sábado, setiembre 02, 2006

La sociedad de mujeres.


Walter Paz Quispe Santos.

De todas las revoluciones que vivió el siglo XX las más importantes son aquellas que cambiaron mentalidades nos dice Manuel Castells en sus conversaciones con Mayte Pascual “En que mundo vivimos” (Alianza editorial: 2006) y un cambio importante fue según sus palabras los movimientos sociales alternativos iniciados por las mujeres en contra del patriarcado. El feminismo, hoy mismo no sólo constituye un movimiento que puso en cuestión el patriarcado y la heterosexualidad como norma y fuente de dominación de la familia, sino que ha permitido que muchas mujeres ya no se sientan dominadas y existan relaciones mas horizontales y en ciertos sectores de la sociedad haya disminuido el machismo.

Alan Touraine en su último libro “Un nuevo paradigma, para comprender el mundo de hoy” (Paidos : 2005) nos habla de una “sociedad de las mujeres” donde el movimiento feminista y posfeminista impulsa una evolución a la definición mas allá de sus pertenencias sociales, culturales, o nacionales por la de su genero, en tanto que seres sexuados y, aún más importantes, como seres sometidos a una dominación que se ejerce sobre ellas en todo su ser, y en particular sobre su cuerpo. Así ha tenido lugar un vuelco de los conflictos: del conflicto social llevado en nombre del control de la economía se ha pasado a una luchas de las mujeres cuyo objetivo es el control de sí mismas y la defensa de unos derechos que incumben a todos los ámbitos de su conducta.

En estas mismas reflexiones, Victoria Sau, una vieja feminista profundamente original y radical en el “pensamiento transgresor” (Icaria: 2006) nos brinda las bases para comprender mejor las luchas de las mujeres en el siglo XXI. Para ella el patriarcado es una toma de poder histórica por parte de los hombres sobre las mujeres cuyo agente ocasional fue de orden biológico, si bien elevado a la categoría política y económica. Dicha toma de poder pasa forzosamente por el sometimiento de las mujeres a la maternidad, la represión de la sexualidad femenina, y la apropiación de la fuerza de trabajo total del grupo dominado, del cual su primer pero único producto son los hijos. El desmantelamiento del patriarcado pasa por conocerlo correctamente. Su estructura interna se basa en tres crímenes ocultos y un asesinato de seguridad: el matricidio, filicidio, fratricidio y el parricidio.

Sau denuncia que en el plano profesional las mujeres siguen siendo la ayuda del hombre tal y como se dice en el Génesis: división del trabajo por sexos, y división de cualidad y de valor de un mismo trabajo según el sexo. Además que la mujer sigue siendo considerada biología: naturalizada. Es quien reproduce al hombre y más mujeres para que reproduzcan a más hombres. Madre biológica exclusivamente por la fuerza de las cosas, al no ser ella misma un ser social de pleno derecho no puede proteger a sus hijos e hijas de la coyuntura del padre sino sólo ser correa de transmisión de otros hombres: padre, hermano, marido, amante, proxeneta. Su vida discurre en el interior de la familia.

Acerca de la maternidad nos dice que como institución no existe. Se llama maternidad familiarmente al hecho de que las mujeres asuman de forma particular y concreta el proceso biológico y del parto, así como los cuidados posteriores. A todo esto, ella nos explica de que no puede haber maternidad – sea cual sea el procedimiento por el que se llegue a ser madre- mientras: a) los hombres sigan distribuyéndose a las mujeres; b) los hombres controlen la reproducción humana (fecundidad, fertilidad, demografía); c) los hombres decidan sobre la investigación, distribución y legalización de los métodos de la natalidad, etc. Acerca de los nombres y apellidos, cuestiona que la limitación humana de la mortalidad haga que el hombre se vea obligado a tener descendencia, a que otro varón ocupe su lugar algún día en su nombre, de donde la trascendencia del apellido que en una cuenta atrás de generación en generación remite al primer padre que lo fundo. Las afirmaciones de Sau sobre la situación de la mujer, al respecto son terribles: “las mujeres no hacen linaje dice un antiguo refrán castellano. La mujer hace hijos para el linaje de otro pero ella misma carece de linaje. Y también hace hijas para que cuando ella muera otra mujer la sustituya en ese menester. El vestido de novia es el traje de la víctima propiciatoria que se entrega al linaje masculino”. Lamentablemente el nombre, en el sentido de apellido y por extensión del linaje, es la condición social y jurídica imprescindible para tener la categoría de ser humano y no ser un simple producto de la naturaleza como un animal o una planta nos dice.

Es interesante la posición feminista acerca de la iglesia: Los Dioses fagocitan a las diosas del mismo modo que el Padre fagocitó a la Madre. El concepto de divinidad es necesariamente masculino. La divinidad única es el logro del dominio del arquetipo masculino sobre el femenino. La jerarquía de rango superior es siempre masculina. Las mujeres, en las diversas Iglesias, siempre tienen posición subordinada. En la posición igualitaria las mujeres reclaman, por ejemplo una papisa en la santa sede del Vaticano.

Estas son algunas muestras del pensamiento feminista que es un movimiento social y político que tiene un proyecto de sociedad diferente de la patriarcal. Buscan por lo pronto la denuncia del sexismo puro, sus derechos legítimos y el cambio de las reglas de juego. Por lo pronto, han conseguido muchas conquistas, más mujeres en cargos políticos, llevar los apellidos en muchos países es decisión de una pareja y finalmente el hijo o hija decide cuál de ellos llevar, y se borra de a poco la imagen tradicional de la mujer. ¡Temblad misóginos un nuevo fantasma recorre el mundo¡

1 comentario:

Mujeres.Net dijo...

Así es. Buen post.
Saludos desde la Cd. de México.