las estaciones.
De pie aguarda a la que se aproximará muy leve,
mirará en el interior, y en silencio
cerrará su puerta para siempre.





M F

La gramática española cuelga desde Europa
sobre mis Andes,
interceptando su sincretismo idiomático.
Sus grafías y fonemas, atacan con los caballos
y las espadas de Pizarro.
Mi lenguaje resiste, se refugia, lo persiguen,
lo desmembran.

En tantos siglos de guerra intercultural
todas las batallas hemos perdido.
Ellos tienen todos los elementos a su alcance:
su estado mayor en la real academia
y sus soldados intelectuales;
los nuestros, nada, un agrupamiento, pasivo
al modo tupacamaru segundo.

En mi choza ha caído la mano perdida del Manco de Lepanto
con vidrios, ácidos, alfileres
que contorsionan mi lengua
y sangran mi boca.




Ñ R

Las profesoras viajan a sus escuelas
y regresan en los autos de la tarde.
Lloran su tragedia:
¡tener que trabajar en el campo!


El viento aletea contra sus rostros de terciopelo
y el frío los quema, agrieta y encostra.
Lloran, una y otra vez, ante el espejo,
¡qué no harían por un traslado a la ciudad!

¡Educar indios, mirar indios, indios, indios, indios:
no comen ni duermen!

Tejen hermosas prendas. Las madejas dan color
a forma, edad y sexo.
La biografía ajena distrae sus días
y el martirio va mitigándose…

En la normal les dijeron
que cada profesor es un mundo distinto.
Les creyeron. Internadas en su universo,
cada una ciega, isladas y mudas
hoi no pueden relacionarse con un universo mayor.

Algunas son reasignadas a capital de departamento, provincia.
Furiosas y envidiosas, las que no lo fueron,
comentan la biografía de sus colegas:
“¡qué mérito pueden ostentar aquéllas, si entregaron el curriculum,
ante nosotras qué sólo lo hemos presentado?”

No lloran; ríen ante los espejos.
A los indios malvados, les han arrancado una cocinerita;
a las indias atrevidas, una muchachita;
a indios e indias muertos de hambre, unas amalas…
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miércoles, noviembre 05, 2008

Los sentimientos personificados en la poesía de Efraín Miranda





Walter Paz Quispe Santos


No hay en la literatura peruana, un poeta como Efraín Miranda que haya desarrollado una poética de la alteridad y el discenso, y unas tesituras de subversión y transgresión, de apelación y descentración con una intensidad nihilista. Sus cuatro poemarios publicados: “Muerte Cercana” (1954), “Choza” (1978), “Vida” (1980), y “Padre Sol” (1998) expresan un discurso poético de subjetivación del otro, ese otro dominante que es pretexto para la práctica de una literacidad poética crítica.

Las estructuras imaginarias de sus poemas expresan cierta actitud filosófica y dialógica contestataria donde las fracturas e isomorfismos culturales, hibridismo y desintegración son rasgos de sus tensiones básicas, y eso conduce a la mistificación de los valores, la inautenticidad y el sentido imitativo de las actitudes, la superficie de las ideas y la improvisación de los propósitos. La cultura y el hombre andino en sus textos son entidades a veces separadas de su realidad y de sus propias potencialidades de cumplimiento y plenitud. No viven afirmando y perfeccionando una cultura propia. En consecuencia decir que ser andino es un ser alienado equivale a decir que piensa, actúa y siente de acuerdo a patrones y valores que le son ajenos y que carece de sustancia histórica de la cual depende su prosperidad y plenitud como pueblo. Es ese el modelo de contexto donde Efraín Miranda se convierte en un subversivo de la palabra, en un reinvindicador de la identidad y la autoestima andina, en un imaginador que contrapone una racionalidad occidental cuyo esquema lógico es la relación medios fines frente a la otra racionalidad o más propiamente razonabilidad andina que no sólo prioriza una lógica científica, sino también valen los argumentos emocionales, afectivos, de autoridad, tradición y testimonio.

En la línea crítica abierta por Lukacs y Goldman se ha señalado que la poesía es la historia de un individuo problemático. Ese ser escindido en dos mundos, con una personalidad conflictiva agresivamente heteróclita en la que se cruzan varios y distintos tiempos, en su diversidad de opciones que se encabalgan en una textualidad plural. Esta heterogeneidad discursiva es una manifestación de la alteridad, otredad, diversidad, pluralidad, totalidad y contacto cultural en el imaginario de Efraín Miranda. El poeta que personifica la vastedad del “indio” es arrastrado, acosado o inundado por determinadas fuerzas psíquicas que emergen en el momento en que él entra en contradicción con el mundo dominante que lo rodea. Como bien lo señala Waldo Ross el poeta es problemático cuando su ego es sometido a una doble relación conflictiva: por un lado con su mundo y, por el otro, con el material psíquico que se integra dentro de la constelación de sus sentimientos. La intensidad de los sentimientos alcanza un grado de personificación. Y esa personificación de los sentimientos del indio es una vocación en los textos de Efraín Miranda. Se trata de sentimientos tutelares que permiten construir al andino imaginado, la alegoría del “indio” transmutado en andino.

“Muerte cercana”, “Choza”, “Vida” y “Padre Sol” como títulos o paratextos cumplen una marca de impacto, ya que cumplen una función fáctica de contacto con el lector, y no sólo ello; también permiten una interacción dialéctica y sobre todo una proyección de sus diversos sentidos posibles. Así se constituyen en indicadores catafóricos de un esquema temático cuyo foco es la vida. La vida comprendida como continuidad cultural y de afirmación del hombre andino frente a la muerte que simboliza la transculturación e intromisión occidental. Los modos de vivir andinos frente a los modos de matar a una cultura por parte de occidente. Para presentar esas dicotomías Efraín Miranda se vale de una operación retórica poco común en la poesía contemporánea: el contraste. Si uno revisa los poemas de “Choza”, “Vida” y “Padre Sol” encontrará como signos guía, el contraste de estas dos cosmovisiones que subyacen en el dialogo polifónico intertextual, con el correlato ideológico que eso implica. Es decir, la presentación positiva de los valores andinos frente a la presentación negativa de los valores occidentales. Esos mecanismos de proyección provocan la personificación de los sentimientos prototípicos.

Existen por lo tanto, dos arquetipos de sentimientos personificados en la poética de Miranda. La tensión entre el complejo de superioridad frente al complejo de inferioridad. El tema de la identidad, no es por lo tanto una cuestión de reconocerse como aimaras o quechuas, o como el poeta expresara en uno de sus poemas memorables: “¡No me grites de calle a plaza: cholo;/ grítame de selva a cordillera,/de mar a sierra,/de tahuantinsuyo a República: INDIO¡ ¡Lo soi¡ Sino básicamente un tema de la afirmación de la autoestima. El tono emocional con que Efraín Miranda argumenta y describe su postura, nos permite mirar que existe una extrapolación de una oralidad subordinada en una escritura concebida como literacidad crítica: “¡Que salgan esos de transfusión, sanguíneo-extranjero¡/Qué carajo: y todo el comercio de esta feria/también es de ultramar/ /Soi indio; bien indio; verdadero; legítimo; puro¡/ ¡Y que mierda¡

Los sentimientos personificados en Efraín Miranda parten de la presencia de una finitud. El poeta siente que algo le falta para cumplir con su destino (La vida andina con plenitud). Ante su conciencia aparece el sentimiento de reclamación que exige que el indio se afirme como tal. En ese proceso de exigencia el sentimiento comienza a personificarse, se va transformándose en una especie de complejo autónomo dotado de cierta personalidad: el orgullo andino. Las permanentes apelaciones al “Padre Sol”, “La Madre tierra” son como llamados de las divinidades. Así los sentimientos se proyectan sobre los acontecimientos que le rodean al “indio”. Este se va dando cuenta de que los mismos tienen sus rizomas en la divinidad. El cosmos se diviniza en los poemas de Miranda. Finalmente, si la energía psíquica es intensa se llega a dialogar con las divinidades, y entonces el poeta sufre una transmutación de su personalidad. Se convierte en hombre nuevo, como bien lo dice More en el prologo de “Choza”, la Epifanía del Indio. Este segundo nacimiento es la personalidad soñada, el ideal esperado o un cierto tipo de conciencia “onírica”, paralela a la personalidad inconsciente como C. G. Jung otorga a los complejos.

Metalepsis del autor, llama Gerard Genette al acto de transformar a los poetas en héroes de los hechos que celebran [o en] representarse como productores ellos mismos de los efectos que describen o cantan. Efraín Miranda es metaléptico cuando se presenta como productor él mismo de algo que, en el fondo, sólo cuenta o describe en sus poemas. Así es tierra, agua, fuego o aire en su práctica significante. La disimilación del lenguaje o la escritura poética otra de sus textos, nos muestra el imaginario cultural andino habitado por lo simbólico, porque el imaginario es el seno (materno) del símbolo (paterno).

En suma Efraín Miranda continúa con las poéticas de lo diverso, donde el otro, mantiene una relación de litigio con el yo lírico del poeta, y no es sólo un espectro creado por él, sino un doloroso desencuentro de la mismidad del Yo. La significación de la proximidad de y al otro, que al parecerse como rostro en la relación cara a cara, engendra una responsabilidad para con él y sus formas de dominación. Esta proximidad y esta responsabilidad son prioritarias en cualquier movimiento emocional o sentimental, sea de compasión o de agresividad. El odio con que muchas veces se somete a las culturas andinas ante el peso abrumador de la responsabilidad de aproximarse a ella, expresa, la huida de la misma responsabilidad cuya relación no tiene sus rizomas en la hostilidad, ni en la compasión, sino en la imposibilidad de la indiferencia. Por lo tanto, la ética de la construcción del otro en sus poéticas, está en la conciencia emocional del poeta.

Efraín Miranda pone una barricada contra el sentido común dominante del otro, para que retorne el significante de la escritura de los espacios interiores del Yo dominado. Producción y destrucción, implacables rigores metafóricos y metonímicos. ¿El Yo vivo y el otro muerto? ó ¿El otro vivo y Yo muerto? Sólo Efraín Miranda lo sabe.

Fuente: TOTORIA Nº 02 - Suplemento cultural del diario "Los Andes"
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