viernes, setiembre 01, 2006

Hipertexto y ausencias puneñas.




Walter Paz Quispe Santos.

Internet es el medio de comunicación esencial en la era de la información y por primera vez en la historia permite la comunicación instantánea de muchos a muchos. En nuestra ciudad en los pocos años de haberse extendido ha penetrado profundamente nuestra forma de trabajar, de informarnos, de relacionarnos, de aprender, de vivir; hasta de amar. Así podemos decir que los puneños ya estamos instalados en la “galaxia Internet”.

Uno de los géneros discursivos electrónicos que nos trae Internet es el Hipertexto. Las definiciones más comunes que existen suelen recurrir a la misma metáfora. Ya sea en el ámbito de la informática o en las actuales discusiones sobre la teoría literaria. Del Hipertexto se dice que es una red de nodos o bloques de texto relacionados entre sí mediante enlaces electrónicos. La bondad de esta red radica en la posibilidad ilimitada de multiplicar los itinerarios de lectura: cada enlace, o link, conecta textos de diversa procedencia y naturaleza, tanto así que incluso hay nodos que contienen video y audio en una cadena de referencias potencialmente infinita. Se trata en definitiva, de un tipo de entramado virtual cuyos contenidos aparecen de forma multilineal a medida que el lector o hiperlector selecciona los diferentes enlaces a su disposición.

La no existencia en los hipertextos de un inicio o de un final fijo, y el modo en que sus fronteras se pierden en una amalgama de textos que remiten unos a otros de forma interactiva, nos muestran un gran libro abierto que es en realidad muchos libros. Es decir, la idea de una escritura no secuencial, articulada de forma que permite recorridos transversales. En suma se trata de nuevas textualidades electrónicas y nuevas formas de literacidad y literariedad promovida.

El hipertexto plantea un nuevo lector que ahora deberíamos llamar hiperlector y su función ya no es la linealidad sino usando la metáfora, una aventura de la navegación por toda la imaginería relacionada con mapas, paisajes textuales, geografías, topografías, cartografías, de lo fragmentario y lo globalizado de las ciencias, las humanidades y todos los demás saberes.

En el ámbito de la cultura existen grandes presencias antes desconocidas en la era de la escritura al que Mc Luhan le llamó “Galaxia Gutemberg” a los que accedemos sin inconvenientes y también hay ausencias importantes como es el caso de Puno. Si uno se dedica a buscar información sobre los aspectos históricos, sociales, literarios, culturales, políticos del altiplano, no encontrará casi nada. Las pocas páginas web existentes son en su mayoría institucionales y con muchas limitaciones de concepción, diseño y contenido.

En Internet se encuentran bibliotecas muy completas de e-textos hasta modestas páginas personales de recursos literarios o portales especializados con muchísima información y enlaces, pero la Región Puno es la gran excluida. ¿A que se debe este olvido? ¿Existe al menos un observatorio tecnológico regional que controla la calidad y cantidad de información de temas puneños en la red? Es lamentable decirlo, no hay ninguno.
Si uno de los tantos cibernautas indaga en la red por ejemplo sobre autores como Gamaliel Churata, o José Antonio Encinas, quedará frustrado porque no encontrará ninguna página dedicada a estos ilustres puneños. Los motores de búsqueda muy conocidos y usados como google y otros, pueden arrojar pocas paginas si se trata del Lago Titicaca, las Danzas de Puno, las lenguas andinas, etc. Y si uno trata de buscar algunas páginas científicas del altiplano en buscadores especializados gratuitos como google.sholar o scirus la ausencia es completa. Y la pesquisa es más frustrante si uno indaga sobre Puno en buscadores muy famosos a nivel académico en Ciencias Sociales como el ISIS y el vacío es total.

Tal constatación nos produce preocupación por la indiferencia e ignorancia sobre estos temas de nuestras autoridades regionales, quienes parecen dirigir el desarrollo de la región mirando atrás, promoviendo actividades pero con proyección al pasado. En cambio observamos con sorpresa como otras ciudades promueven observatorios del desarrollo de Internet y convocan a sus especialistas para reescribir o digitalizar su patrimonio cultural escrito y difundirlos por este medio sobre todo en medios escolares. En Puno las autoridades piensan y razonan con modelos de la edad de piedra, son pedros y pablos picapiedra para quienes el futuro es el pasado.

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